La nación corsa.
Córcega, ¿el fin de la República francesa?

El pueblo corso tiene una sufrida historia de sometimiento y marginación por parte de los numerosos invasores que desde antaño quisieron apropiarse definitivamente de su territorio. En la actualidad, integrantes de la moderna y progresista república francesa, los corsos poseen un variado movimiento de reivindicación, que va desde la negociación por mayor autonomía hasta la postura separatista e independentista, signado por la violencia terrorista. Nuestra corresponsal el París, Geraldine Lublin, analiza al movimiento corso y la situación que los enfrenta con el centralismo francés y como puede afectar el futuro de la unidad de Francia.

Por Geraldine Lublin
(corresponsal en París)

 
 

Jean Jacques Rousseau escribió en 1762 refiriéndose a Córcega: "El valor y la constancia con los que este pueblo supo revestir y defender su libertad bien ameritan que algún sabio le enseñe a conservarla. Tengo el presentimiento de que algún día esta islita asombrará a Europa". Históricamente, esta afirmación se ha tomado como predicción del nacimiento del Gran Corso que se convertiría más tarde en héroe nacional francés: Napoleón nació en Ajaccio en 1769, un año después de la anexión de la isla a Francia. Sin embargo, esta "montaña en el mar" que no suma más de 260.000 habitantes sigue hoy dando que hablar al continente. 

Este calificado "agujero negro político" objeto de oscuros anhelos fue causa de litigio para las grandes potencias mediterráneas dada su situación estratégica: la isla era un punto decisivo para el control de las relaciones entre Italia, España y el norte de África. Por lo general, se presenta a la Isla de la Belleza con numerosas características italianizantes dada la proximidad geográfica, y la cultura y costumbres comunes. También se caricaturiza la violencia histórica, la pereza y el ardiente catolicismo, sin olvidar al célebre bandido mafioso que encarna la figura romántica de un pueblo primitivo en el que el honor se defiende con la sangrienta vendetta. En esta isla "salvaje como el paisaje", Sampiero Corso, el héroe nacional que lucho por la libertad contra un régimen genovés tiránico y corrupto, no murió en una batalla sino asesinado por los primos de su esposa, a quien había matado cuatro años antes por traición. No es por nada que, según se cuenta, cuando la isla estaba todavía bajo poder genovés, al doblar las campanas en Génova la gente preguntaba si el difunto había servido en Córcega. De ser así, renunciaban a rezar por su alma porque para ellos ya estaba condenado al fuego eterno...

 

 

Napoleón Bonaparte, nacido en Ajaccio en 1769.
  Cruce de culturas e imperios en la indómita isla

Esta isla del Mediterráneo occidental colonizada hacia el año 560 aC por los foceanos pasa después bajo poder de Cartago (s. IV) y de Roma, que tarda casi un siglo en imponer su autoridad (259/163) y la convierte en zona de destierro debido al rigor del terreno y de la población. Conquistada sucesivamente por los vándalos, por Belisario (general del imperio bizantino) y por los sarracenos, son los papas quienes obtienen en el siglo XI la soberanía de la isla, para cederla a Pisa en 1098. Tras numerosas derrotas, los genoveses logran apoderarse de Córcega en 1284 y luego se enfrentan a un levantamiento local apoyado por el reino de Aragón. A partir de 1453, Génova le confía la administración al Banco de San Giorgio, encargado de reprimir numerosos levantamientos. De 1553 a 1556, Sampiero d'Ornano (Sampiero Corso) se apodera de la isla con ayuda de Francia, pero la corona gala reconoce en el Tratado de Cateau-Cambresis (1559) la posesión genovesa. Tras las múltiples revueltas de 1729, 1731 y 1736, Pasquale Paoli domina hacia 1755 todo el interior de la isla. En las revueltas de 1736 fue cuando se eligió el canto "Dio vi salve Regina", en honor de la Virgen, como himno nacional propio. Confinados a las costas, los genoveses renuncian finalmente a amansar a los corsos y le venden a Francia los derechos sobre la isla por la Convención de Compiegne (1764) y el Tratado de Versalles (1768). La población resiste pero las tropas de Paoli sufren una derrota definitiva en Pontenuovo en 1769. Tras décadas de benigna administración francesa, Paoli vuelve a la isla como nuevo gobernador designado por la Revolución. Debido a dificultades con los anticlericales jacobinos y con la misma Convención, apela a la ayuda de los ingleses, que desembarcan en 1794 pero tienen que evacuar la isla en 1796, fin del reino anglo-corso. Cuna del poderoso Napoleón, Córcega se mantiene mucho tiempo como bastión bonapartista. Tras la caída del líder, el partido nacionalista no es mas importante que los progenoveses, los profranceses o incluso los proespañoles. El nacionalismo resurge a fines del siglo XIX en torno de la defensa del idioma, y en 1890 se funda el primer semanario escrito en corso A Tramuntana.

 

 

Isla de Córcega, en medio del Mar Mediterráneo.
 

El nacionalismo corso moderno

Al igual que Bretaña, Córcega se siente defraudada por la ingratitud de la nación francesa tras haber aportado tanto en la Primera Guerra Mundial. La República francesa en ese momento ofrece libertad para las personas pero no para las naciones. En 1920, Petru Roca funda la revista A Muvra (carnero salvaje) y en 1923 el Partitu Corsu d'Azzione, que se convierte en 1927 en el P.C. Autonomistu. Mientras que los "muvristas", corsos antes que franceses, sostienen la autonomía, una corriente regionalista menos radical, el "cyrnismo" (de Cyrnos, el nombre griego de la isla) reivindica, además de la defensa del idioma, el dominio de la política fiscal y de los transportes. Pese al apoyo a Mussolini por parte de ciertos nacionalistas, la Segunda Guerra Mundial une a la isla íntimamente con la Francia continental en la lucha contra el invasor; frente al fascismo italiano, los antiguos combatientes en asamblea prestan el 4 de diciembre de 1938 el Juramento de Bastia, por el que habrían de vivir y morir franceses. Ocupada en 1942 por italianos y alemanes, Córcega se convierte meses mas tarde en el primer territorio liberado de la Francia metropolitana. Sin embargo, la antigua desilusión se profundiza en la postguerra, agravada por las tragedias de la liberación de Argelia, junto con la que lucha Córcega en 1958. La pobreza y el retraso en los sectores rurales, industriales e intelectuales, sumados a una supuesta falta de adaptación a la vida moderna, provocan emigraciones masivas hacia los departamentos meridionales de Francia. 

En 1957 se crea la SOMIVAC, una sociedad cuyo objetivo es revalorizar la isla y analizar los problemas económicos asimilándolos a la reivindicación de identidad. Con la erradicación del paludismo en 1960, cobra impulso la creación de propiedades vitivinícolas por parte de los repatriados norafricanos; renovación agrícola que coincide con el desarrollo turístico y la modernización de las zonas costeras. En paralelo, nuevos grupos nacionalistas se forman durante las agitadas décadas del 60 y 70. 

En 1972, Córcega se convierte en una región separada de la Provence, pero el verdadero punto de inflexión se marca en agosto de 1975, cuando estalla el llamado "drama de Aleria" en el que se ocupa una bodega propiedad de un pied-noir (repatriado del Magreb durante el gobierno del General De Gaulle) y se produce un tiroteo que resulta en la muerte de dos gendarmes. En 1976 se funda a partir de una facción radicalizada el Frente de Liberación Nacional de Córcega (FLNC, o "U Fronte de Liberazione Nazionale di u Corsica", prohibido en 1982 aunque vigente en la clandestinidad), un movimiento armado que organiza espectaculares atentados contra comercios, residencias de verano, bodegas, gendarmerías y aviones en nombre de la independencia. 

Desde ese entonces, se han alternado algunos períodos más tranquilos pero la escalada de violencia continua en aumento. Incluso las mismas disputas internas entre nacionalistas han dejado como saldo unos 20 muertos en la década de 1990; jamás en grupos como el IRA irlandés o la ETA vasca se ha visto que los dirigentes se mataran así entre ellos. Como prueba más reciente está el asesinato de uno de los fundadores del FLNC, Jean-Michell Rossi, el 7 de agosto del 2000. Algunos creyeron que el punto culminante sería el horroroso asesinato del prefecto Claude Erignac en 1998, aún impune tras la fuga del presunto criminal, pero los reclamos y las amenazas de la desmigajada corriente nacionalista que incluye al menos cinco movimientos clandestinos y diez organizaciones públicas no parecen tener fin.

 

 

Geografía en torno a la capital de Córcega, Ajaccio.
 

Al retomar la fama de primitivismo que pesa sobre la isla, se advierten algunos rasgos tradicionales como el rechazo a las leyes impuestas desde el exterior (así se tratara de genoveses o franceses) y la consiguiente impotencia de las autoridades para establecer el orden y hacer justicia en el marco de un estado de derecho. Córcega perdió el tren de la Revolución Industrial y ahora la nueva economía la deja de lado debido a que la sociedad sigue anclada en el arcaico sistema de clanes que ha conservado a lo largo de su historia. En esta forma de democracia que algunos clasifican de primitiva, las afiliaciones clánicas bajo una figura protectora poderosa hacen que los partidos políticos se manejen más por fidelidad personal que por motivos ideológicos. Por otra parte, es Córcega la región que paga menos impuestos directos y recibe mas subvenciones del estado francés.

En todo este tiempo, el gobierno central ha acordado ciertas reivindicaciones al nacionalismo corso, pero esto no satisface a los líderes, quienes solicitan cada vez más concesiones. Por ejemplo, como no bastó con la importante amnistía decretada por el gobierno de Miterrand, la isla paso a ser una comunidad territorial de pleno derecho con la primera asamblea regional elegida por sufragio directo cuyo presidente es responsable del ejecutivo regional. Ni siquiera las disposiciones de 1991, que confieren a la isla el excepcional estatuto de colectividad territorial "sui generis", otorgan funciones deliberantes excepcionales a la Asamblea y disponen un concejo ejecutivo dependiente de ella, han logrado apaciguar los ánimos.

Pese a que los autonomistas preconizan el recurso a un referendum a fin de decidir sobre el principio de autodeterminación de la isla, las encuestas muestran que el 80 por ciento del electorado se pronuncia contrario a toda idea de ruptura con la Republica; mientras que, del 20 por ciento restante, más de la mitad preferiría un modelo no independentista como el de Cataluña, y sólo una minoría pretendería seguir el patrón vasco proindependentista. Por su parte, los autonomistas dicen aspirar al sistema vigente en la isla de Cerdeña. Además del modelo español -en Cataluña-, otras posibles opciones que estudia el gobierno francés serian los Laender alemanes, las divisiones regionales de Bélgica o el Reino Unido, o la actual reforma italiana.

Pese a las violentas embestidas terroristas, hay quienes describen un panorama en el cual se destaca un nacionalismo democrático mayoritario que no logra organizarse ante una minoría radicalizada y combativa. Muestra de esto seria la carta que publicó el periódico Liberation a fines de marzo de este año: dos docentes denunciaban en forma anónima por temor a represalias "los asesinatos, las mentiras, la vergüenza, el miedo y el odio" imperantes a raíz de la "tiranía de los bandos armados". "...Todo el mundo sabe en esta isla que el 'pueblo' no existe. Lo que existe, es una comunidad de hombres y mujeres de origen corso que viven con otros --italianos, pied noirs, portugueses, magrebies, etc.-- y que quieren que en un estado libre y republicano todos los orígenes sean respetados de igual manera. Córcega no pertenece a nadie, ni a los corsos ni a los otros", señalaban.

 

 

Jean-Michell Rossi.
 

El Primer Ministro Jospin se decidió recién en diciembre del año pasado a entablar un diálogo multisectorial, incluyendo a los nacionalistas, para delinear una solución. Por su parte, los representantes insulares han respondido a cada concesión gubernamental con nuevos reclamos. A lo largo de su historia, los terroristas corsos se han beneficiado siempre con reducciones de condena supuestamente a cambio de frenar la ola de violencia; pero ahora hay quienes acusan al gobierno de haber cedido demasiado terreno con sus propuestas excesivamente generosas. Tras haber orquestado unos 90 atentados en lo que va del año, los nacionalistas dicen que la única forma de restablecer la paz en la isla es emprender una revolución administrativa que libere a la isla del yugo continental. El hecho de que en la consulta de marzo de este año la mayoría de la Asamblea haya rechazado la concesión de un poder legislativo insular se atribuye al temor de quedar fuera de la Republica. Sin embargo, la situación se ha modificado. Reunidos el ultimo 28 de julio tras largas semanas de discusiones, los representantes corsos han aceptado las propuestas del gobierno francés, aunque con ciertas reservas a condición de que se concrete la deseada reforma constitucional prevista para el 2004. Por lo pronto, el estatuto de la isla se modificara en lo que respecta a la transferencia de competencias, la derogación de los derechos de sucesión, la política fiscal específica, la ley de programación a largo plazo y la enseñanza casi obligatoria del corso. Se dice que el próximo reclamo corso se referirá a la independencia de la Asamblea insular y a la amnistía de los actuales condenados. De cara a las negociaciones que se entablaron a partir del mes de septiembre, Córcega jamás estuvo tan cerca de la autonomía política. Asimismo, la interrogación sobre su identidad y su legado han generado un destacable renacimiento cultural, especialmente en lo que concierne a la música, el teatro y el cine.

 

 
 

Paralelamente, es cierto que lo que esta en juego no es sólo el futuro de Córcega sino el de toda Francia. A medida que la isla mediterránea se aleja, se va desdibujando el ideal republicano de Renan, que veía a Francia como una comunidad espiritual, una reunión de hombres y mujeres de orígenes diversos que se reconocen en ella, y no como una simple suma de grupos sociales o étnico-lingüísticos. Apenas conocidas las condiciones especiales que el gobierno estipulaba para Córcega, comenzaron a oírse los reclamos de las demás regiones francesas que conforman La Republica. La resolución de la cuestión corsa sentará precedentes a nivel nacional e internacional.¿Por qué atender las quejas de los isleños e ignorar a las demás identidades del hexágono francés? ¿No será demasiado riesgoso emprender una reforma constitucional exclusivamente en respuesta a una facción regionalista radicalizada? ¿Resulta indispensable recurrir a la violencia para que el poder central se digne a escuchar los justos reclamos? En vista de los rebrotes terroristas que se han registrado en estos últimos tiempos, esta hipótesis se devela sumamente peligrosa. En lugar de sancionar con coherencia una actitud que siempre ha criticado, el gobierno de Jospin se sienta a negociar sumisamente con los responsables de los atentados, haciendo gala de una debilidad demasiado tentadora para otros movimientos que no se habían volcado hasta el momento hacia la violencia. Recientemente dieciocho grupos que reclaman por sus nacionalidades en Francia proclamaron públicamente su alianza para alcanzar, "juntos y si es necesario utilizando la violencia", la independencia total de sus regiones. Cabe aclarar que a pesar de ese llamado a la unidad entre esas dieciocho agrupaciones había dos grupos nacionalistas representaban a Córcega, dos a la Guyana Francesa y nada menos que seis por Martinica... ¿Podrá el poder central francés encontrar la forma de responder a las reivindicaciones autonomistas sin afectar la indivisibilidad de la República? Ante un futuro minado de atentados, es de esperar que no tarde demasiado en lograrlo.

Por Geraldine Lublin
(corresponsal en París)

 

Costa de la isla de Córcega, frente a Bonifacio.

 

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