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Festival de música celta. En un festival organizado por la Asociación Civil Gaiteros de Argentina (GAITAR), con la conducción de Manuel Castro, creador del los Festivales Keltoi 1 y 2 (en 1996), y Keltes 3 (1997), la denominada música celta en la Argentina pasó de los teatros al estadio. El sábado 30 de octubre de 2004, el micro estadio Héctor Etchart del Club Ferro Carril Oeste, ubicado en el barrio de Caballito -pleno corazón de Buenos Aires-, fue el escenario de la calidez musical que proviene de las distintas culturas del arco atlántico europeo, con la particular interpretación que se realiza en estas tierras, y vibró alegremente con el sonido de las gaitas en un festival novedoso y colorido.
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En los últimos años muchos han sido los ciclos y festivales que se efectuaron en Buenos Aires dedicados a la denominada música celta, esa expresión musical que proviene de distintos pueblos de Europa y que en la Argentina es cultivada tanto por los numerosos inmigrantes, y sus descendientes, como por aquellas personas –de cualquier origen- que encuentran en esta manifestación artística la posibilidad de disfrutar una música que los conmueve y les permite expresar sus sentimientos con la misma genuina emoción. Pero, entre tantos festivales y recitales, queremos destacar que el pasado 30 de octubre de 2004 se realizó en el micro estadio Héctor Etchart del Club Ferro Carril Oeste un festival organizado por la Asociación Civil Gaiteros de Argentina (GAITAR), con peculiaridades novedosas. Las posibilidades que ofreció el estadio cubierto del barrio porteño de Caballito permitieron un espectáculo mucho más dinámico y participativo para el público, más cercano al concepto de festival. |
![]() Manuel Castro, conductor del Festival y director de la Banda de Gaitas Ciudad de Buenos Aires. |
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Por las características del lugar en esta ocasión se pudo disponer de mayor espacio para los conjuntos de danzas y las bandas de gaitas y de ceremonial, que son grupos que necesitan un mayor despliegue escénico para mostrar sus bailes, sus trajes y el desfile de todos sus integrantes. Así pudieron actuar –y no solo transitar-, por el medio del estadio, además de cubrir todo el escenario. Mientras se desplazaban los espectadores accedían a ver perfectamente toda la marcha desde cualquier punto, lo cual permitió apreciar estas agrupaciones en su máximo potencial, algo que habitualmente no sucede, y no se tiene en cuenta, en los festivales de música celta en estas latitudes. Por otro lado, el público también pudo disfrutar mucho más de lo acostumbrado en estos casos del denominado “paseo de exposiciones” –elemento clásico de los festivales de música celta-, integrado por puestos de artesanías, indumentaria, recuerdos, y gastronomía-, todo mientras seguía el espectáculo. El movimiento de personas, que subían y bajaban, desde las gradas o las plateas hasta donde se encontraban las tiendas fue constante durante todo el festival pero sin perder la visión de lo que sucedía en el escenario o en el pasillo central del estadio. Esta dinámica situación se desarrolló desde el inicio cuando el maestro de ceremonias, Manuel Castro, informó al público que se “adueñara del estadio”, ya que podían circular libremente y acceder a las distintas facetas que se ofrecían cómodamente en el estadio porque no estaban acotados por un teatro o una sala para desplazarse. Al finalizar el festival consultamos a Manuel Castro sobre la novedosa opción y nos manifestó que “era un sueño que tenía postergado y quería cumplir. Aquí, en Buenos Aires, se entiende por festival a un espectáculo que sólo es la sucesión de diferentes grupos. No dan lugar a la participación activa del público como sucede, en mucha mayor escala, en los festivales europeos como Ortigueira o Lorient, por mencionar algunos. Hasta ahora –por lo menos en Buenos Aires-, el espectáculo central de un festival celta eran los grupos folk o los solistas. En un estadio se integra mejor el sector de exposiciones y se puede ofrecer el espacio adecuado para los conjuntos de baile y las bandas de gaitas, que en Europa tienen un papel tan preponderante y que aquí recién en ahora empiezan a tener protagonismo. Faltaba darles el espacio adecuado.” Agregamos a las palabras de Castro que en estos tiempos, gracias a una mayor afluencia de público se pueden realizar estos festivales en estadios cubiertos, algo que no podía hacerse en la década del ’90, como por ejemplo en los Festivales Keltoi 1, y 2 (del 1996), y Keltes 3 (en 1997), y en otros anteriores. (Nota de Sitio al Margen: Para mayor información recomendamos los siguientes artículos: “¡Hay un celta suelto en Buenos Aires!" y “Los festivales celtas en la Argentina”
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Luego de la apertura del maestro de ceremonias, apenas pasadas las 20hs, se presentó el arpista Athy (Atilio Adrián Matteucci, para mayor información visitar su entrevista “Un arpista novel bajo sones celtas” ), quien demostró un gran nivel como solista de arpa celta y fue un inicio ideal para poner en clima al auditorio. A continuación el grupo de música folk escocesa, Fingal, con el liderazgo de Guillermo Santana Mc Kinlay, profesor de gaélico escocés en Argentina (autor en Sitio al Margen de vario artículos como “el Gaélico, la lengua del Edén” y “El Gaélico en el Tercer Milenio” )ofrecieron un excelente repertorio, muy cuidado en su interpretación, de la tradición musical escocesa. El promocionado y novedoso “Combate medieval con espadas”, que bajo una representación de un enfrentamiento entre dos caballeros de la época del legendario rey Arturo resultó una interesante sorpresa y fundamentalmente aportó en su insólito desenlace una curiosa cuota de surrealismo y humor. La música retornó con la fuerza y la vitalidad de Dolavon, quienes interpretaron música escocesa e irlandesa y el baile y las palmas ganaron las plateas y las gradas. La fiesta fue completa con el cuerpo de baile del Club Escocés de Buenos Aires, “Country Dancing”, quienes animaron a la danza al público desde el centro del estadio y dieron el cierre a la primera parte del festival. El intervalo duró sólo diez minutos, que fue aprovechado por el público para visitar los puestos de gastronomía. Igualmente quienes no habían terminado de degustar la comida que allí ofrecían, del mismo modo para quienes saboreaban las cervezas, los vinos y el whisky, pudieron observar integramente el espectáculo con todo un desfile completo de Scottish Guard (la Guardia de Ceremonial Escocesa), con sus estandartes, sus gaiteros, los percusionistas y los fusileros desplegados por el estadio. A continuación, los fanáticos de las gaitas estuvieron más que satisfechos porque fue el turno del gaitero solista Brian Barthe, uno de los principales intérpretes de Highland Bagpipe (gaita escocesa) en la Argentina. Uno de los grandes aciertos en el festival, en lo relativo a la participación del público en el espectáculo, se dio con la denominada “Ceremonia de la Queimada”, la bebida tradicional gallega que es aguardiente quemada en recipientes de barro, con otros ingredientes, como rodajas de naranja o limón, azúcar, pero cuya receta varía según quien la prepare. El “conjuro” tradicional fue recitado por Manuel Castro y luego se compartió la bebida –gratuitamente- con todo el público para hacer honor al mencionado conjuro que refiere que la queimada debe ser un brindis a compartirse con amistad y en las buenas ocasiones. Las tradiciones gallegas continuaron con el grupo Brigantes, quienes interpretaron música gallega y canciones englobadas en la categoría de música celta (temas bretones, escoceses, irlandeses y asturianos). La potencia y el repertorio elegido por Brigantes dejó al público enfervorizado y de pie para otra entrada de las alegres danzas escocesas del County Dancing del Club Escocés de Buenos Aires, quienes cerraron brillantemente la segunda parte del festival. Un breve intervalo de cinco minutos y luego Derwydd arrancó con la última parte del Festival. Ya era una hora avanzada y habían pasado cuatro horas desde el inicio. Sin embargo, el estilo de Derwydd, que por su fuerza recuerda al desaparecido The Shepherds (la primera banda de música folk irlandesa en Argentina, varios de sus integrantes forman parte de Derwydd), no permitió que la emoción del público decayera y dieron el broche de oro a los grupos folk. A partir de entonces todo fue para los gaiteros. La Banda de Gaitas Ciudad de Buenos Aires (para mayor información visitar www.almargen.com.ar/sitio/seccion/musica/bandaba6/ y su web: www.gaiteros-argentinos.com.ar ) pudo moverse con comodidad y desplegar por completo su espectáculo, tanto la faceta musical como en la ceremonial con la marcha de gaiteros, percusionistas, abanderados y fusileros. Esta agrupación argentina, dirigida por Manuel Castro, es la única de origen musical gallego con formato de Banda de Gaitas –es decir, no es un conjunto tradicional o “enxebre” gallego-, en estas tierras. Su particular y vistoso show, que incluyó varios desfiles, finalizó junto a Scottish Guard, con quienes interpretaron los mismos temas y presentaron un resonante desfile coronado con salvas de fusilería. Para el cierre del festival quedó con otro brindis ceremonial, el tradicional Highland Toast de los escoceses a cargo de Fernando Solari, jefe de Scottish Guard, que fue la última nota de un novedoso y colorido festival.
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| Ficha técnica: Celtas en Ferro Primera Parte: Intervalo (10 minutos) Segunda Parte: Intervalo (5 minutos) Tercera Parte: Conducción: Manuel Castro Fecha y Lugar: sábado 30 de Octubre de 2004 a las 20:00hs. Micro Estadio Héctor Etchart. Club Ferro Carril Oeste (Avenida Avellaneda 1240). Buenos Aires.
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Muchas gracias. |