Sobre el escenario
"Noches flamencas", Tomatito en La Trastienda.

En 1998 Tomatito llegó a Argentina compartiendo escenario con dos grandes de la guitarra, Luis Salinas y Lucho González. Guitarrista cabal, virtuoso e inspirado, Tomatito volvió a nuestro país con un espectáculo propio, "Noches Gitanas", y dejó en el aire porteño la magia de su arte. 

Por María Belén Luaces.

 

 

Les cuento una indiscreción. Tengo en mi casa tres shows de Tomatito grabados. Cierto es que el sonido no es de calidad (los grabadores de periodista no están hechos para esto), pero la emoción de cada noche quedó de alguna manera plasmada en las cintas. O quizás sea el resabio de una semana intensa de flamenco. Trato de recordar algunas escenas del show y ninguna se repite con claridad como para ilustrar con justicia de qué se trató Noches Flamencas. Y es que han sido varias noches, ninguna igual a la otra. Me pregunto porqué cuando de improvisación se habla sólo se menciona al jazz.

En un momento de la charla con Tomate nos acercamos a este viaje, el que lo trajo a los caminos del sur del mundo. Y de los músicos que lo acompañan. "La gente es la misma con la que trabajo siempre, desde hace tiempo. No los he elegido para venir a Argentina solamente, ya llevo mucho tiempo con ellos. El Potito de niño lo conozco y lleva conmigo cinco o seis años trabajando. Joselito y Porrina también desde pequeño. Bernardo siempre lo he conocido, iba con Canales (Antonio), con Joaquín Cortés, siempre ha trabajado con las compañías de baile, con Sara Baras, y luego conmigo. Y dá la casualidad de que estamos trabajando juntos porque a ellos les gusta estar conmigo y a mí me gusta estar con ellos. Somos una familia, por supuesto".

Hablemos de esa familia y de qué genes juntan entre los cinco.

En el cante estuvo el niño mimado del flamenco, de quien alguna vez se dijo que sería el heredero musical de Camarón de la Isla. El Potito con 24 años se desempeñó en un rol cuidado, rodeado de músicos de virtuosismo elevado y con un repertorio de cantes livianos que son en los que mejor se mueve. Su juventud y el aire gitano que le imprimió a cada participación suya fueron bien recibidos por el público, aunque le faltó emoción.

En el violín estuvo el genial Bernardo Parrilla, de la casta de los Parrilla de Jerez de la Frontera, gitanos músicos y casi siempre violinistas desde que ellos mismos recuerdan. Bernardo es del team de los siempre innovadores espectáculos de baile y ha participado en casi todo disco flamenco en el que se escuche un violín, desde Ketama a Paco de Lucía. Un virtuoso que lamentablemente no tuvo el espacio merecido para lucir toda su maestría y a quien el sonido no ayudó en ninguno de los shows, pero su presencia iluminó las veladas.

Ramón Porrina estuvo a cargo de la percusión. Otro jovencísimo músico con tanta trayectoria que se lo puede encontrar hasta en el último disco de De Lucía. Porrina es hijo del famosísimo cantaor Ramón El Portugués y en Noches Flamencas aportó energía, virtusismo y calidad sobre el escenario. En una de sus intervenciones se dió el lujo de unir rítmicamente el flamenco y el rock.

Finalmente el baile estuvo en los pies, los brazos y el gesto de Joselito Fernández, también jovén, de familia de artistas y virtuoso. Bailó poco pero con mucha calidad. En la segunda noche fue su mayor lucimiento y dejó claro en el escenario que es un gran bailaor, de pura cepa flamenca, con mucho aire, mucho compás y gran destreza.

El show estuvo naturalmente en manos de Tomatito durante las casi dos horas de show. Sus dedos recorrieron mágicamente varios estados del flamenco. Alumbró con su arte unas noches deslumbrantes. El repertorio fue de composiciones propias, especialmente dedicado a los aires tradicionales con algunos arreglos de nuevas tendencias. Sonaron bulerías, alegrías y soleás, que son sus preferidos pese a que para la mayoría de los guitarristas son los más difíciles de ejecutar. También hubo tangos, fandangos y hasta un tango argentino aflamencao que en palabras de Tomate durante el show "me lo ha enseñado mi amigo Luis Salinas y lo voy a hacer así como lo hago yo, que es un poco flamenco, así como lo siento". Sin duda este tema se llevó los mayores aplausos, junto a la intervención de Parrilla con un sólo de violín grandioso que en la última noche logró la mayor expresión.

 

 

Tomatito y su disco, "Rosas del Amor".  

© EMI - HispaVox 
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En la primer noche del espectáculo, por notorios desperfectos técnicos en el sonido, los músicos abandonaron las sala a los cuarenta minutos de haber comenzado a tocar. El disgusto para ellos y para el público fue subsanado definitivamente en las siguientes presentaciones y los concurrentes del sábado tuvieron oportunidad de revalidar sus entradas. "El sábado hubo muchos problemas y yo lo siento de verdad porque imagínate que no voy a venir de España a tocar poco o a no querer tocar. Es que se rompió la megafonía y el sonidista no pudo reparar los problemas técnicos. Yo no podía estar dos horas ahí porque hubiesen sido dos años. Yo me quería bajar, no la estaba pasando bien y yo no he venido a sufrir, yo vengo a disfrutar y entonces se complicó todo. Pero por suerte lo hemos solucionado, pero ha sido una pena". Lo cierto es que la situación no se volvió a repetir ninguna otra noche y evidentemente el público respondió satisfactoriamente pues a las dos fechas previstas se le agregaron otras tres y una en Neuquén.

En los shows hubo entrega por parte de los músicos y especial concentración del guitarrista que mantuvo constante la atención del público no siempre aficionado al flamenco, él solo con su instrumento casi una mitad del espectáculo. 

Fueron noches por momentos muy inspiradas y con gran sincronía entre los músicos que denotaba complicidad y conocimiento. Fueron noches para disfrutar del mejor flamenco del mundo, sin apelar a la exageración, donde la guitarra de Tomatito lució como siempre sus dotes de compás en la sangre, de cabalidad y tronío gitano.

En varios momentos, especialmente en las apariciones de Parrilla, algunos sentimos una oleada de frío en la espina dorsal quizás proveniente de Europa central. Le pregunté a Tomate sobre este sentimiento, si fue buscado o nació junto al duende. "Yo creo que salen, yo creo que en las cosas que hacemos salen los aires de los gitanos de todo el mundo porque lo sentimos. Se puede escuchar pero copiar no se puede, puedes recordarte algún sentimiento que tienes y que la mente no ha pensado, ay recuerdo esto como si lo hubiese hecho yo, eso nos sale siempre".

Y al hablar de lo inesperado necesité preguntarle por el amigo más codiciado de los músicos, el Duende. Y me dice que todavía están juntos. "Cuando me encuentro bien, con un sonido que esta bien, el público alegre y con mi banda que esta también alegre el duende sale, siempre sale algo, a lo que viene".

 

 

José Fernández Torres, Tomatito
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