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Lord of the Dance
en Buenos Aires
Nos merecíamos este
placer.
La periodista Susana Shanahan, directora
y creadora del programa Plum Pudding -un encuentro irlandés-celta-,
especializada en temática irlandesa y celta, presenta su mirada sobre
el espectacular, y muy particular, show de la danza irlandesa denominado
"Lord of the Dance", un éxito mundial creado por el
principal bailarín del género: Michael Flatley.
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Por Susana
Shanahan.
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La
presentación de Lord of the Dance en Buenos Aires merece dos felicitaciones:
a sus artistas, que brindaron un excelente show, y al coraje de la Productora
que apostó e invirtió en la temática Celta-Irlandesa, trayendo un espectáculo
desconocido para él publico argentino, demostrando con ello un conocimiento
de las nuevas tendencias de arte mundial, (aunque hablemos de una de las
culturas más antiguas de la historia universal). También cabe destacar
su anticipación visionaria de respuesta a la explosión del boom Celta
latente en Argentina y Sudamérica, producto del trabajo de casi dos décadas,
al menos en nuestro país, de unos pocos celtistas que tomaron la posta
de difundir la cultura, postergada por siglos, de los pueblos de origen
celta, revalorizando sus expresiones tradicionales y modernas. Lo "celta"
tuvo su debut como espectáculo masivo por agosto de 1996 en el Teatro
del Globo, con la realización del Primer Keltoi, (festival de música)
y el Keltoi II, en diciembre, pero ya en la Avenida Corrientes, en el
Teatro Astral. Paralelo a ello se fortalecía a través de un profundo estudio
e investigación, con el único capital de la pasión que ejerce el encontrarse
con las raíces, llegando hoy día, con el orgullo de haber sido -entre
los tantos aspectos que lo conforman- el punta pie inicial de un género
musical céltico argentino, que por estos días se acrecienta en forma constante
y que junto con la gran demanda literaria y académica armaron los cimientos
del movimiento celta argentino, avalado por la trascendencia a nivel mundial
de la Liga Celta.
¡Excepcional! ¡Magnifico!
¡Increíble! ¡Que maravilla! ..... estas frases fueron las más escuchadas,
noche a noche en el Luna Park y las comparto, fue imponente la presentación
de una de las siete compañías de ballet del más grande de los bailarines
del genero irlandés: Michael Flatley. Miles de asistentes quedaron impactados,
durante esas siete presentaciones, por la perfección en la realización
de cada una de las 29 coreografías, la disciplina de alrededor de cuarenta
jóvenes mujeres y hombres en escena, que demostraron profesionalidad absoluta
en uno de los estilos más dificultosos y rigurosos, por sus movimientos,
sincronización y velocidad, que por momentos combinaron con gracia y habilidad
lo estrictamente tradicional de Irlanda con pasos de tap, clásico y hasta
algo parecido a nuestro malambo. No cabe duda que Flatley es un renovador
de la danza, que a través de la adaptación y utilización de las mas variadas
técnicas mantienen su liderazgo y exclusividad tanto con Lord of the Dance
como con las otras piezas de su autoría, como Riverdance o Feet of Flames,
que lo convierten en el mayor difusor de la esencia de la danza irlandesa,
y por ende celta.
La música, compuesta especialmente
para este espectáculo, pertenece a uno de los compositores más importantes
de la industria televisiva y cinematográfica irlandesa, Ronan Hardiman,
que supo acompañar y permitir el lucimiento de los bailarines y de los
seis personajes centrales, siendo un factor decisivo para enfervorizar,
por momentos a la platea, que en buen numero demostraba un desconocimiento
por él genero y una sorprendente y rápida aceptación a medida que cada
compás avanzaba. Apuesto que más de un espectador, es un nuevo consumidor
de música céltica después de la presentación de Lord of the Dance.
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El grupo de danzas irlandesas Lord of
the Dance.
(Gentileza DG Producciones).
Su primer
presentación en Buenos Aires se realizó los días 21 al 25 de junio del
año 2000.
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Por quienes por primera vez
tomaban contacto con el encanto celta, esta cronista hubiera preferido
la fuerza de la interpretación musical en vivo, la grabación y el playback
reconozco no haberla esperado por parte de una compañía de estas características
y prestigio. Entiendo que el estar de gira por Sudamérica (habían actuado
previamente en Chile y de aquí marcharon a Brasil) ha de haber sido uno
de los motivos por los cuales el piso del escenario no fuera el adecuado
para que los acordes que emiten los impetuosos movimientos de pies a través
de los específicos zapatos de fibra de vidrio sonaran en vivo. Esto, contrario
a lo que se pueda pensar, estimo los hace aún más profesionales, había
que estar muy atento a la coreografía y no evadirse de la impresionante
espectacularidad de cada movimiento para percibir este detalle.
La puesta en escena fue lo
único que no cumplió con el perfil, que al menos creí tendría, ya que
se asemejaba más a la de un show de rock que una escenografía de un espectáculo
"celta", con los cientos de recursos típicos que se podrían haber utilizado.
Una señora sentada detrás de mí, refería a su acompañante sobre "la nave
espacial" que entendía que había en el escenario, comparándola como la
que se presentaba en el show de la animadora infantil brasileña Xuxa.
A los efectos de una ignorancia sobre la trama y recursos utilizados en
las clásicas leyendas celtas, bien se podría aceptar su teoría. Quizá
por ser la primera vez que él publico argentino tomaba contacto con la
danza y la música celta con esta envergadura, la utilización de otros
recursos escenográficos hubiera aportado un concepto más próximo del arte
celta.
Es la opinión de quien escribe
estas líneas creer que faltó, por parte de Flatley, el tener en cuenta
que Sudamérica es aun virgen en el conocimiento del movimiento cultural
celta, de esta envergadura. Tal vez debió enviar un show musical más que
una expresión con la trascendencia cultural céltica. Esto no le quita
valor, por el contrario, más convengamos que tenía la espectacularidad
de los show de Hollywood más que la imagen de lo que se conoce y da en
llamar "el espíritu irlandés.
Los trajes tanto de las chicas
como de los caballeros son otro identificador que lo diferencian de lo
"tradicional". Vestidos con pronunciados escotes y telas brillantes y
una onda en los hombres de heavy metal obviamente se distancian de la
vestimenta celta y de los artesanales coloridos y bordados trajes de danza
irlandesa que, por ejemplo, tuviéramos oportunidad de conocer en 1998
por el grupo de danzas y música Ceoltori Kilkeny, que por ese entonces
visitaron nuestro país.
No obstante estos aspectos
que resalto, los mismos están lejos de contenidos críticos, intento clarificar,
tanto de la escenografía como del vestuario, que cumplen con los requisitos
de un espectáculo montado para show business, al mejor estilo norteamericano
y que difieren de lo tradicional irlandés y no presentan una imagen clara
que permita al espectador novato tomar una idea de la arquitectura, y/o
símbolos célticos y de sus trajes.
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Michael
Flatley.- Su creador, director y coreógrafo.
Es un joven norteamericano descendiente de irlandeses, que comenzó su actividad
artística como concertista de flauta, habiendo compartido el escenario con
los considerados padres de la música celta -The Chieftains y con el gaitero
español Carlos Nuñez, quien tomara trascendencia en nuestro país a partir
del Festival de Música Celta Keltoi II (diciembre de 1996, en el Teatro
Astral de la Avenida Corrientes).
Haciendo honor a su genética,
Flatley sentía pasión por la música y la danza, siendo por esta última
que se inicia su importante trayectoria mundial como Director y Coreógrafo.
Su importancia como bailarín
comienza cuando obtiene el Primer Premio en lo que se da en llamar el
Campeonato del Mundo de Baile. De ahí en más su carrera se convierte una
vertiginosa serie reconocimientos entre los que se destacan la beca de
la National Heritage, el nombramiento por la American National Endowment
of Arts como uno de los mejores artistas del país, el galardón del Master
of Dance Award, figurar en el Libro de los Records Guiness por su velocidad
bailando claqué o el haber sido declarado por la National Geographic Society
como un " tesoro vivo", a parte la curiosidad de haber sido elegido como
uno de los "hombres con más encanto" por la revista People. Desde 1998,
no participa de sus espectáculos, teniendo a su cargo la dirección y coreografía
solamente.
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La trama.
Partiendo de la repetida
estructura de una lucha entre el bien y el mal, representada entre los
personajes de "Lord of the Dance" (Fergal Mc Crossan) y sus acompañantes
los Warlords -"los buenos"- y Don Dorcha (Cian Nolan), el Señor de la
Oscuridad que desea ocupar el reino del Lord, valiéndose de sus seguidores
los Warrios, violentos patoteros, y de la rubia seductora Morrighan (Areleen
Boyle). Ellos son los promotores del extraordinario y único despliegue
coreográfico de agilidad y destreza, donde piernas y pies toman en poder
de las palabras. Entre medio de esta puja, un duende o pequeño espíritu
(Kate Skehan) intenta proteger al Lord y a su amada Saoirse (Catherine
Collins) mientras que la diosa Erin (Deirdre Gilsenan) va contando la
historia en entradas especiales a escena en las cuales deleita a la audiencia
con una voz incomparable.
Posiciones de punta, taconeos
y taloneos, piernas en alto, saltos, la característica rigidez de brazos
que se ubican a un costado o por detrás de la espalda, el despliegue grupal
con movimientos idénticos, representan las distintas secuencias de la
trama.
Se insiste nuevamente en
el concepto con que se inició este articulo, de felicitar y agradecer
la profesionalidad de estos jóvenes irlandeses - norteamericanos y la
posibilidad que nos brindaron de presenciar un show de primer nivel y
tomar contacto con este género que conlleva un profundo valor cultural
y que hemos tenido la oportunidad de apreciar gracias a que aún existen
productores que apuestan e invierten en la cultura.
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Por Susana
Shanahan.
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Una coreografía del grupo de danzas irlandesas
Lord of the Dance.
(Gentileza DG Producciones)
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