Música celta en Buenos Aires
Kells.

Un grupo con menos de un año de existencia, pero con músicos que desde hace varios años se dedican a la música celta, ya se ha ubicado a la par de otros conjuntos que tienen una larga trayectoria. Con una especial dedicación en su repertorio a Irlanda, este grupo de sorprende por su calidad y el cuidado con que interpretan los sonidos de la Isla Esmeralda.

Por Pablo Rodriguez Leirado.

 
 

El auge y el prestigio que ha alcanzado la música celta, no sólo en la Argentina, tiene como una de sus principales causas la revalorización de las culturas, las tradiciones y el folclore de los países de origen celta. Pueblos que desde hace siglos habían sido menospreciados y sometidos, y sobre los cuales pesaba el sayo de provincialismo o "culturas menores".

El resurgimiento coincide con el desarrollo comercial de la llamada "World Music", una denominación etnocéntrica con la cual los norteamericanos designan a todo el folclore que no sea el suyo. Este avance en el mercado discográfico también trae aparejado algunas consecuencias negativas como el mercantilismo y vulgaridad que siempre genera una moda. Algo que no cuadra para quienes se nutren de las músicas étnicas y las desarrollan con respeto y seriedad, en una labor de profunda investigación que no se realiza de un día para otro, como resulta con las modas. Interpretar, para un auditorio, la música tradicional de un país es establecer una comunicación entre el público y esa cultura, operar sobre los sentidos del espectador para remitirlo a los paisajes, las leyendas, la poesía y todo aquello que conforma el espíritu de una comunidad. Así lo realizan en la Argentina, como pudo comprobar Sitio al Margen, María Birchmeyer, Guillermo Gómez, Mauricio Ceballos y Sergio González con Kells, un grupo música celta que recorre las galerías del alma del pueblo irlandés.

 

 

Sergio González interpretando melodías irlandesas en el espectáculo Zona Celta en el auditorio Centro Cultural Borges de Buenos Aires.
 

Un extraño en el camino

Todo viaje, aunque sea de vacaciones, implica la búsqueda de algo, ya sea un nuevo hogar, una esperanza, diferentes espacios, traquilidad espiritual, en definitiva se puede afirmar que son innumerables los motivos por lo cuales el hombre ha salido hacia lo desconocido y lo novedoso, y siempre siempre resulta una experiencia que modifica a quien toma esa decisión. Así les sucedió a Sergio González y Guillermo Gómez hace ya más de 15 años, cuando para tomarse unas simples vacaciones decidieron recorrer como mochileros la Patagonia, el frio e imponente sur de la Argentina.

En la tranquilidad que sólo puede dar un majestuoso paisaje, entablaron una cierta amistad con un misterioso personaje -también mochilero- que estudiaba antropología y se llamaba Guillermo. En determinado momento les acercó un walkman y les dijo: "escuchen, esto es música celta". "Nos gustó muchísimo a los dos", reconoció posteriormente Sergio. "Guillermo hace más de 15 años tocaba la guitarra, yo apenas algunos acordes. Siempre, desde que nos conocimos, nos poníamos a zapar, escuchar música, aunque nada que ver con la música celta e irlandesa. Nosotros estábamos escuchando algo como Génesis -de la época de Peter Gabriel-, mucho rock sinfónico. Después nos enteramos que toda esa música tiene mucha influencia del folclore inglés e irlandés. En fin, se trataba de una música, que por sus características acústicas remite a imágenes de bosques, campos muy verdes, acantilados y a toda una estética que tiene algo que ver con Tolkien, el cual nos agrada. Casualmente ese tipo nos mostró a un grupo que, en cuanto a mi opinión, es el mayor exponente de la música celta de todos los tiempos, Planxty. Para mi son dioses, soy absolutamente devoto de Planxty".

Muchos de los seguidores de Kells los han identificado como los Planxty argentinos, algo que Sergio - azorado- inmediatamente desmiente con un "ese título nos queda demasiado grande". Sin embargo aclara que es la mayor ponderación que les han podido hacer y establece una analogía con con la situación de Fish, el antiguo cantante de Marillion, "al que le decían que se parecía mucho a Peter Gabriel, a lo cual respondía que eso era precisamente lo que esperaba, que para él era un enorme elogio esa comparación".

A ese viajero misterioso que les hizo conocer una extraña y fascinante música posiblemente no sepa nada de cómo modificó la vida de esos ocasionales compañeros de ruta. "Fue una lástima, lamentablemente le perdimos el rastro, sólo lo volvimos a ver algunas veces más en Buenos Aires. Nada más nos había dado una grabación, que estaba en muy mal estado, y que después conseguimos, fue cuando nos dimos cuenta que se trataba del grupo Planxty. Eso nos enloquecía y no sabíamos que era. Yo no sabía si eran irlandeses, escoceses, ingleses, o yanquies, sólo intuía, equivocadamente, que era medieval".

A partir de entonces comenzó una búsqueda de datos que los llevó a conocer a distintas personas que empezaban a realizar música celta en la Argentina, como Eliseo Mauas Pinto, Manuel Castro, Fernando Lynch, entre otros, y a participar en los primeros grupos que aparecieron, que tenían mucho de voluntarismo e improvisación. "En ese entonces comencé a sacar algunos temas en Tin Whistle", recuerda Sergio.

En una de esas formaciones musicales, en este caso llamada Duir, que constantemente variaban sus integrantes, Guillermo Gómez suplió a uno de los integrantes un día antes de un recital. "A pesar de la improvisación, todos quedaron muy conformes". A partir de allí la amistad se prolongó aún más en el plano musical. "Empezamos a hacer música en casa, simplemente eran zapadas, pero en donde manifestábamos las ganas de realizar un grupo". Por ese entonces se les une una amiga de Guillermo, María Birchmeyer, con quien encararon otro especial viaje, en 1996, junto a otros amigos. Fueron a conocer los países celtas.

 

 

Kells, con su música irlandesa en las noches de Buenos Aires...
 

Viajes a una pasión.

"No me la creo porque fui a irlanda, eso no te hace mejor músico", afirma muy seriamente Sergio, lo cual si bien es cierto implica un aspecto más del respeto con que tratan la música los integrantes de Kells. De ese viaje se pudo traer el recuerdo de la tierra de su abuelo Justo, que salió de Marín, provincia de Pontevedra, en Galicia, escapando de la guerra. "Fui muy curioso porque allí le toque timbre a una sobrina y le dije soy el nieto de Justo, se me quedó mirando y no entendía nada (risas). Es que mi abuelo se fue a los dieciocho años, en la época de no sé que guerra. Se fue escapando de la guerra, su madre lo mandó acá porque ya tenía familiares"

"Yo empecé a conocer más tranquilo esa música. Por ejemplo los reels a mi no me gustaban, me parecía música de cowboys, a todos los que yo conozco les pasó lo mismo. El hecho de estar en el campo, o en un pub, estar ahí con la gente, tocando, es otra cosa. Es como si vas a una peña y ves a un tipo haciendo una chacarera, la vivís de otra manera. No fue que mágicamente descubrí que esto me gusta -de hecho hace tiempo que la escuchaba-, porque me empezaron a quedar unas imágenes y empezé a apreciar lo más folklórico. Cuando estás allá, ver el paisaje de Irlanda es como escuchar gaitas, es muy loco. Vos ves el paisaje y sentís eso. No sé si será sugestión..."

De Escocia Sergio manifiesta que "es más parecida a la Patagonia, pero lo que me me impactó más es Irlanda. Esas colinas, esos acantilados, la bruma... Es muy diferente a lo que uno pueda ver en paisajes por acá. Supongo que Malvinas se pueda parecer un poco. No sé..."

Sin embargo reconoce que no tiene nada que lo vincule a colectividad irlandesa. "No, sólo llego a Irlanda por la música, a raiz de ella me enteré que mi abuelo era gallego y luego que Galicia tenía algún tipo de relación con Irlanda. Tampoco puedo decir que fue por lo gallego, porque eso aparece después. Fue un gusto por la cultura entera, a la cual ingresé por la música, porque luego me interesé por la poesía, por sus leyendas y relatos tradicionales. Empezé a meterme cada vez más y descubrí que todo lo que conocía me iba gustando, me iba cerrando".

En 1998, Sergio y su esposa hicieron un nuevo viaje directamente a Irlanda. Recuerda que en el primero él era el enamorado de Irlanda, "así que me perdí algunos festivales porque como era el único que me quería quedar. Luego me dije, ¡que delirio, estar en Irlanda y perderme recitales!".

Con la consigna de ver todos los recitales que le fueran posibles, fue armando -gracias a la información que obtenía por Internet- un cronograma lo más completo posible de recitales y fiestas. "Allí pude conocer al grupo Dervish, que de los últimos grupos creo que es lo más importante. Allí vi a Dervish tocar 8 horas, inauguraron el pub de ellos. Te juro que ese día no me olvido más". En este viaje cumplió con un sueño altamente anhelado, conocer y charlar un poco con Andy Irvine, el líder del legendario grupo Planxty, algo que atesora, al igual que las fotografías que se sacó con él, como una de los grandes momentos de su vida.

 

 

Sergio González y Guillermo Gómez, en las cuerdas de Kells...
 

El gitano

Posteriormente Eliseo Mauas Pinto, único ejecutante del arpa céltica de la Argentina, convocó a Sergio para grabar un CD, en lo que primeramente iba a ser una placa solista y que luego dio origen al grupo Bran. Fue Eliseo quien, durante la realización de ese trabajo discográfico -llamado Awen-, le presentó a Mauricio Ceballos como un excelente violinista "con muy buena onda", que había integrado la última formación de Duir. "Un día llegó Eliseo a mi casa con Mauricio, allí nos conocimos", dice Sergio evocando el encuentro.

Mauricio nació en Colombia, cerca de Cali. Allí desde los siete años empezó con el violín y la flauta, estudió música y trabajó en un orquesta sinfónica. Por su formación académica pudo dar dar clases en un conservatorio. Pero la música clásica y la vida demasiado organizada no cabían en el alma de "un gitano", como a él le gusta definirse. En el 92 comenzó con el armado de un grupo de música étnica con lo cual empezó a incursionar en lo celta. Ese conjunto, único en Colombia, se llama Alta Gracia -están preparando un CD-, y realizan un género que se puede definir como Afro-Celta. "Fue la oportunidad de conocer la música celta con una aventura ingenua de fusiones de cosas que no conociamos", dice con buen sentido del humor. "Tocar otras cosas, era como medio blasfemo para el ambiente clásico en el que yo me encontraba. Mucho ego, exigencias, presiones, hacían que pocas veces se pudiera tocar con el alma".

Por otra parte, allí no tenían una escuela de cuerdas y la llegada de músicos rusos, polacos y otros extranjeros complicaba aún más el cuadro. "Era un ambiente como el de la película "Encuentro con Venus", aunque me han dicho que eso sucede en todas las grandes orquestas...".

Luego comenzó a viajar por Iberomérica, siendo un trashumante. "En México conocí a un gitano que me terminó por acercarme a toda esos maravillosos ritmos y melodías vivas, los distintos folclores de los pueblos. Allí me conecte con gente que hacía música celta, un grupo llamado 'A campo traviesa', aunque en México no hay una movida celta muy fuerte". Cuenta que una de las cosas que más lo impactó fue un excelente arpista mexicano y que en Colombia pudo conocer y charlar con Lorena McKennitt.

Así fue que recorriendo América llegó a la Argentina hace casi tres años, en donde con la ayuda de algunos amigos, que le ayudaron a conseguir un violín -dado que se lo habían robado-, y a hacer música por estas tierras. El la plaza de San Isidro un día vio a un muchacho tocando el bouzuqui y se contactó con él y fue conociendo sus amigos. Ese encuentro lo llevó a conocer a quienes realizaban música celta.

Actualmente integra, aparte de Kells, otros grupos de música étnica como Ensamble Balcanes. Desde hace aproximadamente un mes, otro de música celta, Chiesel my Whistle; también toca en fiestas de la colectividad judía; y tiene en proceso de gestación un conjunto de música flamenca.

"Poder contactarse con la gente y la relación que mantengo con los demás músicos son las cosas que más rescato de realizar música étnica. También que es un privilegio poder mantenerse de lo que a uno le gusta. Toda esta música tiene algo de medieval, mucho de ritual y de las rondas. Es necesariamente para compartir".

 

 

Mauricio Ceballos y su violín...

 

Música celta en Buenos Aires.

Como Mauricio y Sergio empezaron a verse más seguido, comenzó a producirse una gran afinidad musical entre ambos. En una oportunidad, en la casa de Sergio, mientras ensayaban los temas del disco Awen, los visitó Guillermo. "Al rato comenzamos a improvisar, a zapar, y fue explosivo, nos dijimos que teníamos que hacer algo. Posteriomente se integró María. Así fue como nos empezamos a juntar más frecuentemente y realmente estábamos muy conformes por la manera en que sonábamos. Aunque no constituíamos un grupo de manera formal, ya había temas que sabíamos a la perfección, como si de hecho fueramos un grupo".

La oportunidad no tardó en presentarse porque un amigo de Sergio, que tenía un stand en Ecobiocultura, le pidió que trajera una banda para tocar allí. "Ahí nos vimos en la obligación ponerle un nombre al grupo y elegimos Kells, por el famoso libro de la abadía de esa ciudad irlandesa".

Sergio es quien principalmente se ocupa de conseguir la mayor parte de la información de la música celta, como las canciones, las letras y sus traducciones, pero también es notable el trabajo de Guillermo, a quien le toca cantar en gaélico. Con mucha dedicación, después de conseguir la traducción, "para saber que está cantando uno", aprende fonéticamente canciones, en idioma gaélico, como "Ben phaidín", que obtuvieron después de escucharla interpretada por Planxty. Un trabajo de mucha paciencia y dedicación que revela el amor por esa cultura. Toda está minuciosa recreación también está acompañada por una cuota de originalidad, dado que muchos arreglos de los temas les pertenece, pero siempre se efectúan con respeto por el estilo.

Hasta el momento, en menos de un año de existencia, han tocado en los Arcanos, en el Kilkenny, en el Celta Bar, en Notorius, y en otros pubs, además de haberse presentado en los ciclos organizados por Manuel Castro como Zona Celta en el Teatro Margarita Xirgu y el Centro Cultural Borges.

 

 

  • María Birchmeyer: bodhran, teclados y coros.
  • Guillermo Gómez: guitarra, teclados y voz.
  • Mauricio Ceballos: violín, flautas dulces y coros.
  • Sergio González: bouzouki, mandola, mandolín, tin whistle, low whistle, y flautas.

 

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  Capturas de audio realizada en la presentación en vivo de Kells en el ciclo de música del Centro Cultural Borges. 

 

María Birchmayer se ha alejado del grupo a fines de 1999. Posteriormente se incorporó Carolina Keudell en voz, bodhran y teclados, destacándose notablemente -principalmente como cantante- en la presentación del conjunto en marzo de 2000 en el Centro Cultural Borges.

 

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