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Música irlandesa
El espíritu de De Dannan en Buenos
Aires.
Son pocos los grupos a los cuales el apelativo
de mítico les queda como una adecuada prenda histórica. De Dannan
fue uno de ellos. El pasado 2 de diciembre dos integrantes de aquella
gran banda y otros músicos tan talentosos como aquellos, junto a un prestigioso
bailarín, se presentaron en La Trastienda -ubicada en Balcarce 460- en
una fiesta de los folclores irlandés y argentino ideada por la Embajada
de Irlanda, en donde la parte vernácula fue aportada por el reconocido
Jaime Torres y su banda.
Por Sergio González
y Pablo Rodríguez Leirado.
Fotografías: Sergio González.

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El
calor sofocante y la terrible humedad no disminuyeron después del violento,
aunque breve, chaparrón de la tarde. Todo hacía presuponer que se avecinaba
otro bochornoso final de la jornada en la ciudad del curioso nombre de
Buenos Aires. La persistente llovizna era capaz de irritar y desalentar
al más empedernido de los noctámbulos. Sin embargo, sólo en "La Trastienda",
uno de los principales pubs de la capital argentina, el clima fue muy
diferente. Para empezar, la sala estaba casi completa, lo cual habla de
un público sumamente entusiasta, teniendo en cuenta que las entradas costaban
entre 25 y 30 dólares cada una y se trataba de un día jueves.
Claro que el espectáculo
lo valía. Así lo entendieron las personas que se convocaron por recomendación,
consejos y el consabido "boca a boca", ya que la publicidad fue prácticamente
nula.
Los encargados de traer los
frescos aires irlandeses a esa tórrida noche porteña fueron los integrantes
de la Embajada de Irlanda, autores intelectuales y materiales de la presencia
de quienes generaron un verdadero clima festivo. Frankie Gavin, en violin
y flauta irlandesa Martin O'Connor, con su acordeon, aportaron el espíritu
de De Dannan que por primera vez vagó por estas tierras. Ellos estuvieron
perfectamente acompañados por el no menor talento de Brendan O'Regan y
Garry O'Brian, en mandocello, bouzouki y bodhran. A estos cuatro extraordinarios
intérpretes del genuino folclore irlandés hay que agregar un excelente
tecladista.
Los cinco músicos iniciaron
una noche mágica que no se quebró con la incorporación del talentoso bailarín
Seosamh O'Neachtain, sino que por el contrario se vio incrementada. Luego
pasó una efectiva cantante de la colectividad irlandesa. El repertorio
paseó por una lista de clásicos como por ejemplo los de O'Carolan Conccerto,
por citar algunos, ejecutados de manera impecable. Por poco todo no fue
perfecto, es que costaba mucho y daba pena tener que apreciar con dificultad
el virtuosismo del violín de Gavin, ya que durante casi toda la velada
sonó notablemente por debajo del acordeón de O'Connor, posiblemente debido
al desconocimiento del sonidista de este tipo de música. Por supuesto
que este detalle no podía empañar la emoción del público y ni siquiera
del propio afectado, que bromeó constantemente con el auditorio demostrando
sus dotes histriónicas y poseer buen sentido del humor, como pudieron
atestiguar varios intérpretes locales de música irlandesa que compartieron
una charla y una "session" con los ilustres visitantes en su hotel.
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La Embajada de Irlanda había
previsto hacer un encuentro de los folclores irlandés y argentino. La
parte vernácula fue aportada por el reconocido Jaime Torres y su excelente
banda. Los irlandeses se retiraron y fue el turno de los argentinos que
mantuvieron el sobresaliente nivel musical del espectáculo.
La presencia de los locales
se hizo un poco extensa porque todos esperaban ver la confluencia en un
mismo escenario a todos estos artistas. Así se pudo apreciar en el final,
en donde el cruce de las danzas -por el lado argentino el encargado de
bailar fue el percusionista- y las músicas generaron una interesante mixtura
folclórica, que sin embargo resultaba algo débil en algunos momentos,
ya que los irlandeses debían improvisar tímidamente sobre una música andina
que les resutaba desconocida.
El cierre se realizó con
dos temas, uno irlandés y otro del noroeste argentino, ejecutados soberbiamente,
ya que se trató de los únicos temas que previamente habían conocido todos.
Sin embargo entre el público sólo angustiaba una duda que era saber si
esa noche volvería a repetirse, cuestión que tal vez hizo sentir como
extensa la presentación de Jaime Torres y su grupo, a los cuales se los
puede ver seguidamente y no sucede lo mismo con los irlandeses. Por eso,
a la salida fueron muchos lo que se acordaron y agradecieron a la Embajada
de Irlanda la brillante idea de traer esos buenos aires irlandeses cuando
el asfixiante calor y la pesadez de la humedad hizo volver a todos a la
realidad.
Por Sergio González
y Pablo Rodríguez Leirado.
Fotografías: Sergio González.
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