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Los ataques se centraron
en los desafortunados que dependían de un cheque de Bienestar Social para
poner pan en la mesa, definiéndolos como un cáncer y presentándolos como
una carga para "el pobre y sacrificado contribuyente." No se
hizo distinción entre una minoría que ha dependido de Bienestar por generaciones
y una mayoría que ha visto sus puestos de trabajo desaparecer hacia países
con mano de obra barata y que se ha visto forzada a recurrir a la ayuda.
Pese a que todos los niveles de gobierno prometieron la creación de programas
de capacitación para los desempleados con el objeto de poner en sus manos
los medios con que enfrentar el cambio, lo cierto es que con la culminación
de las elecciones viene siempre el fin de las promesas y el incumplimiento
de las que ya se formularon.
La promesa de reducir impuestos
y recortar en un 22.3% la ayuda a los desempleados era música en los oídos
de una población que en el fondo tiene miedo a perder su puesto de trabajo
y pasar a engrosar las filas de esos a quienes ahora atacan. Las fotos
en la prensa y las imágenes en la televisión presentaban al líder conservador
en la cocina de cualquier familia "tipo" --"ordinary Ontarians"
(ciudadanos comunes de Ontario) era su definición favorita-- cuyos componentes
habían sido aleccionados para expresar su euforia ante la posibilidad
de disponer de unos dólares más en sus bolsillos. El monto de lo que el
recorte en los impuestos le suponía a esa familia "tipo" era
una cifra irrisoria pero nadie preguntaba como se iba a sufragar ni lo
que había que sacrificar a cambio, dado que todo tiene un precio.
Como primera medida para
recuperar el dinero que iba a dejar de entrar debido al recorte de impuestos,
empezaron las reestructuraciones de todos aquellos sectores a los que
en su campaña se habian referido como "blood suckers" (literalmente
"chupasangre"). Se nos dió una imagen de los los profesionales
de la enseñanza como gentes con poco trabajo, altos sueldos y largas vacaciones
al mismo tiempo que se nos hacía ver la dureza de nuestras vidas de trabajadores
abnegados y saqueados por unas leyes impositivas asfixiantes encaminadas
a mantener a esos grupos privilegiados. Se nos dijo que el sector de Salud
Pública estaba en estado caótico. La semilla había sido sembrada y su
fruto no se hizo esperar. La maleabilidad de la opinión pública se hizo
patente en las llamadas a los programas de radio, que se convirtieron
en plataforma desde la que instigar.
En su desesperación por recuperar
el dinero que había dejado de entrar a las arcas provinciales debido a
la reducción de impuestos que se prometió para comprar los votos, recurrieron
a medidas extremas cuyas consecuencias -en algunos casos irreparables-
no tardaron en sentirse y se van a sentir por años.
Se procedió a recortar cifras
astronómicas de los fondos destinados a Educación. Para ello utilizaron
una rígida fórmula que adjudica los fondos "por metro cuadrado"
-previa eliminación de todo aquello que no consideran como estrictamente
gastos de "aula"- lo que ha resultado en situaciones tan absurdas
como la de que los gastos de limpieza, calefacción, etc. no hayan sido
incluidos y que se exija un cierto número de población estudiantil de
acuerdo al tamaño de la escuela sin tener en cuenta si la diferencia en
metros cuadrados entre unas y otras puede estar en sus pasillos, lavabos
o salas de calderas. Si una escuela no alcanza el número de alumnos que
la fórmula le adjudica debe cerrar. Esto a su vez ha dado lugar a que
en poblaciones donde una escuela no llega a la cifra, pero sus alumnos
no pueden ser aceptados en las de alrededor por tener su cupo cubierto,
debe cerrar... y transportar a sus estudiantes a ciudades o pueblos limítrofes.
Bajo el pretexto de reformar el "curriculum" para adaptarlo
a las nuevas necesidades, lo que le confiere cierto aire de respetabilidad,
se ha eliminado un año -y su consiguiente costo- de secundaria, reduciéndola
de cinco a cuatro años con la total eliminación del quinto conocido como
OAC (Ontario Academic Credits) que viene a ser un pre-universitario. El
resultado son cuatro años de secundaria en los que se ha intentado "apretar"
el contenido de cinco. Las nuevas normas entran en vigor en Septiembre
del año en curso y los educadores no tienen aun acceso al nuevo "curriculum",
lo que hace imposible una adecuada preparación antes del comienzo del
nuevo año escolar. Otra consecuencia, que prueba la falta de visión de
éste gobierno, es que en Septiembre del 2003 las universidades no van
a tener la capacidad, ni en espacio ni en el número de sus catedráticos,
para absorver dos promociones juntas: la última en haber completado los
cinco años de secundaria y la que habrá servido de "cobaya"
para el experimento de los cuatro años. Se ha utilizado el sistema de
"tamaño único" con el resultado de que se trata por igual a
todas las escuelas de la provincia sin tener en cuenta por ejemplo las
diferentes necesidades de las grandes ciudades en las que existe una mayor
concentración de emigrantes y refugiados cuyo idioma lengua no es ninguna
de las dos lenguas oficiales del país y que necesitan de programas especiales
para compensar, lo que supone un gasto que no es común a todas las áreas.
Debido a los recortes en el sector de Salud Pública se han eliminado de
la lista -o racionado su frecuencia- procedimientos médicos que hasta
ahora estaban totalmente cubierto por el Seguro Médico-Hospitalario de
Ontario (conocido como "Ontario Hospital Insurance Program u O.H.I.P.).
Ante la necesidad de repetir unos análisis que nuestro médico considere
necesarios nos veremos obligados a pagar una cuota que antes no existía.
La alternativa, cuando se trata de nuestra salud, no existe.
Resumiendo, los habitantes de Ontario tienen ahora que pagar, por programas
que antes eran totalmente gratuitos, un monto que supera varias veces
al valor de la tan cacareada reducción de impuestos.
Todo esto, sin dejar de ser
importante, queda empalidecido ante el ambiente de confrontación creado
dentro de la ciudadanía. En el colmo de la irresponsabilidad este gobierno,
cuando se dirige al pueblo, se expresa en términos tan divisorios como
"nosotros" y "ellos". Se ha satanizado al vulnerable.
Se culpa a la víctima.
Dado lo que antecede, era
razonable esperar que los habitantes de Ontario aprovecharían las elecciones
de Mayo para "castigar" a los autores del desaguisado.
Era no menos razonable esperar
que la prensa tomara parte activa en hacer que los candidatos pusieran
sus cartas sobre la mesa y que sus plataformas se airearan. Lo que obtuvimos
fue una cobertura inepta, desprovista de profesionalismo y vergonzosa.
Los creadores de imagen a
sueldo, importados de los Estados Unidos por el gobierno en el poder,
nos sirvieron un menú a base de despropósitos, insultos personales a los
candidatos de los dos partidos en la oposición y sabia manipulación de
los medios de comunicación. Cuando lo que deberíamos haber estado discutiendo
era la relevancia de los programas que cada partido ofrecía, de lo único
que pudimos enterarnos es de que los conservadores nos pedían cuatro años
más para poder terminar lo que habían empezado...
A falta de nuevas ideas nos
presentaron "nuevos enemigos" a quienes odiar. Nos hablaron
del alto índice de criminalidad cuando los datos existentes, recopilados
año tras año, apuntan precisamente hacia un notable descenso de la ya
de por sí baja cifra. Nos hablaron de la necesidad de "recuperar
nuestras calles" cuando la gente puede caminar por ellas a cualquier
hora del día o de la noche sin ningún temor -al parecer alguien se había
olvidado de recordar a los bien remunerados "consultores" traídos
del país vecino que estaban en Canadá y que nuestros problemas no tienen
afinidad-. Tuvimos que asistir al triste espectáculo de una Asociación
de Policias que por primera vez en la historia política de Ontario se
apartaba de su postura de imparcialidad y se declaraba abiertamente partidista
"invitando" a sus miembros a votar por el partido conservador
-imagino que para sus líderes, si no para la totalidad de sus miembros,
el ataque al crimen que prometían los Tories era música que se traduciría
en una desviación de fondos hacia su rincón del cuadrilátero-. Para declarar
sus simpatías no tuvieron escrúpulos en explotar los más lamentables estereotipos
a base de carteles en el sistema de transporte de la ciudad que presentaban
fotos del "típico pandillero latino" de Los Angeles, algo incomprensible
dado que Toronto no adolece de ese tipo de problemas. A pesar de que tras
la comprensible indignación en la comunidad hispano - parlante la TTC
(Toronto Transit Commission) pidió disculpas públicamente a los latinos
y retiró los carteles de sus vehículos, la Asociación de Policias de Ontario
mantiene una postura intransigente y se niega a reconocer su error. Es
inexcusable que un cuerpo que en teoría está supuesto a defender por igual
a toda la ciudadanía haya dado pruebas tan flagrantes de su falta de sensibilidad
etno-cultural y su partidismo.
Durante toda la campaña los
medios de comunicación se hicieron eco de los comentarios y ataques personales
de un líder hacia otro (sirva como ejemplo las machaconas repeticiones
en los medios de la comparación que uno de los candidatos había hecho
de otro por su parecido con Norman Bates, indudablemente con ánimo de
presentarlo como alguien siniestro. Lo que curiosamente parece haber escapado
a la sagacidad tanto del ofensor como de los comentaristas de la prensa
es que en realidad Norman Bates era el "personaje" de la película
"Psicósis" y que un parecido físico con el actor Anthony Perkins
no tiene por qué atemorizar a nadie). La prensa entretanto mantenía un
extraño silencio sobre lo que verdaderamente contaba en ese momento: la
plataforma presentada por cada partido. Al término de un debate de los
tres líderes en televisión los comentaristas se dedicaron a "analizar"
la actuación frente a las cámaras de los candidatos, de su fotogenia o
falta de ella, de si su manera de posar ante las cámaras denotaba condiciones
de líder o falta de seguridad y carácter débil, de las veces que uno interrumpió
y otro se dejó interrumpir... En definitiva: imagen. Se interpretaron
las posturas matonas y la falta de clase como prueba de carácter recio
y se confundieron los buenos modales, la cortesía y la buena educación
con debilidad. En el actual mundo campa la política de negatividad. La
insidiosa consecuencia de esta forma de pensar es que se convence a parte
del electorado de que necesitamos mano dura y muy sutilmente se está cambiando
el panorama de Ontario de provincia incluyente y compasiva a un lugar
en el que un gobierno, aprovechando su mayoría parlamentaria, de un plumazo
puede cambiar la legislación de forma dictatorial y acabar con leyes protectoras
que tomaron años de lucha para conseguir.
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