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Declaraciones
de Memoria Activa, 1a. parte. El 18 de julio de 1994 se produjo el mayor atentado terrorista de la historia de la Argentina: una bomba destruyó el edificio de la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) en el que murieron 86 personas. Este informe inicia una serie de notas y entrevistas con la finalidad de ofrecer un seguimiento de la evolución del caso. Gentileza Memoria Activa.
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Parte 1 Del 26 de mayo de 1997 hasta el 15 de septiembre de 1997 Lunes 26 de mayo de 1997. Eduardo Galeano escribió acerca de la memoria mutilada: "La memoria del poder no recuerda, bendice. Ella justifica la perpetuación del privilegio por derecho de herencia, otorga impunidad a los crímenes de los que mandan y proporciona coartadas a su discurso, que miente con admirable sinceridad". Nosotros también decimos: el poder de nuestro país trabaja denodadamente para hacernos creer que está haciendo lo posible para encontrar a los asesinos de nuestros familiares, y llegar así hasta las últimas consecuencias; cuando en realidad no quiere arriesgarse a tocar a todos aquellos que podrían estar vinculados a la masacre de la A.M.I.A. Eduardo Galeano escribió acerca de la memoria rota: "El poder no admite más raíces que las que necesita para proporcionar coartadas a sus crímenes. La impunidad exige la desmemoria. La memoria rota nos hace creer que estamos condenados a la resignación". Nosotros también decimos: acá estamos, y seguiremos estando. A pesar de los infructuosos esfuerzos del Ministro del Interior por echarnos. A pesar de la pretensión de muchos de querer aislarnos y convertir la causa de la A.M.I.A. en un tema exclusivamente judío. A pesar de que el brazo judicial de Balcarce 50 nos quiere hacer creer que la investigación de la masacre de la embajada de Israel no merece ser profundizada porque ya pasó demasiado tiempo. No podrán destruirnos la memoria, porque no nos van a condenar a la resignación. Eduardo Galeano escribió acerca de la memoria porfiada: "¿La historia se repite, o se repite sólo como penitencia de quienes son incapaces de escucharla?" Nosotros también decimos: los mismos crímenes, los mismos muertos, los mismos familiares reclamando justicia por sus muertos. Los crímenes del gatillo fácil, los crímenes contra periodistas, los crímenes de la Embajada y la A.M.I.A. Los crímenes son los mismos. El escenario, la escenografía y los actores también: la impunidad en nuestra castigada democracia. Eduardo Galeano concluyó en "Memorias y desmemorias": "No hay historia muda. Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la memoria humana se niega a callarse la boca. El tiempo que fue sigue latiendo". Nosotros también concluimos: nuestro tiempo seguirá latiendo, porque no vamos a aceptar ninguna otra cosa que no sea la verdad. Nuestro tiempo seguirá latiendo porque no vamos a aceptar otra cosa que a los culpables juzgados y castigados. Nuestro tiempo seguirá latiendo aunque lamentablemente tengamos que citar a otro Galeano, que no es precisamente el juez a cargo de la causa. Nuestro tiempo seguirá latiendo porque los que ya no tienen voz son los que más voz tienen. Lunes 9 de junio de 1997. Semanas atrás trascendió una información acerca de que el Congreso de los Estados Unidos está tratando un proyecto de resolución conjunto, referido a los atentados contra la embajada de Israel y la A.M.I.A., con un contenido crítico sobre la marcha de las investigaciones. La resolución critica precisamente el fracaso en encontrar a los responsables de ambos atentados, y señala la ineficiencia de la Corte Suprema como cuerpo colegiado para investigar el atentado a la Embajada. No podemos dejar de recordar las palabras de otro norteamericano, el rabino Abi Weiss, que en julio de 1995 afirmaba que las investigaciones no avanzaban porque había encubrimiento por parte del poder político de este país. Todos recordaremos la lluvia de críticas que cayeron sobre el rabino, y muy especialmente el mote de delirante y loco que emanó del Presidente de la Nación. Hoy, casi dos años después, los hechos hablan. Y nosotros, ¿acaso no tenemos el derecho de hablar de encubrimiento en el atentado a la Embajada, cuando recién el 27 de diciembre de 1996, la Corte envió un requerimiento a las autoridades de la C.I.A. para que aporten datos acerca de la eventual participación de Hezbollah? ¿Qué otra cosa podemos pensar cuando los resultados de análisis aportados por expertos norteamericanos jamás fueron aportados a la investigación? Mientras tanto sigue la discusión de peritos acerca del lugar de la explosión, instalando la tan deleznable postura de convertir a las víctimas en sus propios victimarios. ¿Acaso no tenemos el derecho de hablar de encubrimiento cuando la entrega de Juan José Ribelli fue arreglada con el conocimiento del jefe de la mejor policía del mundo, Pedro Klodczyk; cuando Alberto Piotti se preocupaba en La Plata por la defensa de los muchachos cuando iban a ser detenidos y procesados como partícipes necesarios del atentado? La respuesta es sí, tenemos el derecho porque hay encubrimiento, que lamentablemente se enlaza con el crimen del fotógrafo José Luis Cabezas, y quién sabe, con los crímenes por venir, si este estado de indefensión se perpetúa en el tiempo. El rabino Weiss no estaba loco. Y los familiares de las víctimas seguiremos insistiendo para lograr una nueva sesión especial en el Congreso de los Estados Unidos, mal que le pese a la Cancillería argentina. Lunes 16 de junio de 1997 El pasado martes 10 de junio, el Gobernador Duhalde se comprometió personalmente ante el juez Galeano en la investigación de la voladura de la A.M.I.A. Este hecho resulta por demás llamativo, sobre todo si tenemos en cuenta que ni siquiera en los días posteriores al atentado el Dr. Duhalde emitió opinión alguna al respecto. ¿A qué se debe esta irrupción volcánica en el juzgado de Galeano de quien es responsable de los policías que entregaran el vehículo que voló la A.M.I.A.? Se pueden ensayar distintas hipótesis, pero sólo una parece encajar en este repentino interés del aspirante a Presidente de la Nación. Semanas atrás la Comisión Bicameral de seguimiento del atentado a la A.M.I.A. habría llegado a un acuerdo respecto de la ley antiterrorista: no habría sanción de dicha ley siempre y cuando se incorporaran algunas reformas al Código Penal, en particular, en el artículo 41, en el cual quedaría incluida la figura del arrepentido. Por cierto que las urgencias de Duhalde no son las mismas que las de la Bicameral, en especial, cuando se trata de ubicar a Prellezo como arrepentido y poder resolver así un crimen que aún empaña su sueño presidencial mucho más que la masacre de la A.M.I.A.: el crimen de José Luis Cabezas, que efectivamente ocurrió en su territorio. En consecuencia la realidad vuelve a señalar que la voluntad de esclarecer crímenes sólo responde a aspiraciones políticas de particulares. Pero la impronta profunda es aún más dolorosa: trabajan para ocultar la verdad y negar la posibilidad de que se haga justicia. Casi tres años atrás sus hombres ya habían mentido: el cabo primero Jorge Bordón y el sargento Adolfo Guzmán de la Policía Federal eran los dos únicos testigos que sostenían que el volquete de la empresa Santa Rita había llegado a las 8 de la mañana a la puerta de la A.M.I.A. Todos los testimonios señalan que dicho volquete había llegado 15 minutos antes de la explosión. Tal vez el testimonio de los policías no era importante y es así que las explicaciones siguen brillando por su ausencia. Hace un poco más de dos años ocurrió el atentado de Oklahoma. Hoy el asesino ya ha sido juzgado y condenado. Si el Dr. Menem, en vez de buscar inútilmente nuestro perdón, se hubiese propuesto esclarecer la masacre de nuestros familiares, su sueño de que Argentina formara parte del primer mundo, tal vez, y aunque sea en parte, ya se habría cumplido. Lunes 23 de junio de 1997. El diario Página 12, en su edición de ayer, publicó una información acerca de que el ex comisario Juan José Ribelli se había graduado en estudios antiterroristas en los Estados Unidos apenas 5 meses antes de la voladura de la A.M.I.A. Parece ser que la pasión de Ribelli por este tipo de temática no sólo es anterior al atentado sino también posterior. A fojas 3470 del expediente Brigadas, el juez Galeano le solicita al Secretario de la S.I.D.E. que informe todo dato sobre la comisión de servicio aprobada por la policía bonaerense el 25 de septiembre de 1995, autorizando a Ribelli la salida del país con destino a Libia y Egipto. Debía especificar características sobre el Congreso Internacional de Ecología, Deporte y Seguridad al que concurrió, y que se llevara a cabo entre el 26 de septiembre y el 9 de octubre de 1995. El Subsecretario de la S.I.D.E., escuetamente responde que Ribelli egresó de la Argentina el 1 de octubre de 1995, pero con destino a Madrid, ingresando nuevamente el 18 de octubre. Las fechas se superponen, pero los destinos no. Más adelante el juez Galeano le solicita al juez Llermanos información similar a la que le había pedido a la S.I.D.E. En principio, Ribelli le había pedido al juez Llermanos que lo presentara para poder asistir al mencionado congreso. Según Llermanos el viaje después se suspendió por razones que desconoce. La realidad es que Ribelli salió del país con destino un tanto incierto. No sabemos si alguien reparó en esta información. De todos modos el expediente principal y algunos de los legajos a los que pudimos acceder abundan en informaciones que se parecen mucho a montajes permanentes. Hace unos meses un político pronunció la frase: "la masacre de la A.M.I.A. no da votos". Probablemente el crimen de Cabezas tampoco. Y entretanto seguirán multiplicándose las muertes de civiles, y los políticos elegirán para sus plataformas aquellos temas que garanticen votos. Y mal que les pese a muchos los damnificados seguiremos reclamando por el esclarecimiento de los homicidios de nuestros familiares hasta que el poder judicial abandone la trampa del encubrimiento y de una vez por todas haga su trabajo: justicia. Lunes 7 de julio de 1997. La cercanía de un nuevo aniversario provoca en cada uno de nosotros diversos sentimientos. Pero hay algo que permanece indemne: nuestra memoria, que no implica sólo un mero recordar, sino que nos impulsa a seguir manteniendo vivo nuestro permanente reclamo de justicia. Hoy seguimos sumando evidencias a la larga lista de encubrimientos, que tiene como padrino dilecto al Presidente Menem. Pero ya no se trata únicamente de encubrimientos posteriores al atentado. El 23 de marzo de 1992, los integrantes de los Servicios Secretos de Información de Israel, España y Estados Unidos, le dieron un diagnóstico al entonces Ministro del Interior José Luis Manzano, en relación al atentado a la Embajada: este atentado ubica a la Argentina como un blanco, y si no se logra determinar quiénes son, este país seguirá siendo un blanco. Tal vez por ello Menem le pidió asesoramiento a Horacio Calderón, un experto en cuestiones de Medio Oriente, con quien el Presidente había compartido un viaje a Libia para asistir a un congreso que en esa oportunidad no trató precisamente la temática ecológica. En su informe, Calderón concluía que si no se tomaban medidas preventivas sería atacados otros objetivos argentinos. Los años transcurrieron y Menem no prestó demasiada atención a estas advertencias. En marzo de 1994, Robert Gelbard, Subsecretario del Departamento de Estado de los Estados Unidos para asuntos de narcotráfico y terrorismo, expresó su preocupación porque la permeabilidad de las autoridades locales pudiera facilitar posibles atentados de grupos fundamentalistas. Después de la bomba, Menem no tardó en afirmar que no estaban advertidos, a pesar de que Hugo Anzorregui, y el entonces Embajador Granillo Ocampo, habrían tenido conocimiento de dicha advertencia. Hoy el ex Embajador ha sido reciclado, nada más ni nada menos que como Ministro de Justicia; y en tal carácter ha establecido contactos con la Suprema Corte de la Nación. La misma Corte que ha demostrado estar solapadamente empecinada en archivar la causa de la embajada de Israel, y que ha pretendido colocar a la Policía Judicial en manos de la Policía Federal, que tanto ha colaborado en la investigación del atentado a la A.M.I.A. Por todo lo expuesto es razonable concluir que el gobierno ha cometido el acto ilícito de omisión, que es coherente con la pasmosa impunidad con que se cometió el atentado. La omisión origina responsabilidad, y parece que a los tres años el señor Presidente no tiene registro de lo que ello significa. Discurso del viernes 18 de julio de 1997, a tres años del atentado a la A.M.I.A. Cierro los ojos e imagino que es el 18 de julio de 1994 a las 7 de la mañana. Nos levantamos como cualquier lunes para comenzar la semana. Los padres comparten el desayuno con sus hijos, y todos nos decimos te amo antes de salir de casa. Pero muchos no lo hicimos porque jamás hubiéramos pensado que sería la última vez. Cierro los ojos e imagino que es aquel 18 de julio a las 10 de la mañana. Mónica y Félix van a trabajar, Romina a la facultad, Jorge le lleva el café a un cliente y Sebastián, con sus cinco años, sigue caminando con su mamá por la calle Pasteur. Ninguno de ellos llegará a su destino. Abro los ojos y me invade la imagen del horror: humo, bomberos, policías, gente que empuja, gente que llora, gente que grita, gente que reza, gente que no puede hacer nada, ni llorar ni gritar, ni siquiera maldecir: 7 minutos antes de las 10 habían volado el edificio de la A.M.I.A. Cierro los ojos e imagino que son las 11 de la mañana de aquel 18 de julio. La gente que trabaja en la A.M.I.A. sigue haciéndolo: Marisa sonríe a los que entran al edificio, las chicas del servicio social atienden a personas preocupadas y toda la gente que espera en la bolsa de trabajo consigue trabajo en vez de morirse. Rita y los muchachos de sepelios ayudan a Luis, Fabián, Pablo y Elías que van a enterrar a su abuelo mientras Néstor sigue probando el aire acondicionado y los albañiles de la obra revocan las paredes que todavía siguen en pie. Pero cuando los abro me encuentro 3 años después, escuchando las declaraciones del Ministro del Interior, Carlos Corach, en las que se vanagloria de haber aportado recursos económicos para la reconstrucción de la A.M.I.A. y de haber subsidiado a los familiares de las víctimas, como si esto guardara alguna relación con el esclarecimiento del atentado. Cierro los ojos e imagino que son las 4 de la tarde de aquel 18 de julio. Los chicos vuelven de la escuela, meriendan, prenden la televisión y la programación es normal, sin escombros ni muerte. Pero cuando los abro me encuentro 3 años después con que nada se hizo con la famosa semiplena prueba iraní nunca aportada por el Presidente Menem, nada se hizo con los 4 diplomáticos iraníes que nunca pudieron ser interrogados; y nada, absolutamente nada hizo el Ministro de Relaciones Exteriores con el aviso previo del brasileño Wilson Dos Santos, quien anticipó el atentado ante la Cónsul argentina en Milán a principios de julio de 1994. Cierro los ojos e imagino que son las 8 de la noche de aquel 18 de julio. Al igual que cualquier otro día la familia espera impaciente el sonido de las llaves en la puerta, porque es Andrés quien llega, y con su llegada ilumina sus vidas. Pero cuando los abro me encuentro 3 años después con otras víctimas de la misma impunidad: los 29 muertos en el atentado a la embajada de Israel y el fotógrafo José Luis Cabezas, asesinado hace casi 6 meses. Sus familiares, doloridos y angustiados como nosotros, observan azorados el desfile de testigos que complican la investigación, mientras los asesinos seguramente se vanaglorian del crimen cometido y confían en el gobierno nacional que les cuida las espaldas. Cierro los ojos e imagino que son las 9 de la noche de aquel 18 de julio. Los vecinos de la A.M.I.A. vuelven a sus casas, Agustín cena en familia y Paola les cuenta a todos cómo resultó su día. Christian comenta su último artículo, Andrea visita a sus padres, y todas las familias se sientan a la mesa. No hay ninguna silla vacía, no hay ningún plato de comida sin comer, y no hay nuevos huérfanos de padres, ni de hijos, ni de esposos o esposas, ni de hermanos, ni de nietos, ni de abuelos, ni de amigos entrañables. Pero cuando los abro me encuentro 3 años después con que los hombres de la mejor policía del mundo, los mismos que deberían contribuir a consolidar la paz interior, decidieron cruzar la Avenida General Paz para participar del atentado más sangriento perpetrado contra un blanco civil en la capital del país de la impunidad. Ribelli, Leal, Ibarra y Bareiro, los 4 policías presos procesados por ser partícipes necesarios en el atentado pertenecían a la tan elogiada Policía de la Provincia de Buenos Aires, cuyo jefe, Pedro Klodzcyk, abandonó su puesto sin que nadie le pidiera ninguna explicación. Cierro los ojos e imagino que son las 10 de la noche de aquel 18 de julio. Kuky besa a sus hijos y los acuesta, Silvana le da la mamadera a su beba, Yanina y Verónica salen con sus novios y Jaime le juega a su nieta. Dorita sale a cenar, Fabián vuelve del cine y Nomi charla con sus hijas que ya son casi adolescentes. Pero cuando los abro y escucho, no escucho las risas de los que hemos perdido, sino amenazas. Los familiares, repito, los familiares de las víctimas somos amenazados por quienes continúan con la parodia del miedo en un país donde gobierna la sombra y la impunidad. Uno de nosotros amenazado de muerte, perseguido en auto por desconocidos; otros, recibiendo llamadas intimidatorias, haciendo denuncias que parecen no importar a nadie. Memoria Activa amenazada con ser víctima de un atentado durante un acto de los lunes, el Hospital Israelita evacuado por amenazas, escuelas judías desalojadas. Cementerios judíos profanados en todo el país ante la mirada atónita de la comunidad. Se han gastado millones en una pista de aterrizaje en un remoto lugar de provincia con el propósito de salvaguardar la seguridad de una persona, y no se ha puesto medio alguno para investigar las amenazas de muchos, que no son otra cosa que la actual continuación del drama y la vergüenza. El horror continúa después del horror: nunca se encontraron a los responsables de dichas amenazas y el Ministerio del Interior sigue sin ocuparse de la seguridad de los argentinos. Sólo se ocupa de batir los récords semanales de repudio de atentados, agresiones y amenazas. A pesar de que pretenden instalar el miedo, la desesperación, el agobio, y la espantosa sensación de que nada vale la pena, este acto masivo es la prueba de que no nos sentimos agobiados y de que nuestro reclamo de justicia y memoria sí vale la pena. Cierro los ojos e imagino que son las 11 de la noche de aquel 18 de julio. La vida sigue siendo vida, y nadie nos partió por la mitad, y nadie truncó nuestros sueños, y nadie destrozó a nuestras familias, y nadie mutiló 86 esperanzas y 86 futuros. Pero cuando los abro me encuentro 3 años después con un Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, ferviente amante del sillón presidencial, que reconoce como un simple error de apreciación la evaluación que hizo de su maldita policía; y con un Presidente de la Nación, Carlos Menem, que lo único que supo hacer fue balbucear un pedido de perdón ofensivo, indignante e irrespetuoso. Todos los crímenes y atentados cometidos y por ocurrir tienen un denominador común. Yo acuso al gobierno de Menem y Duhalde de consentir la impunidad, de consentir la indiferencia de los que saben y callan, de consentir la inseguridad, la impericia y la ineptitud. Yo acuso al gobierno de Menem y Duhalde de encubrir la conexión local, que sirvió para matar a nuestros familiares. Cierro los ojos e imagino que son las 12 de la noche de aquel 18 de julio. Todos dormimos los sueños, todos tenemos a nuestras familias enteras y todos proyectamos para el día siguiente la irrespetuosa locura de vivir, el desafiante pensamiento de vivir, el ilusorio deseo de vivir. Pero cuando los abro me encuentro 3 años después con la irrespetuosa locura de querer justicia, con el desafiante pensamiento de exigir justicia, con el ilusorio deseo del nunca más. Hoy es 18 de julio y pasaron 3 años, 3 años, 3 años; y como en cada aniversario y en cada día de nuestras vidas seguimos sin tener respuesta. Por eso, como en cada aniversario, decimos: Hoy estamos aquí, en la última esquina de sus vidas, en la primera esquina del largo camino que nos toca transitar reclamando justicia. Porque hace exactamente 3 años se apagaron sus risas, nuestras risas y todas las risas compartidas que ya no serán. Porque se esfumaron sus sueños, nuestros sueños y el sinfín de sueños compartidos en nubes de explosivos y horror. Y porque esa mañana salieron
de sus casas como todas las mañanas y no volvieron LOS MUERTOS DE LA A.M.I.A.:
PRESENTES. Lunes 21 de julio de 1997. En nombre de los familiares y amigos de las víctimas quiero, en primer lugar, agradecer profundamente a toda la gente que, con su calidez, con sus reclamos y con su apoyo, nos acompañó el día 18 en la calle Pasteur y en esta plaza. Para nosotros fue un día muy duro. A pesar de que todos los días del año recordamos y el dolor nos acompaña en forma permanente, ese día parecía profundizarse. La compañía de ustedes nos ayudó, nos hizo sentir que valía la pena seguir luchando y en eso estamos. Queremos decirles que el discurso que leyó la Sra. Laura Guinsberg es un discurso realizado y consensuado por todos los familiares. Es nuestro discurso. Y seguimos pensando y sintiendo lo que decimos en ese discurso, que es además lo que venimos diciendo desde hace tres años. No vamos a movernos un ápice de nuestros pensamientos. Nuestro objetivo es uno solo. Llegar a la verdad, mantener la memoria y exigir justicia, y de ahí no nos vamos a mover. Lunes 28 de julio de 1997 El 19 de abril de 1995 nos encontrábamos en la oficina del entonces Ministro Consejero de la embajada de Israel en Buenos Aires, Dani Carmón, quien perdió a su esposa Eli en el atentado a la embajada de Israel el 17 de marzo de 1992. Recordamos la fecha del encuentro porque ese mismo día ocurría el atentado de Oklahoma. En esa oportunidad Dani ya nos estaba advirtiendo de la por él denominada "trampa Carmón": "no importa cuán lúcidas e inteligentes sean sus apreciaciones acerca de la realidad, para algunos sólo serán fruto del dolor que padecen por la pérdida del ser querido. Es muy difícil escapar de la trampa", decía. Nuestro dolor no cesa. Conforme transcurren los sucesivos aniversarios y la falta de respuestas, el dolor se acrecienta, y de algún modo se transforma en la energía y la fuerza que nos empuja a querer saber, de una vez por todas, quiénes asesinaron a nuestros familiares. Así es que seguimos manteniendo nuestro reclamo de justicia y memoria, y seguimos denunciando el encubrimiento y la notoria falta de decisión política para esclarecer esta terrible masacre. Después del acto masivo del 18 de julio en la calle Pasteur, algunos funcionarios del gobierno arremetieron con la intención de encerrar a los familiares en la famosa trampa, con el único objetivo de minimizar nuestros reclamos. Sin embargo, el mensaje oficial resultó un poco esquizofrénico. Si nosotros hablamos únicamente desde el dolor, ¿por qué el Presidente Menem pidió copias del discurso de los familiares inmediatamente después del acto con la intención de analizarlo y, eventualmente, iniciar una demanda por calumnias e injurias? ¿Cómo no vamos a sentirnos indignados cuando leemos las declaraciones del Gobernador Duhalde que dijo: "Cuando viene de un familiar que ha sufrido lo que ha sufrido, yo en el caso de ella diría cosas peores"? Le preguntamos al Gobernador: ¿qué otras cosas peores diría que nosotros todavía desconocemos? ¿Cómo puede declarar que si no hay un tábano picando permanentemente, uno, por ahí, no le presta la atención que debe prestarle? Nada más ni nada menos que al esclarecimiento del homicidio múltiple de 86 personas, en el cual permanecen procesados y presos miembros de su propia fuerza policial. La exageración es el concepto, hecho o cosa que excede los límites de la justicia, la verdad o la razón. Es harto evidente que no somos los familiares de las víctimas los que estamos exagerando. Y además, no nos escondemos entre comillas. Lunes 11 de agosto de 1997. Ayer, domingo 10 de agosto, en la Catedral de Buenos Aires, el arzobispo de Nueva York, Cardenal John O´Connor, tributó un homenaje a los mártires del holocausto, y a las víctimas de los atentados a la Embajada y la A.M.I.A. En su homilía habló sobre su presencia, a través de un representante de su Iglesia, en el tercer aniversario del atentado a la A.M.I.A. que se hizo frente a la sede del Consulado argentino en Nueva York. Se disculpó porque no pudo estar personalmente, pero agregó que si él viviese en Argentina permanentemente estaría con los familiares de las víctimas, porque el lugar del pastor es estar con los hermanos que sufren. También relató un cuento jasídico en relación al holocausto, que fue muy conmovedor. Posteriormente, frente a la placa recordatoria al holocausto y a ambos atentados, habló con quienes fuimos en representación de Familiares y de Memoria Activa, nos dio sus condolencias, y nos aseguró que permanentemente, esté donde esté, porque es un hombre que viaja mucho, va a intentar que nuestro reclamo de justicia sea escuchado en todas partes, y fundamentalmente por el gobierno argentino. Nosotros nos sentimos muy emocionados de haber escuchado a una persona del prestigio del Cardenal, y pensamos que tal vez esto podría hacer cambiar de idea a muchos de los pastores de la Iglesia argentina, sobre todo a aquellos que tienen los cargos más importantes, y se acercaron tan poco para estar con nosotros. Lunes 18 de agosto de 1997. Han transcurrido 151 semanas desde aquel sangriento 18 de julio de 1994, y la catarata de preguntas y dudas es abrumadora. Sin embargo hay preguntas que se reciclan. ¿Cómo no señalar las contradicciones del gobierno nacional, cuando el 18 de julio pasado, en una conferencia de prensa, el Ministro del Interior Carlos Corach decía que todo el esfuerzo de las Fuerzas de Seguridad de la Nación, del poder de investigación del Estado, de sus Servicios de Inteligencia está irrestrictamente puesto desde el principio en esta investigación; y un mes después dispone la creación de una nueva unidad antiterrorista a cargo de la Policía Federal Argentina? Es evidente de que no estaban todos los recursos a disposición, y aún hoy no tenemos certeza de que así sea. ¿Cómo no sentirnos azorados cuando existía un decreto presidencial de 1994 que establece una recompensa para quien aporte datos concretos a la investigación del atentado, que recién es publicitado dos semanas atrás? ¿Cómo no sentir preocupación ante la posibilidad de un tercer atentado cuando el Subsecretario de la S.I.D.E., Sr. Toranzo, dice que sus hombres hicieron cursos después del atentado a la Embajada como única forma de prevenir futuros ataques? ¿Cómo no sentirnos indignados cuando a 37 meses de la masacre de la A.M.I.A. los hombres de la justicia todavía no conocen los quiénes, el cómo y el por qué de semejante crimen? Queremos compartir las palabras que Juan Gelman escribió días atrás: "Hay quienes no critican mis posiciones por respeto a mis dolores. Eso sería insultante si no fuera pueril. El verdadero respeto al dolor no radica en perdonarlo sino en reconocerlo." Lunes 25 de agosto de 1997 Hay tiempos que nunca pueden ser compartidos entre los seres humanos. Sin embargo, hay un tiempo que nos une y nos marca a la vez, y nos obliga a compartir un espacio comprometido. Es el tiempo cronológico, el que inexorablemente nos recuerda que el próximo 8 de septiembre se cumplirán 2.000 días del atentado contra la embajada de Israel en Buenos Aires, y 7 años del crimen de María Soledad Morales en Catamarca. Es el tiempo cronológico que indica que hoy han transcurrido 162 semanas de la masacre de la A.M.I.A. y también hoy, lunes 25 de agosto, se cumplen 7 meses del homicidio del fotógrafo José Luis Cabezas en Pinamar. Tal vez ha sido el caprichoso azar del tiempo cronológico el motivo por el cual hoy estamos reunidos junto con los compañeros de José Luis reclamando justicia. Sin embargo, no podemos hablar de azar cuando se trata de crímenes cometidos durante el gobierno menemista. No podernos hablar de azar cuando sabemos que nuestros muertos en la A.M.I.A. y José Luis son víctimas de la misma impunidad que ha echado raíces con la inacción, la complicidad, el encubrimiento y la falta de sensibilidad del gobierno de Menem y Duhalde. Esta impunidad en la que se amparan los asesinos, se perpetúa en cada una de las acciones y omisiones de funcionarios de gobierno, de las Fuerzas de Seguridad y del Poder Judicial cuando de investigar se trata. Sabemos que la tarea no es fácil y que el enemigo es muy poderoso. Es por ello que nos indigna el embate de la Corte Suprema de Justicia contra el Dr. Leopoldo Schiffrin, quien dignifica al Poder Judicial de la Nación. A la Corte no le alcanzó con lanzar la descabellada hipótesis de la implosión en relación a la voladura de la Embajada: además ataca frontalmente la investigación de la masacre de la A.M.I.A. a través de la promoción de juicio político del camarista Leopoldo Schiffrin, quien no vaciló en denunciar una red de complicidades inadmisibles en un estado de derecho, cuando quería investigar al ex comisario Pedro Klodczyk. Nada más ni nada menos que la Corte Suprema. Y después el gobierno nacional se irrita cuando los familiares de las víctimas lo acusarnos de encubrimiento. Lunes 1 de septiembre de 1997. A 163 semanas de ocurrida la masacre de la A.M.I.A., el ferviente amante del sillón presidencial todavía no ha logrado que la impunidad comience a desandar el camino: sin embargo, sí se ha embarcado en la ardua tarea del coqueteo preelectoral. Duhalde no tiene reparos en incorporar a sus filas a alguien como Rico, quien no dudó en afirmar que la conexión local del atentado contra la A.M.I.A. no existe, y en cuyo partido milita un diputado que fuera investigado en relación a la pista carapintada y que mágicamente logró que su domicilio no fuera allanado. También en Balcarce 50 han demostrado eficacia cuando de mejorar imagen se trata. La S.I.D.E. pudo localizar rápidamente al justicialista Pico cuando la orden emanó del propio Presidente Menem. Quisiéramos saber por qué Menem no imparte esa misma orden para encontrar con la misma celeridad a los asesinos de nuestros familiares. Tal vez sea más complejo. Tal vez tuvo razón un destacado periodista argentino, el Sr. Jacobo Timerman, cuando en julio de 1988 escribió en relación a Menem: "El otro error en política internacional fue la decisión de visitar a sus parientes en Siria. Por más que extrañe a sus familiares, Menem no puede ignorar el lugar que ocupa Siria en uno de los centros más conflictivos y explosivos del mundo, el Medio Oriente. Desde un punto de vista personal, yo creeré a Menem cuando afirme que no se entrevistará ni se entrevistó con líderes terroristas shiítas, palestinos, libaneses, sirios, irakíes. Pero desde un punto de vista político, esa credibilidad es difícil de imponer: Siria es un centro internacional del terrorismo y sus mayores ingresos económicos provienen de controlar el cultivo de la droga en la zona norte del Líbano ocupada por sus Fuerzas Armadas. Desde el costado político, jamás podrá demostrar el candidato peronista que su visita a Siria ha sido un episodio inocente, o que los enormes recursos de los petroleros árabes no presionarán sobre la vida institucional de los argentinos". Lamentablemente, fuimos y somos testigos de lo que ocurrió seis años después de que Timerman publicara este artículo. Fuimos y somos testigos de que existen voces cómplices que, por ahora en círculos reducidos, sostienen que la comunidad tiene que estar preparada para que no se encuentre a los culpables, tanto en la causa de la embajada de Israel como en la de la A.M.I.A. Estas palabras no son otra cosa que el pasaporte para que otros crímenes aberrantes ocurran. Lunes 8 de septiembre de 1997. Han pasado ya 2.000 días de aquel trágico 17 de marzo de 1992, en que se producía en la República Argentina el primer genocidio antijudío, todavía impune; el ataque contra la sede diplomática de Israel en Buenos Aires Queremos saber por qué no se comienza por investigar quién ordenó levantar la custodia policial de la embajada de Israel y la de la embajada de Rumania, ambas en la misma vereda, separadas por escasos metros, minutos antes del atentado ¿Quién ordenó retrasar el reemplazo de la guardia en la embajada de Israel ? ¿Por qué no se solicita el sumario administrativo interno de Policía Federal, que según trascendidos de distintos medios, se habría incorporado a raíz de todas estas irregularidades de miembros de la repartición ? Nada de esto se hizo, y esta burda y cómplice impunidad animó a los criminales a realizar su segunda brutal hazaña: la voladura de la A.M.I.A. La ciudadanía está harta de pistas falsas, de jueces complacientes y de policías cómplices. Basta ya de impunidad y de casos no resueltos: embajada de Israel, A.M.I.A., María Soledad, Bru, Carrasco, Bonino, Cabezas. Basta de esta vergüenza que enloda al país. Queremos justicia, eficiente e incorruptible. Lunes 15 de septiembre de 1997. El viernes pasado fuimos invitados a participar en el foro abierto de derechos humanos, caso A.M.I.A.: masacre e impunidad, organizado por la cátedra libre de derechos humanos del Dr. Osvaldo Bayer. El título resume claramente lo que ocurrió el 18 de julio de 1994, y por qué ocurrió, situación que no se ha modificado hasta el día de hoy. En efecto, el atentado a la A.M.I.A. fue un crimen político que pudo cometerse por segunda vez bajo el mismo gobierno democrático, entre otras cosas por no haber sido esclarecido el atentado contra la embajada de Israel. Hay quienes desde el gobierno prefirieron no asociar el primer atentado con el segundo, quizás como método para escapar de su responsabilidad por la impunidad reinante. Los argumentos fueron varios: no fue el mismo blanco, una cosa es territorio extranjero y otra cosa es una asociación mutual. En un único punto el poder político pudo reunir ambos hechos: fueron atentados antijudíos, ergo, sólo tienen que ver con la comunidad judía que no pareciera ser parte del conjunto de la sociedad. Tanto es así que después del atentado a la A.M.I.A. las condolencias de Menem fueron dirigidas al Primer Ministro israelí. Y de este modo lograron sectorizar, aislar ambos homicidios múltiples; haciendo hincapié únicamente en la conexión del terrorismo internacional, dejando de lado, casual o causalmente la conexión nacional, tan perfectamente estructurada dentro de las propias Fuerzas de Seguridad del Estado, las mismas que deberían aportar datos fidedignos al juez que instruye la causa. Sin embargo, con el tiempo, los decibeles respecto de la conexión internacional también fueron bajando, hasta finalmente escuchar que la bomba en la Embajada fue obra de la derecha israelí, y la de la A.M.I.A. producto de una interna judía, según Hugo Franco. Esto no es casual. Tampoco es casual que no se haya avanzado en la pista iraní o siria. ¿Habrá sido casualidad que un coronel del ejército sirio haya sido nombrado jefe de seguridad de Ezeiza, sin siquiera hablar una palabra de castellano, y hoy esté prófugo? ¿Habrá sido casualidad que un conocido traficante de armas y drogas, también sirio, haya conseguido el pasaporte argentino en tiempo récord? ¿Habrá sido casualidad que el Embajador argentino en Damasco, Munir Menem, entregara setenta visas argentinas a conocidos miembros de la red de tráfico de armas y drogas del valle de la Bekáa? ¿Habrá sido casualidad que los dólares que recibiera la agencia de autos que habría alquilado la camioneta que explotara en la calle Arroyo, tuviera sellos de casas de cambio en Siria, tal como lo afirma la inteligencia británica? Nada es producto de la casualidad, como tampoco lo es la reciente presentación de la Brigada Antiterrorista que colaborará hombro con hombro en el juzgado del Dr. Galeano; al igual que los hombres del área especial de la Secretaría de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, recién designados por decreto el 14 de julio de 1997. Ambas funciones inventadas en fechas próximas al tercer aniversario del atentado. Quizás, y producto de la tormenta electoral que le espera, Menem intente inventar algo más. Esperemos que no tenga la audacia que tuvo el 9 de diciembre de 1986, cuando dijo al diario "La Razón": "Nadie, menos el gobierno democrático, posee la aptitud moral para absolver encubiertamente a los ladrones, los torturadores y los homicidas". Y si así fuera, nosotros continuaremos en esta plaza para seguir denunciando la falta de voluntad política de su gobierno para descubrir, enjuiciar y castigar a los asesinos de nuestros familiares. Gentileza Memoria Activa. |
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Muchas gracias. |