Música de los Balcanes.
"Ensamble Balcanes"
Cultores de la Tradición en el epicentro de la tormenta.

María Belén Luaces nos acerca la cultura del este de Europa con una entrevista al fundador y director de la agrupación argentina Ensamble Balcanes, Pablo Mezzelani, que recrea la música pastoril de las naciones de la región balcánica con una profunda y comprometida investigación.

Por María Belén Luaces.

 
 

La globalización va tejiendo día a día un entramado cultural que en lo positivo nos hace encontrar con un nuevo planeta, que antes sólo aparecía dibujado en nuestros mapas. Este movimiento a veces caótico y confuso, si no es cuidadoso, puede dar rienda suelta a la generalización y el desvirtuamiento de las diversas culturas de este mundo. Aunque también puede dar lugar a una exhaustiva búsqueda de las diferencias que nos unen. En medio de toda esta ola de extremas dimensiones, la música es un puente. Creadora de lazos desde su nacimiento, comunicadora perfecta, lenguaje universal, es también el camino que eligió el Ensamble Balkanes, agrupación argentina que recrea la música pastoril de las naciones de la región balcánica, para desarrollar una investigación profunda y comprometida con la cultura de Europa del Este. En esta entrevista con su fundador y director, nos enteramos de los vericuetos de una historia que lo llevó en un viaje a Rumania a desentrañar el misterio y lo trajo de vuelta para trazar nuevos caminos en Argentina.

En guerra desde que el tiempo es tiempo, signados por un destino duro que los situó en la intersección más dramática en la historia de la humanidad, el lugar donde se entrelazan Oriente y Occidente, los Balcanes son el epicentro de conflictos étnicos a lo largo de casi toda su historia. Pero también son la cuna de culturas milenarias que pese a los muchos aciagos momentos que han tenido que sobrellevar han permanecido y sobrevivido a la debacle de la que ni sus economías ni su población han salido indemnes. En Buenos Aires, un interesantísimo grupo de música tradicional balcánica integrado por cinco argentinos y un colombiano, juntan a todos esos hermanos dispersos y quizás ya irreconciliables, en el único lenguaje que no acepta fronteras de ningún tipo, la música. Ensamble Balkanes es el resultado de la profunda pasión de un hombre que a los 22 años estaba viviendo en Bulgaria, tratando de acercarse a las raíces de una cultura.

 

 
 

Hoy Pablo Mezzelani tiene 32 años y a los 9 comenzó a estudiar música en el conservatorio Horacio Costas de Banfield. Antes ya tocaba la guitarra para la familia y a los cinco años cantaba y se acompañaba en zambas y temas del folclore argentino. Su historia como músico podría haber seguido varios caminos y quizás se hubiese podido afianzar cómodamente en el folclore de nuestro país, que tanto le gusta. Pero no, porque en el año '86 quiso la vida que se cruzara con la banda de sonido de la serie Cosmos -del incansable astrónomo viajero de otros mundos Carl Sagan- que contenía la música que había sido enviada en el transbordador Voyager, en la famosa misión no tripulada (que actualmente ya salió del sistema solar) que llevó consigo muestras de la vida en la Tierra. En ese transbordador viajaron discos con música de todas las épocas y de todos los puntos del planeta, desde los Beatles hasta la música folclórica de Bulgaria. "Había una canción de la montañas del centro-sur de Bulgaria, las montañas Rodope, que estaba cantada por una mujer y acompañada por una gaita que sonaba muy grave. Sencillamente me conmovió de tal manera esa canción, el sonido de la gaita, la voz de la mujer, los ornamentos de la melodía, que empecé a investigar todo lo que podía sobre esa música y sobre un país absolutamente desconocido para mí". El que habla es Mezzelani, que tal vez no se imaginaba cuanto le iba a cambiar la vida ese sencillo suceso. Y es que desde ese momento, con 19 años, empezó a ocupar largas horas de su tiempo yendo a la Embajada de Rumania a buscar material fonográfico, a estudiar sobre la música que lo había impresionado. Corría el año 1986.

"Ya cuando empecé la secundaria yo me fui interesando cada vez más por la música folclórica, en especial del noroeste argentino. Luego de otros continentes y por ese entonces también me empezaron a mostrar otras músicas Oscar y Emma, un matrimonio de al lado de casa, que me hacían oír música clásica, me llevaban a conciertos y llegó un momento en que me hicieron escuchar a los músicos de las escuelas nacionalistas: los rusos, los checos, las rapsodias húngaras y todas esas composiciones que tenían una raíz en la música popular de esos países, luego procesada por los compositores. Yo quise conocer como era la música original, la que ellos habían escuchado para inspirarse. Ya a los trece o catorce años empecé a juntar material, en esa época iba a la biblioteca y discoteca de la embajada de Francia que estaba cerca de Retiro donde tenían folclore de todo el mundo. Yo sacaba muchos discos por semana, los grababa y así me hice una colección muy grande, me dedicaba a eso prácticamente."

"En la embajada el cónsul se enganchó bastante conmigo y así fui haciendo mis estudios con lo que tenía a mano, hasta el punto de llegar a canjearle un instrumento musical búlgaro, el cabal que es una flauta oblicua, por un charango. Era de la peor madera que existe pero dentro de lo que tenía empecé a sacarle sonidos y a estudiar, hasta que un día de tantos que fui a llevar y traer discos, el cónsul me habló de una beca para estudiar una especialización en la Academia de Música Etnográfica de Plotes, Bulgaria. Obviamente lo pensé, un minuto y medio, y bastó para decidirme".

Pero las cosas se complicaron ya que la institución que otorgaba la beca sólo disponía ésta para descendientes de búlgaros de cualquier parte del mundo y Pablo no lo es, por lo que la beca era casi imposible de conseguir. "Después de tres años de incertidumbre se dio y llegué a Bulgaria un 30 de diciembre de 1989, con 22 años. Me fui de Ezeiza con 36 grados y llegué a Europa con 22 bajo cero. Y a los tres días la temperatura bajó a menos 25, un récord para el país. Fue un choque muy fuerte, recuerdo la oscuridad que había, todo era diferente. La primer etapa fue un curso de idioma de seis meses de lunes a viernes, pero yo en tres meses ya me expresaba fluidamente y entendía todo. Luego hice trabajos de campo, ir a los pueblos, tocar con los cantores, gente vinculada al ámbito rural, dentro de la instrucción de la academia que duró dos años y después viví en Italia un tiempo".

El aprendizaje de una nueva cultura sin dudas no debe haber sido fácil y de esto hablámos con Mezzelani. "Cuendo llegué me di cuenta de que no iba a ser tan fácil aprender música búlgara. Porque si bien yo sabía varias melodías, llevaba el ritmo y usaba algunos ornamentos con la flauta cabal, ellos me dijeron de entrada que estaba todo bien pero que yo tocaba como argentino y que iban a intentar que yo tocara como búlgaro. Eso creo que fue lo más costoso, el punto más difícil de lograr. A mí se me dio de una forma no muy clara, recuerdo el día preciso en que empecé a tocar la gaita como búlgaro y estaba en Italia viviendo en mi casa en el campo y un día tocando, de repente, fue como si se corriera un botoncito de código, una perillita que cambio el código en un segundo. No tengo una definición clara del asunto, uno lo va encontrando de a poco pero hay un momento en que hay un crac. A mi me costo mucho asimilar todo pero cuando salió fue como un clic. La música búlgara la sufrí bastante, me costó muchísimo."

 

 
 

Sin dudas el arte de los Balcanes es mundialmente menos conocido que el africano, por dar un ejemplo, pero como al final del milenio las culturas han dejado de ser solo locales y cualquier persona del mundo puede acceder a ellas, también la música balcánica ha vivido su expansión. Y así como en los últimos meses toda la tradición musical cubana llegó a nuestros oídos gracias a la magia del cine de la mano Win Wenders, podemos decir que algo similar hicieron películas como "Temps des Gitanes" (Tiempo de gitanos), "Underground" y la más reciente "Gato Negro Gato Blanco" de Emir Kusturica, como también "El Extranjero loco" de Tony Gatlif (ver números anteriores). ¿Y de qué estamos hablando cuando decimos Balcanes?. De la más oriental de las tres penínsulas meridionales de Europa, surcada por el Danubio, cuyas aguas traen resabios de la Europa Occidental al entrar a la península por Hungría y luego atraviesan el noroeste de Yugoslavia, sirven de límite entre Bulgaria y Rumania y recorrer su último tramo por este país formando finalmente límite con Rusia y con las tierras que de allí en más son indefectiblemente orientales. Hablamos de un lugar que en la antigüedad estuvo habitada por los ilirios, tracios y griegos; que perteneció a Roma a partir del siglo II a.C. y que desde el 398 d.C. formó parte del Imperio de Oriente. Un lugar que dio a luz a uno de los personajes más influyentes del mundo, Alejandro Magno. Una región poblada de dioses, mitos y leyendas. Se trata de lo que quizás es el conglomerado de naciones más conflictivas del planeta, donde intentan coexistir diversas religiones y etnias desde hace muchos siglos, un lugar donde la urdimbre de la historia ha dado origen a una tradición musical ferozmente hermosa. Alguna vez leí una entrevista a Goran Gregovic, el compositor yugoeslavo de las películas de Kusturica quien decía: "Mi país es como un gran Frankestein, compuesto por muchos elementos distintos que nunca han acabado de encajar bien. Y en la música de la antigua Yugoslavia ocurre lo mismo, está hecha a trozos..., siempre he estado rodeado de tradiciones muy ricas y antiguas, griegos, italianos, búlgaros, rumanos, y yo nací en un sitio que quedaba justo en mitad de todo eso, Sarajevo es el centro donde confluyen todas esas culturas...música de boda, de entierro...". El caso particular de esta región ejemplifica tal vez la realidad de casi todos los países vecinos. Y es que en esta parte del planeta, una de las más fértiles musicalmente, durante mucho tiempo la gente se desplazó de un lugar a otro sin demasiados problemas, era el centro de paso entre dos mundos, grave privilegio para cualquiera, ser el nudo gordiano entre Oriente y Occidente. En un lugar donde el mito y la historia se funden en formas casi indistintas, un breve párrafo del libro "Los mitos griegos" de Robert Graves, tal vez tenga mucho más significado que en cualquier otra circunstancia. "Alejandro Magno cortó de forma brutal el nudo, cuando dirigía su ejército por Gordion para la invasión de Asia, y acabó con una antigua bendición al situar el poder de la espada por encima del de los misterios religiosos."

La diversidad musical, ligada intrínsecamente a la religiosidad de su pueblo, es enorme, tanto como su variada geografía. Durante los años oscuros que impuso el régimen comunista, se inmovilizó una cultura que sin embargo es más fuerte que cualquier guerra. Del Este todavía siguen llegando las más interesantes sorpresas musicales de la mano de grupos como la orquesta familiar Taraf de Haidouks, de Rumania, o la Taraf de Cansebes (presente en el último disco de Carlos Núñez - ver número). De Hungría podemos citar a los Muzsikás, de Macedonia a la Kocani Orkestar, y de Bulgaria el conocido coro de voces femeninas Angelitte, entre muchísimos otros. Y es que de Albania a Turquía y de Grecia a Bulgaria, la multitud de etnias que coinciden en la Península Balcánica son muchísimas: albaneses, griegos, servios, croatas, eslovenos, búlgaros, rumanos y turcos, que a su vez profesan diferentes religiones: católica, ortodoxa, protestante y musulmana.

Con Pablo Mezzelani hablamos de las características más sobresalientes de la música en cuestión. "hay un común denominador entre estos pueblos, si bien hay diferencias lingüísticas, religiosas y también musicales, un común étnico y cultural muy fuerte, parte de su historia y de su origen en algunos casos. Entonces se puede hablar de música balcánica pero hay que explicar que cada lugar tiene su particularidad, no solamente cada país sino que hay distintas regiones que son muy diferentes entre sí musicalmente dentro de un mismo país. Las características sobresalientes son muchas, por ejemplo las formas melódicas, las formas modales y los particulares ornamentos que son muy específicos y diferentes en cada región. Hay una riqueza organológica muy grande, los instrumentos musicales son muy antiguos y se conservan vivos, muy arraigados a su gente. Y las rítmicas son muy especiales también, es una zona muy rica en ritmos, desde el 2x4 con sus variantes en acentuación y síncopa hasta las combinaciones de ritmos irregulares más complejas como 7x16, 11, 15, combinaciones de 5 con 9 que son inclusive asimétricas en cuanto a número de compases en una misma canción. Todo esto parece algo muy complejo y hasta caprichoso, pero cuando se canta o se toca uno no piensa en todo eso, y hay que saber que esta música no fue compuesta sobre un papel por músicos de formación académica sino por pastores mientras cuidaban sus cabras en el medio del monte. Otra característica interesante dentro de la música del norte de Grecia en la zona de Piro, una zona musicalmente cercana a la del sur de Albania, donde existe la polifonía vocal e instrumental natural, sin arreglos musicales previos. Los pastores cantan sin arreglos hasta en polifonía de cinco voces perfectas, polifonía natural, es genial."

 

 
 

Acerca de la forma de estudio en Rumania, Mezzelani resalta el valor que se le da oficialmente tanto a la formación académica como a la de los tocadores naturales.

Hay dos formas de estudiar, una es el sistema occidental de estudio de la música y la otra es con un tocador natural, por ejemplo mi profesor de cabal que cuidaba ovejas cerca del instituto y allí íbamos nosotros a estudiar luego de las clases en la Academia de Arte Popular y Danzas. Nos mandaban por ejemplo a aprender con él una melodía determinada que después trabajábamos a nivel académico, la misma forma de toque y de ornamentos. El pastor era tocador de cabal igual que su padre y su abuelo, había aprendido naturalmente y lo enseñaba como se lo enseñaron a él, y a nosotros nos enriquecía mucho esa forma de hacer sumada luego al profesor que sistematizaba según los códigos de la música académica todo eso. Yo estudié cabal, gaita de tracia, tambura que es él laúd búlgaro y canto, y teoría de la música tradicional búlgara. También estudié gaita de los montes Rodopes, la de la primer canción que escuché, pero para el aprendizaje de ese instrumento específico que no está sistematizado, la academia me envió a vivir al campo para estudiar allí."

Después de una experiencia tan significativa y enriquecedora Mezzelani volvió a Argentina, en enero de 1993. Y traía consigo una idea clara, formar un grupo con músicos argentinos par difundir en el país la música búlgara y balcánica. "Cuando llegué me di cuenta de que no iba a ser tan fácil el asunto. Son códigos musicales muy diferentes los que yo pretendía ahora hacer entender a los músicos de acá. El primer Ensamble Balkanes debutó recién en septiembre del '94 y hasta la actualidad han pasado muchísimos músicos por este grupo."

Hoy este ensamble esta formado por 6 músicos exquisitos que logran ser precisos y contundentes arriba del escenario. Ellos son músicos profesionales que antes de Balkanes no habían tenido contacto con este tipo de música y su profesor fue Mezzelani. 

Actualmente tocan en el ensamble dos violinistas, Mauricio Ceballos de Colombia y Omar Montes; la cantante femenina es Angélica Drago quien también toca percusión; Marcos Martín toca el bajo y el tambura, y hace oficio también de las percusiones y es parte de las polifonía de voces; finalmente Gabriel Matera es el percusionista de la banda, quien también toca el laúd.

"Balkanes no se creó para nostálgicos de las colectividades balcánicas en Buenos Aires, si bien esa gente puede vernos y emocionarse, pero nuestro objetivo real es hacer conocer a los argentinos amantes de la música este folclore tan rico y desconocido. Y para ello se lo presentamos puro. Nosotros no inventamos nada, lo que corren por mi cuenta son sólo algunos arreglos y la elección del repertorio que tampoco se pone a discusión en el grupo. Nosotros no hacemos fusión y si bien mis arreglos son de acuerdo a los instrumentos que tenemos y a mi gusto personal siempre están enmarcados dentro de lo que yo aprendí, ya que hay toda una música arreglada y trabajada dentro de la tradición que se viene procesando hace unas cuántas décadas, tratamos que todo sea formalmente puro. Yo no quiero innovar y no porque este mejor o peor, sino porque no lo siento así simplemente. Balkanes es un grupo musicalmente abocado a la tradición y hacemos música campesina, la recreamos con la idea de captar el espíritu que generó esa musicalidad en los montes, interpretar y dejar que la emoción fluya, no otra cosa."

 

 
 

Pablo después de 7 años volvió a Bulgaria y a Rumania por tres meses. De allí trajo varias gaitas para vender a quienes hoy son sus alumnos y que se interesaron por un instrumento tan lejano después de escuchar Balkanes. "Con este grupo he tenido la ocurrencia de hacer en una misma banda y con la misma gente, música de todos los países balcánicos, muchos que se están tirando tiros entre sí, pero la música es de todos por igual, eso ya es bastante ocurrente no se si creativo. Creo que somos el único grupo en el mundo, por lo menos documentado, que se ha atrevido a esto. Hay un grupo en Indiana (USA) pero no hace un trabajo etnográfico. Nosotros además cantamos en casi todos los idiomas balcánicos. Cantamos en búlgaro que es una lengua con vocabulario eslavo pero que tiene un origen en el Tiuv, en las lenguas tártaras, porque el protobúlgaro era un pueblo tartárico y de hecho quedó como herencia la estructura del idioma aunque el vocabulario es de la familia oriental de los eslavos, Rusia, Croacia, Servia, Eslovaquia, y sus variantes dialectales. También cantamos en servio-croata, en macedónico, en albanés, en rumano y en griego. Nos faltan otras lenguas que se hablan por minorías étnicas como por ejemplo el rom, que es la lengua de los gitanos y el turco."

El repertorio actual del Ensamble esta compuesto por música tradicional de Albania, Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Grecia, Macedonia, Rumania y Yugoslavia. Los instrumentos que utilizan son: flautas pastoriles oblicuas (Kaval y Floguera), la gaita de Tracia (Shurá gaida), la flauta doble (Dvoianka), la flauta de Pan (Nai), el laúd (Tamburá o Tamburitza), el tambor de copa (Tarambuka o Tumberleki), el gran tambor (Tupan o Ndaúli), la pandereta (Dairé o Defi), la guitarra, el bajo eléctrico, el violín y el clarinete.

El espectáculo del Ensamble Balkanes es llevado adelante con precisión y virtuosismo de parte de todos sus integrantes. Vale la pena verlos, ver a un grupo de músicos que hacen música con magia y sentimiento e intentan, logrando el objetivo, llevar el mensaje de muchos pueblos que musicalmente tienen algo importantísimo que contar.

Por María Belén Luaces.
 

 

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