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La
globalización va tejiendo día a día un entramado cultural que en lo positivo
nos hace encontrar con un nuevo planeta, que antes sólo aparecía dibujado
en nuestros mapas. Este movimiento a veces caótico y confuso, si no es
cuidadoso, puede dar rienda suelta a la generalización y el desvirtuamiento
de las diversas culturas de este mundo. Aunque también puede dar lugar
a una exhaustiva búsqueda de las diferencias que nos unen. En medio de
toda esta ola de extremas dimensiones, la música es un puente. Creadora
de lazos desde su nacimiento, comunicadora perfecta, lenguaje universal,
es también el camino que eligió el Ensamble Balkanes, agrupación argentina
que recrea la música pastoril de las naciones de la región balcánica,
para desarrollar una investigación profunda y comprometida con la cultura
de Europa del Este. En esta entrevista con su fundador y director, nos
enteramos de los vericuetos de una historia que lo llevó en un viaje a
Rumania a desentrañar el misterio y lo trajo de vuelta para trazar nuevos
caminos en Argentina.
En guerra desde que el tiempo
es tiempo, signados por un destino duro que los situó en la intersección
más dramática en la historia de la humanidad, el lugar donde se entrelazan
Oriente y Occidente, los Balcanes son el epicentro de conflictos étnicos
a lo largo de casi toda su historia. Pero también son la cuna de culturas
milenarias que pese a los muchos aciagos momentos que han tenido que sobrellevar
han permanecido y sobrevivido a la debacle de la que ni sus economías
ni su población han salido indemnes. En Buenos Aires, un interesantísimo
grupo de música tradicional balcánica integrado por cinco argentinos y
un colombiano, juntan a todos esos hermanos dispersos y quizás ya irreconciliables,
en el único lenguaje que no acepta fronteras de ningún tipo, la música.
Ensamble Balkanes es el resultado de la profunda pasión de un hombre que
a los 22 años estaba viviendo en Bulgaria, tratando de acercarse a las
raíces de una cultura.
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Hoy Pablo Mezzelani tiene
32 años y a los 9 comenzó a estudiar música en el conservatorio Horacio
Costas de Banfield. Antes ya tocaba la guitarra para la familia y a los
cinco años cantaba y se acompañaba en zambas y temas del folclore argentino.
Su historia como músico podría haber seguido varios caminos y quizás se
hubiese podido afianzar cómodamente en el folclore de nuestro país, que
tanto le gusta. Pero no, porque en el año '86 quiso la vida que se cruzara
con la banda de sonido de la serie Cosmos -del incansable astrónomo viajero
de otros mundos Carl Sagan- que contenía la música que había sido enviada
en el transbordador Voyager, en la famosa misión no tripulada (que actualmente
ya salió del sistema solar) que llevó consigo muestras de la vida en la
Tierra. En ese transbordador viajaron discos con música de todas las épocas
y de todos los puntos del planeta, desde los Beatles hasta la música folclórica
de Bulgaria. "Había una canción de la montañas del centro-sur de Bulgaria,
las montañas Rodope, que estaba cantada por una mujer y acompañada por
una gaita que sonaba muy grave. Sencillamente me conmovió de tal manera
esa canción, el sonido de la gaita, la voz de la mujer, los ornamentos
de la melodía, que empecé a investigar todo lo que podía sobre esa música
y sobre un país absolutamente desconocido para mí". El que habla es Mezzelani,
que tal vez no se imaginaba cuanto le iba a cambiar la vida ese sencillo
suceso. Y es que desde ese momento, con 19 años, empezó a ocupar largas
horas de su tiempo yendo a la Embajada de Rumania a buscar material fonográfico,
a estudiar sobre la música que lo había impresionado. Corría el año 1986.
"Ya cuando empecé la secundaria
yo me fui interesando cada vez más por la música folclórica, en especial
del noroeste argentino. Luego de otros continentes y por ese entonces
también me empezaron a mostrar otras músicas Oscar y Emma, un matrimonio
de al lado de casa, que me hacían oír música clásica, me llevaban a conciertos
y llegó un momento en que me hicieron escuchar a los músicos de las escuelas
nacionalistas: los rusos, los checos, las rapsodias húngaras y todas esas
composiciones que tenían una raíz en la música popular de esos países,
luego procesada por los compositores. Yo quise conocer como era la música
original, la que ellos habían escuchado para inspirarse. Ya a los trece
o catorce años empecé a juntar material, en esa época iba a la biblioteca
y discoteca de la embajada de Francia que estaba cerca de Retiro donde
tenían folclore de todo el mundo. Yo sacaba muchos discos por semana,
los grababa y así me hice una colección muy grande, me dedicaba a eso
prácticamente."
"En la embajada el cónsul
se enganchó bastante conmigo y así fui haciendo mis estudios con lo que
tenía a mano, hasta el punto de llegar a canjearle un instrumento musical
búlgaro, el cabal que es una flauta oblicua, por un charango. Era de la
peor madera que existe pero dentro de lo que tenía empecé a sacarle sonidos
y a estudiar, hasta que un día de tantos que fui a llevar y traer discos,
el cónsul me habló de una beca para estudiar una especialización en la
Academia de Música Etnográfica de Plotes, Bulgaria. Obviamente lo pensé,
un minuto y medio, y bastó para decidirme".
Pero las cosas se complicaron
ya que la institución que otorgaba la beca sólo disponía ésta para descendientes
de búlgaros de cualquier parte del mundo y Pablo no lo es, por lo que
la beca era casi imposible de conseguir. "Después de tres años de incertidumbre
se dio y llegué a Bulgaria un 30 de diciembre de 1989, con 22 años. Me
fui de Ezeiza con 36 grados y llegué a Europa con 22 bajo cero. Y a los
tres días la temperatura bajó a menos 25, un récord para el país. Fue
un choque muy fuerte, recuerdo la oscuridad que había, todo era diferente.
La primer etapa fue un curso de idioma de seis meses de lunes a viernes,
pero yo en tres meses ya me expresaba fluidamente y entendía todo. Luego
hice trabajos de campo, ir a los pueblos, tocar con los cantores, gente
vinculada al ámbito rural, dentro de la instrucción de la academia que
duró dos años y después viví en Italia un tiempo".
El aprendizaje de una nueva
cultura sin dudas no debe haber sido fácil y de esto hablámos con Mezzelani.
"Cuendo llegué me di cuenta de que no iba a ser tan fácil aprender
música búlgara. Porque si bien yo sabía varias melodías, llevaba el ritmo
y usaba algunos ornamentos con la flauta cabal, ellos me dijeron de entrada
que estaba todo bien pero que yo tocaba como argentino y que iban a intentar
que yo tocara como búlgaro. Eso creo que fue lo más costoso, el punto
más difícil de lograr. A mí se me dio de una forma no muy clara, recuerdo
el día preciso en que empecé a tocar la gaita como búlgaro y estaba en
Italia viviendo en mi casa en el campo y un día tocando, de repente, fue
como si se corriera un botoncito de código, una perillita que cambio el
código en un segundo. No tengo una definición clara del asunto, uno lo
va encontrando de a poco pero hay un momento en que hay un crac. A mi
me costo mucho asimilar todo pero cuando salió fue como un clic. La música
búlgara la sufrí bastante, me costó muchísimo."
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Sin dudas el arte de los
Balcanes es mundialmente menos conocido que el africano, por dar un ejemplo,
pero como al final del milenio las culturas han dejado de ser solo locales
y cualquier persona del mundo puede acceder a ellas, también la música
balcánica ha vivido su expansión. Y así como en los últimos meses toda
la tradición musical cubana llegó a nuestros oídos gracias a la magia
del cine de la mano Win Wenders, podemos decir que algo similar hicieron
películas como "Temps des Gitanes" (Tiempo de gitanos), "Underground"
y la más reciente "Gato Negro Gato Blanco" de Emir Kusturica, como también
"El Extranjero loco" de Tony Gatlif (ver números anteriores). ¿Y de qué
estamos hablando cuando decimos Balcanes?. De la más oriental de las tres
penínsulas meridionales de Europa, surcada por el Danubio, cuyas aguas
traen resabios de la Europa Occidental al entrar a la península por Hungría
y luego atraviesan el noroeste de Yugoslavia, sirven de límite entre Bulgaria
y Rumania y recorrer su último tramo por este país formando finalmente
límite con Rusia y con las tierras que de allí en más son indefectiblemente
orientales. Hablamos de un lugar que en la antigüedad estuvo habitada
por los ilirios, tracios y griegos; que perteneció a Roma a partir del
siglo II a.C. y que desde el 398 d.C. formó parte del Imperio de Oriente.
Un lugar que dio a luz a uno de los personajes más influyentes del mundo,
Alejandro Magno. Una región poblada de dioses, mitos y leyendas. Se trata
de lo que quizás es el conglomerado de naciones más conflictivas del planeta,
donde intentan coexistir diversas religiones y etnias desde hace muchos
siglos, un lugar donde la urdimbre de la historia ha dado origen a una
tradición musical ferozmente hermosa. Alguna vez leí una entrevista a
Goran Gregovic, el compositor yugoeslavo de las películas de Kusturica
quien decía: "Mi país es como un gran Frankestein, compuesto por muchos
elementos distintos que nunca han acabado de encajar bien. Y en la música
de la antigua Yugoslavia ocurre lo mismo, está hecha a trozos..., siempre
he estado rodeado de tradiciones muy ricas y antiguas, griegos, italianos,
búlgaros, rumanos, y yo nací en un sitio que quedaba justo en mitad de
todo eso, Sarajevo es el centro donde confluyen todas esas culturas...música
de boda, de entierro...". El caso particular de esta región ejemplifica
tal vez la realidad de casi todos los países vecinos. Y es que en esta
parte del planeta, una de las más fértiles musicalmente, durante mucho
tiempo la gente se desplazó de un lugar a otro sin demasiados problemas,
era el centro de paso entre dos mundos, grave privilegio para cualquiera,
ser el nudo gordiano entre Oriente y Occidente. En un lugar donde el mito
y la historia se funden en formas casi indistintas, un breve párrafo del
libro "Los mitos griegos" de Robert Graves, tal vez tenga mucho más significado
que en cualquier otra circunstancia. "Alejandro Magno cortó de forma brutal
el nudo, cuando dirigía su ejército por Gordion para la invasión de Asia,
y acabó con una antigua bendición al situar el poder de la espada por
encima del de los misterios religiosos."
La diversidad musical, ligada
intrínsecamente a la religiosidad de su pueblo, es enorme, tanto como
su variada geografía. Durante los años oscuros que impuso el régimen comunista,
se inmovilizó una cultura que sin embargo es más fuerte que cualquier
guerra. Del Este todavía siguen llegando las más interesantes sorpresas
musicales de la mano de grupos como la orquesta familiar Taraf de Haidouks,
de Rumania, o la Taraf de Cansebes (presente en el último disco de Carlos
Núñez - ver número). De Hungría podemos citar a los Muzsikás, de Macedonia
a la Kocani Orkestar, y de Bulgaria el conocido coro de voces femeninas
Angelitte, entre muchísimos otros. Y es que de Albania a Turquía y de
Grecia a Bulgaria, la multitud de etnias que coinciden en la Península
Balcánica son muchísimas: albaneses, griegos, servios, croatas, eslovenos,
búlgaros, rumanos y turcos, que a su vez profesan diferentes religiones:
católica, ortodoxa, protestante y musulmana.
Con Pablo Mezzelani hablamos
de las características más sobresalientes de la música en cuestión. "hay
un común denominador entre estos pueblos, si bien hay diferencias lingüísticas,
religiosas y también musicales, un común étnico y cultural muy fuerte,
parte de su historia y de su origen en algunos casos. Entonces se puede
hablar de música balcánica pero hay que explicar que cada lugar tiene
su particularidad, no solamente cada país sino que hay distintas regiones
que son muy diferentes entre sí musicalmente dentro de un mismo país.
Las características sobresalientes son muchas, por ejemplo las formas
melódicas, las formas modales y los particulares ornamentos que son muy
específicos y diferentes en cada región. Hay una riqueza organológica
muy grande, los instrumentos musicales son muy antiguos y se conservan
vivos, muy arraigados a su gente. Y las rítmicas son muy especiales también,
es una zona muy rica en ritmos, desde el 2x4 con sus variantes en acentuación
y síncopa hasta las combinaciones de ritmos irregulares más complejas
como 7x16, 11, 15, combinaciones de 5 con 9 que son inclusive asimétricas
en cuanto a número de compases en una misma canción. Todo esto parece
algo muy complejo y hasta caprichoso, pero cuando se canta o se toca uno
no piensa en todo eso, y hay que saber que esta música no fue compuesta
sobre un papel por músicos de formación académica sino por pastores mientras
cuidaban sus cabras en el medio del monte. Otra característica interesante
dentro de la música del norte de Grecia en la zona de Piro, una zona musicalmente
cercana a la del sur de Albania, donde existe la polifonía vocal e instrumental
natural, sin arreglos musicales previos. Los pastores cantan sin arreglos
hasta en polifonía de cinco voces perfectas, polifonía natural, es genial."
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Acerca de la forma de estudio
en Rumania, Mezzelani resalta el valor que se le da oficialmente tanto
a la formación académica como a la de los tocadores naturales.
Hay dos formas de estudiar,
una es el sistema occidental de estudio de la música y la otra es con
un tocador natural, por ejemplo mi profesor de cabal que cuidaba ovejas
cerca del instituto y allí íbamos nosotros a estudiar luego de las clases
en la Academia de Arte Popular y Danzas. Nos mandaban por ejemplo a aprender
con él una melodía determinada que después trabajábamos a nivel académico,
la misma forma de toque y de ornamentos. El pastor era tocador de cabal
igual que su padre y su abuelo, había aprendido naturalmente y lo enseñaba
como se lo enseñaron a él, y a nosotros nos enriquecía mucho esa forma
de hacer sumada luego al profesor que sistematizaba según los códigos
de la música académica todo eso. Yo estudié cabal, gaita de tracia, tambura
que es él laúd búlgaro y canto, y teoría de la música tradicional búlgara.
También estudié gaita de los montes Rodopes, la de la primer canción que
escuché, pero para el aprendizaje de ese instrumento específico que no
está sistematizado, la academia me envió a vivir al campo para estudiar
allí."
Después de una experiencia
tan significativa y enriquecedora Mezzelani volvió a Argentina, en enero
de 1993. Y traía consigo una idea clara, formar un grupo con músicos argentinos
par difundir en el país la música búlgara y balcánica. "Cuando llegué
me di cuenta de que no iba a ser tan fácil el asunto. Son códigos musicales
muy diferentes los que yo pretendía ahora hacer entender a los músicos
de acá. El primer Ensamble Balkanes debutó recién en septiembre del '94
y hasta la actualidad han pasado muchísimos músicos por este grupo."
Hoy este ensamble esta formado
por 6 músicos exquisitos que logran ser precisos y contundentes arriba
del escenario. Ellos son músicos profesionales que antes de Balkanes no
habían tenido contacto con este tipo de música y su profesor fue Mezzelani.
Actualmente tocan en el ensamble
dos violinistas, Mauricio Ceballos de Colombia y Omar Montes; la cantante
femenina es Angélica Drago quien también toca percusión; Marcos Martín
toca el bajo y el tambura, y hace oficio también de las percusiones y
es parte de las polifonía de voces; finalmente Gabriel Matera es el percusionista
de la banda, quien también toca el laúd.
"Balkanes no se creó
para nostálgicos de las colectividades balcánicas en Buenos Aires, si
bien esa gente puede vernos y emocionarse, pero nuestro objetivo real
es hacer conocer a los argentinos amantes de la música este folclore tan
rico y desconocido. Y para ello se lo presentamos puro. Nosotros no inventamos
nada, lo que corren por mi cuenta son sólo algunos arreglos y la elección
del repertorio que tampoco se pone a discusión en el grupo. Nosotros no
hacemos fusión y si bien mis arreglos son de acuerdo a los instrumentos
que tenemos y a mi gusto personal siempre están enmarcados dentro de lo
que yo aprendí, ya que hay toda una música arreglada y trabajada dentro
de la tradición que se viene procesando hace unas cuántas décadas, tratamos
que todo sea formalmente puro. Yo no quiero innovar y no porque este mejor
o peor, sino porque no lo siento así simplemente. Balkanes es un grupo
musicalmente abocado a la tradición y hacemos música campesina, la recreamos
con la idea de captar el espíritu que generó esa musicalidad en los montes,
interpretar y dejar que la emoción fluya, no otra cosa."
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Pablo después de 7 años volvió
a Bulgaria y a Rumania por tres meses. De allí trajo varias gaitas para
vender a quienes hoy son sus alumnos y que se interesaron por un instrumento
tan lejano después de escuchar Balkanes. "Con este grupo he tenido la
ocurrencia de hacer en una misma banda y con la misma gente, música de
todos los países balcánicos, muchos que se están tirando tiros entre sí,
pero la música es de todos por igual, eso ya es bastante ocurrente no
se si creativo. Creo que somos el único grupo en el mundo, por lo menos
documentado, que se ha atrevido a esto. Hay un grupo en Indiana (USA)
pero no hace un trabajo etnográfico. Nosotros además cantamos en casi
todos los idiomas balcánicos. Cantamos en búlgaro que es una lengua con
vocabulario eslavo pero que tiene un origen en el Tiuv, en las lenguas
tártaras, porque el protobúlgaro era un pueblo tartárico y de hecho quedó
como herencia la estructura del idioma aunque el vocabulario es de la
familia oriental de los eslavos, Rusia, Croacia, Servia, Eslovaquia, y
sus variantes dialectales. También cantamos en servio-croata, en macedónico,
en albanés, en rumano y en griego. Nos faltan otras lenguas que se hablan
por minorías étnicas como por ejemplo el rom, que es la lengua de los
gitanos y el turco."
El repertorio actual del
Ensamble esta compuesto por música tradicional de Albania, Bosnia-Herzegovina,
Bulgaria, Croacia, Grecia, Macedonia, Rumania y Yugoslavia. Los instrumentos
que utilizan son: flautas pastoriles oblicuas (Kaval y Floguera), la gaita
de Tracia (Shurá gaida), la flauta doble (Dvoianka), la flauta de Pan
(Nai), el laúd (Tamburá o Tamburitza), el tambor de copa (Tarambuka o
Tumberleki), el gran tambor (Tupan o Ndaúli), la pandereta (Dairé o Defi),
la guitarra, el bajo eléctrico, el violín y el clarinete.
El espectáculo del Ensamble
Balkanes es llevado adelante con precisión y virtuosismo de parte de todos
sus integrantes. Vale la pena verlos, ver a un grupo de músicos que hacen
música con magia y sentimiento e intentan, logrando el objetivo, llevar
el mensaje de muchos pueblos que musicalmente tienen algo importantísimo
que contar.
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Por María
Belén Luaces.
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