La democracia en el Primer Mundo.
Las elecciones y la (ir)responsabilidad de la Prensa.

Nuestra corresponsal en Toronto (Canadá), Ana Mayte Medía de Coria, realiza un análisis de las reciente elecciones provinciales en esa ciudad. Para quienes vivimos en los países del llamado "Tercer Mundo", la descripción efectuada constituye una excelente ejercicio para la reflexión acerca del funcionamiento de un sistema y los medios de prensa, los cuales son idealizados en los países subdesarrollados. Un caso especial para tener en cuenta en la Argentina, dada la proximidad de las elecciones presidenciales y de la mayoría de las autoridades del país, que permite aprender del error ajeno.

De Ana-Mayte (Mendía) Coria. Desde Toronto (Canadá)

 

Mike Harris.
© Toronto Star

El lastimoso espectáculo de las recientemente celebradas elecciones provinciales de Ontario ha venido a demostrar que el cinismo y frustración que experimenta el votante tienen su raíz y fundamento en la sospecha de que se le ha despojado del poder de elegir a sus más dignos representantes. Depositar la papeleta en las urnas se ha convertido en un vano ejercicio que se sigue manteniendo vivo, parece, con el único propósito de dar a los "nombramientos" o "coronaciones" cierto aire democrático cuando lo cierto es que el proceso, cada vez mas, nos viene dictado.

Cuando el pasado cinco de mayo, despues de varios meses de especulación en la prensa sobre la posibilidad de que el gobierno provincial en el poder convocar a elecciones, finalmente se produce el llamamiento -al día siguiente de la lectura en el parlamento de un nuevo e inusitadamente generoso presupuesto-, y comienza una insólita campaña que más bien parece un espectáculo circense completo: desde las fieras a los payasos pasando por toda una gama de juegos malabares y saltos de trapecio. El espectador es el perplejo votante que asiste al espectáculo sin poder dar crédito ni a sus ojos ni a sus oídos. En los 29 días que duró la campaña electoral lo más palpable ha sido el abandono por parte de los medios de comunicación de su responsabilidad de informar. Salvo contadas y honrosas excepciones, lo que el habitante de Ontario ha recibido ha sido una avalancha de vaguedades, chusmerio y desinformación que nada tenía que ver con la plataforma de los diferentes partidos y no debería tener espacio en la llamada prensa seria.

A entender de quien escribe esta columna, la Prensa ocupa una posición privilegiada desde donde debería ser la voz del pueblo, sus oídos y la conciencia de aquellos a quienes hemos concedido el honor de representarnos. Para aquellos que tan sólo buscan el entretenimiento o el espectáculo ya existen los libros de ficción, las llamadas revistas del corazón o el teatro. Obviamente deben existir diferentes posturas editoriales para que exista la discusión. A mayor número de voces y opioniones mayor la oportunidad de ahondar, comparar, comprender y decidir. Antes de seguir quiero explicar los acontecimientos que precedieron a las elecciones sobre las que quiero tratar: El gobierno conservador (conocido como PC o Tory) de Mike Harris había llegado al poder en las elecciones anteriores utilizando el lema o eslogan "La Revolución del Sentido Común" cuyos puntos principales se definían en un folleto que los candidatos enarbolaban brazo en alto en todos y cada uno de sus discursos electorales y que no eran sino una llamada a despertar los peores instintos del electorado. Sentimientos y actitudes que hasta ese momento producían todavía una cierta dósis de verguenza y no se expresaban públicamente por temor al rechazo pasaron a ser respetables: el egoismo, la codicia, la absoluta indiferencia --casi odio-- hacia los menos favorecidos o mas vulnerable... "YO" como su eslogan electoral hubiera reflejado mas certeramente la política que iban a poner en práctica.

 

   

Los ataques se centraron en los desafortunados que dependían de un cheque de Bienestar Social para poner pan en la mesa, definiéndolos como un cáncer y presentándolos como una carga para "el pobre y sacrificado contribuyente." No se hizo distinción entre una minoría que ha dependido de Bienestar por generaciones y una mayoría que ha visto sus puestos de trabajo desaparecer hacia países con mano de obra barata y que se ha visto forzada a recurrir a la ayuda. Pese a que todos los niveles de gobierno prometieron la creación de programas de capacitación para los desempleados con el objeto de poner en sus manos los medios con que enfrentar el cambio, lo cierto es que con la culminación de las elecciones viene siempre el fin de las promesas y el incumplimiento de las que ya se formularon.

La promesa de reducir impuestos y recortar en un 22.3% la ayuda a los desempleados era música en los oídos de una población que en el fondo tiene miedo a perder su puesto de trabajo y pasar a engrosar las filas de esos a quienes ahora atacan. Las fotos en la prensa y las imágenes en la televisión presentaban al líder conservador en la cocina de cualquier familia "tipo" --"ordinary Ontarians" (ciudadanos comunes de Ontario) era su definición favorita-- cuyos componentes habían sido aleccionados para expresar su euforia ante la posibilidad de disponer de unos dólares más en sus bolsillos. El monto de lo que el recorte en los impuestos le suponía a esa familia "tipo" era una cifra irrisoria pero nadie preguntaba como se iba a sufragar ni lo que había que sacrificar a cambio, dado que todo tiene un precio.

Como primera medida para recuperar el dinero que iba a dejar de entrar debido al recorte de impuestos, empezaron las reestructuraciones de todos aquellos sectores a los que en su campaña se habian referido como "blood suckers" (literalmente "chupasangre"). Se nos dió una imagen de los los profesionales de la enseñanza como gentes con poco trabajo, altos sueldos y largas vacaciones al mismo tiempo que se nos hacía ver la dureza de nuestras vidas de trabajadores abnegados y saqueados por unas leyes impositivas asfixiantes encaminadas a mantener a esos grupos privilegiados. Se nos dijo que el sector de Salud Pública estaba en estado caótico. La semilla había sido sembrada y su fruto no se hizo esperar. La maleabilidad de la opinión pública se hizo patente en las llamadas a los programas de radio, que se convirtieron en plataforma desde la que instigar.

En su desesperación por recuperar el dinero que había dejado de entrar a las arcas provinciales debido a la reducción de impuestos que se prometió para comprar los votos, recurrieron a medidas extremas cuyas consecuencias -en algunos casos irreparables- no tardaron en sentirse y se van a sentir por años.

Se procedió a recortar cifras astronómicas de los fondos destinados a Educación. Para ello utilizaron una rígida fórmula que adjudica los fondos "por metro cuadrado" -previa eliminación de todo aquello que no consideran como estrictamente gastos de "aula"- lo que ha resultado en situaciones tan absurdas como la de que los gastos de limpieza, calefacción, etc. no hayan sido incluidos y que se exija un cierto número de población estudiantil de acuerdo al tamaño de la escuela sin tener en cuenta si la diferencia en metros cuadrados entre unas y otras puede estar en sus pasillos, lavabos o salas de calderas. Si una escuela no alcanza el número de alumnos que la fórmula le adjudica debe cerrar. Esto a su vez ha dado lugar a que en poblaciones donde una escuela no llega a la cifra, pero sus alumnos no pueden ser aceptados en las de alrededor por tener su cupo cubierto, debe cerrar... y transportar a sus estudiantes a ciudades o pueblos limítrofes. Bajo el pretexto de reformar el "curriculum" para adaptarlo a las nuevas necesidades, lo que le confiere cierto aire de respetabilidad, se ha eliminado un año -y su consiguiente costo- de secundaria, reduciéndola de cinco a cuatro años con la total eliminación del quinto conocido como OAC (Ontario Academic Credits) que viene a ser un pre-universitario. El resultado son cuatro años de secundaria en los que se ha intentado "apretar" el contenido de cinco. Las nuevas normas entran en vigor en Septiembre del año en curso y los educadores no tienen aun acceso al nuevo "curriculum", lo que hace imposible una adecuada preparación antes del comienzo del nuevo año escolar. Otra consecuencia, que prueba la falta de visión de éste gobierno, es que en Septiembre del 2003 las universidades no van a tener la capacidad, ni en espacio ni en el número de sus catedráticos, para absorver dos promociones juntas: la última en haber completado los cinco años de secundaria y la que habrá servido de "cobaya" para el experimento de los cuatro años. Se ha utilizado el sistema de "tamaño único" con el resultado de que se trata por igual a todas las escuelas de la provincia sin tener en cuenta por ejemplo las diferentes necesidades de las grandes ciudades en las que existe una mayor concentración de emigrantes y refugiados cuyo idioma lengua no es ninguna de las dos lenguas oficiales del país y que necesitan de programas especiales para compensar, lo que supone un gasto que no es común a todas las áreas.
Debido a los recortes en el sector de Salud Pública se han eliminado de la lista -o racionado su frecuencia- procedimientos médicos que hasta ahora estaban totalmente cubierto por el Seguro Médico-Hospitalario de Ontario (conocido como "Ontario Hospital Insurance Program u O.H.I.P.). Ante la necesidad de repetir unos análisis que nuestro médico considere necesarios nos veremos obligados a pagar una cuota que antes no existía. La alternativa, cuando se trata de nuestra salud, no existe.
Resumiendo, los habitantes de Ontario tienen ahora que pagar, por programas que antes eran totalmente gratuitos, un monto que supera varias veces al valor de la tan cacareada reducción de impuestos.

Todo esto, sin dejar de ser importante, queda empalidecido ante el ambiente de confrontación creado dentro de la ciudadanía. En el colmo de la irresponsabilidad este gobierno, cuando se dirige al pueblo, se expresa en términos tan divisorios como "nosotros" y "ellos". Se ha satanizado al vulnerable. Se culpa a la víctima.

Dado lo que antecede, era razonable esperar que los habitantes de Ontario aprovecharían las elecciones de Mayo para "castigar" a los autores del desaguisado.

Era no menos razonable esperar que la prensa tomara parte activa en hacer que los candidatos pusieran sus cartas sobre la mesa y que sus plataformas se airearan. Lo que obtuvimos fue una cobertura inepta, desprovista de profesionalismo y vergonzosa.

Los creadores de imagen a sueldo, importados de los Estados Unidos por el gobierno en el poder, nos sirvieron un menú a base de despropósitos, insultos personales a los candidatos de los dos partidos en la oposición y sabia manipulación de los medios de comunicación. Cuando lo que deberíamos haber estado discutiendo era la relevancia de los programas que cada partido ofrecía, de lo único que pudimos enterarnos es de que los conservadores nos pedían cuatro años más para poder terminar lo que habían empezado...

A falta de nuevas ideas nos presentaron "nuevos enemigos" a quienes odiar. Nos hablaron del alto índice de criminalidad cuando los datos existentes, recopilados año tras año, apuntan precisamente hacia un notable descenso de la ya de por sí baja cifra. Nos hablaron de la necesidad de "recuperar nuestras calles" cuando la gente puede caminar por ellas a cualquier hora del día o de la noche sin ningún temor -al parecer alguien se había olvidado de recordar a los bien remunerados "consultores" traídos del país vecino que estaban en Canadá y que nuestros problemas no tienen afinidad-. Tuvimos que asistir al triste espectáculo de una Asociación de Policias que por primera vez en la historia política de Ontario se apartaba de su postura de imparcialidad y se declaraba abiertamente partidista "invitando" a sus miembros a votar por el partido conservador -imagino que para sus líderes, si no para la totalidad de sus miembros, el ataque al crimen que prometían los Tories era música que se traduciría en una desviación de fondos hacia su rincón del cuadrilátero-. Para declarar sus simpatías no tuvieron escrúpulos en explotar los más lamentables estereotipos a base de carteles en el sistema de transporte de la ciudad que presentaban fotos del "típico pandillero latino" de Los Angeles, algo incomprensible dado que Toronto no adolece de ese tipo de problemas. A pesar de que tras la comprensible indignación en la comunidad hispano - parlante la TTC (Toronto Transit Commission) pidió disculpas públicamente a los latinos y retiró los carteles de sus vehículos, la Asociación de Policias de Ontario mantiene una postura intransigente y se niega a reconocer su error. Es inexcusable que un cuerpo que en teoría está supuesto a defender por igual a toda la ciudadanía haya dado pruebas tan flagrantes de su falta de sensibilidad etno-cultural y su partidismo.

Durante toda la campaña los medios de comunicación se hicieron eco de los comentarios y ataques personales de un líder hacia otro (sirva como ejemplo las machaconas repeticiones en los medios de la comparación que uno de los candidatos había hecho de otro por su parecido con Norman Bates, indudablemente con ánimo de presentarlo como alguien siniestro. Lo que curiosamente parece haber escapado a la sagacidad tanto del ofensor como de los comentaristas de la prensa es que en realidad Norman Bates era el "personaje" de la película "Psicósis" y que un parecido físico con el actor Anthony Perkins no tiene por qué atemorizar a nadie). La prensa entretanto mantenía un extraño silencio sobre lo que verdaderamente contaba en ese momento: la plataforma presentada por cada partido. Al término de un debate de los tres líderes en televisión los comentaristas se dedicaron a "analizar" la actuación frente a las cámaras de los candidatos, de su fotogenia o falta de ella, de si su manera de posar ante las cámaras denotaba condiciones de líder o falta de seguridad y carácter débil, de las veces que uno interrumpió y otro se dejó interrumpir... En definitiva: imagen. Se interpretaron las posturas matonas y la falta de clase como prueba de carácter recio y se confundieron los buenos modales, la cortesía y la buena educación con debilidad. En el actual mundo campa la política de negatividad. La insidiosa consecuencia de esta forma de pensar es que se convence a parte del electorado de que necesitamos mano dura y muy sutilmente se está cambiando el panorama de Ontario de provincia incluyente y compasiva a un lugar en el que un gobierno, aprovechando su mayoría parlamentaria, de un plumazo puede cambiar la legislación de forma dictatorial y acabar con leyes protectoras que tomaron años de lucha para conseguir.

 

   
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Danton McGuinty.
© Toronto Star

La prensa, en lugar de dedicarse a lo sustancial, se dejó manipular. Hasta aquellas publicaciones que durante cuatro años se han dedicado a recordarnos los fallos del gobierno le hacían el juego. No se concibe que un diario que se lamenta de la falta de visibilidad de candidatos que parten de la desventaja de ser nuevos frente a otros que ya tienen un par de elecciones a sus espaldas se dedique al mismo tiempo a publicar la foto del candidato más conocido en primera página o en tamaño notablemente mayor, independientemente de que la noticia tuviera relación con los tres candidatos. Inclusive cuando la nota era negativa para el candidato conservador al publicarla acompañada de una foto de gran tamaño y a todo color o en primera página lo hace mas visible y reconocible para el votante poco informado, lo que le dá ventaja. La publicación de fotos en las que a unos candidatos se les presenta sonrientes mientras las que se eligen de otro candidato lo muestran pensativo o lo captan en gestos poco elegantes no puede ser casual si se repite a través de los 29 días de campaña.

Cuando el candidato conservador, siguiendo su práctica de amedrentar al electorado, "pidió" a su contrincante del partido Liberal que dejara de pensar como abogado defensor y pusiera el interés del sufrido ciudadano y de las víctimas por encima del de "sus amigos criminales" la prensa se limitó a publicar el comentario, cuando lo que debería haber hecho es poner de manifiesto el golpe bajo de Mike Harris recordando al lector que de acuerdo a la ley canadiense "todo acusado es inocente hasta que se demuestre lo contrario" y que en su papel de abogado defensor Dalton McGuinty debe luchar por proteger los derechos del injustamente acusado. Tristemente, Canadá tiene varios ejemplos recientes de gente inocente que ha cumplido condenas -hasta 23 años en un caso concreto- y que merced a las nuevas técnicas genéticas han podido demostrar de manera irrefutable su inocencia.

 

   
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De nada sirve que la prensa denuncie la injusticia, la corrupción, la práctica de la polarización, el talante de "matón" etc., si cuando cuenta, a la hora de las elecciones, en lugar de informar al votante, de hacer a los candidatos las preguntas que el electorado les haría si tuviera acceso a ellos, se dedica a resaltar banalidades y permite que después de 29 días de campaña los candidatos consigan llegar al día del voto sin haberse visto en la necesidad de tener que defender o explicar su plataforma para que el pueblo pueda decidir. El resultado son unas elecciones en las que una gran parte del electorado, que se siente impotente, en su frustración juzgue el acto de votar como un ejercicio inútil en lugar de como el mecanismo que le permite cambiar la situación --que no es irreversible-- y se queda en su casa. Dado que voto en este país es voluntario y se considera como un derecho en lugar de como una obligación, ante lo que considera la inevitabilidad del resultado el votante le dá la espalda a las urnas en señal de protesta. Algunos incluso, pese a ser contrarios a la política que se ha venido practicando, consideraron que este gobierno ha ido ya demasiado lejos y --apretando con dos dedos su nariz para escapar al olor-- han votado por los conservadores por considear que sus medidas son ya irreversibles y que votar por otro partido era exponerse a otra dósis de caos.

El precio a pagar es alto: cuatro años más de lo mismo: caos, recortes y polarización que nos marcarán irremediablemente. La recuperación, si se logra, será lenta y penosa. pero no total. El gobierno que suba al poder dentro de cuatro años va a estar limitado porque el electorado no va a tener el apetito necesario para dar luz verde a un proceso de marcha atrás que lo sumerja nuevamente en el caos, por muy buenas que sean las intenciones.

¿Y los medios de INFORMACION? De vacaciones. Lo dicho: un triste y bochornoso espectáculo.

De Ana-Mayte (Mendía) Coria. Desde Toronto (Canadá)

   

 

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