La resurrección de los Incas.
La política, los indios y el poder en Ecuador.

Entre las sierras y la costa y en el espesor de la selva ecuatoriana, los hijos del Inca reclaman por su libertad. Los recientes enfrentamientos encabezados por los indígenas y militares arrastraron al gobierno de Jamil Mahuad hacia el precipicio. Posteriormente traicionados, no obstante los aborígenes lograron hacerse oír en todo el continente.

Por Karina Donángelo.

 

El cielo ardía en llamas en el horizonte lejano, mientras el imponente Templo del Sol poco a poco se iba apagando.

Aparecieron cometas y un rayo iluminó el palacio del Inca.

Al caer la noche, la luna se vistió con tres halos: el primero color sangre; el segundo, negro y el tercero, semejante al humo.

Eran funestos presagios que se cernían sobre la divina ciudad del Cuzco. Los ecos de un triste plañir emanaban de los lugares más recónditos de las selvas y se expandían por todo el Alto Perú.

Aquella formidable civilización, en la que confluyeron distintas razas y estirpes fue impiadosamente traicionada, sojuzgada y masacrada por los conquistadores que llegaron a América.

Desde entonces, las poblaciones indígenas han estado excluidas y privadas de la independencia, la política y la libertad.

Contrariando las posturas que concuerdan en afirmar que la historia es lineal, o que la historia ha muerto; la grave crisis institucional de Ecuador demuestra que el devenir de los pueblos es cíclico, y que muchas veces está atrapado y sin salida.

Los problemas sociales y políticos, pero fundamentalmente económicos que han sacudido hasta hace pocos días atrás al Gobierno de Jamil Mahuad tienen raíces muy profundas y no precisamente nuevas en esta región de Latinoamérica.

En menos de una semana, las revuelta sociales, comandadas por grupos indígenas nucleados en la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE) y un sector de las Fuerzas Armadas del país derrocaron a Mahuad e instalaron en el poder a una Junta Cívico - militar, compuesta por tres miembros: un líder indígena, Antonio Vargas; el general Carlos Mendoza, presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y el ex presidente de la Corte Suprema, Carlos Solórzano.

 

 

El líder indígena, Antonio Vargas.

Sin embargo, y de manera imprevista, en menos de 24 horas de su creación, esta tríada de salvación nacional fue disuelta y dio lugar a un gobierno de facto comandado por el vicepresidente, Gustavo Noboa, quien asumió la Jefatura de Estado con el apoyo explícito de las fuerzas armadas y el empresariado local.

Noboa se hará cargo del gobierno hasta el 2003, cuando concluya el periodo constitucional iniciado en agosto de 1998, por el hoy ex presidente Jamil Mahuad.

La crisis ecuatoriana había tomado dimensiones inusitadas en los últimos meses, debido a la aguda situación económica del país, que carga con una inflación anual de más del 60%.

Una de las causas que provocó semejante desquicio fue el plan de dolarizar la economía, lo que despertó los más airados reclamos por parte de los sectores populares del país.

Sin embargo, y de manera paradójica, lo que arrojó al precipicio al gobierno de Mahuad -la dolarización- fue precisamente la medida que ratifica Noboa como flamante presidente.

 

 


Gustavo Noboa, rodeado de militares a la hora de asumir el control del poder en Ecuador.

 

Si uno quisiera encontrar una lógica en el desenvolvimiento de los hechos, se dará cuenta de que la historia política, social y económica de este país ha estado regada de soluciones aciagas, posturas políticas polarizadas y desigualdades sociales.

Los cambios drásticos que se vienen operando en las economías latinoamericanas obedecen al patrón del capitalismo globalizado. Para aquellas naciones que no adhieren a este régimen, no les queda otro destino que la exclusión.

Por este motivo, el actual Jefe de Estado de Ecuador, Gustavo Noboa, prometió mantener en vigencia el paquete de leyes y reformas de las áreas monetaria, bancaria, fiscal y laboral, como así también privatizaciones en los sectores eléctrico, petrolero y de comunicaciones.

En suma, Ecuador adhiere a la ya clásica receta del Fondo Monetario Internacional (FMI), esto es: flexibilización laboral, privatizaciones, ajuste fiscal y como nuevo ingrediente, la dolarización.

El origen del desastre institucional desatado en Ecuador fue la crisis económica que heredó Jamil Mahuad, en agosto de 1998, cuando asumió la presidencia. Esta crisis no ha dejado de agravarse debido la guerra contra Perú por la Cordillera del Cóndor; los estragos que causó el fenómeno de El Niño; el desplome de la moneda nacional (el sucre frente al dólar) la caída histórica del petróleo y el desprolijo recambio presidencial de Fabián Alarcón, quien asumió la presidencia en 1997, tras la destitución de Abdalá Bucaram (devenido en cantante popular y acusado de "débil mental" por el Congreso de la Nación).

Entre las medidas económicas que se vio forzado a adoptar Mahuad, frente al funesto escenario estuvieron también la suspensión del pago de la deuda externa en Bonos Brady el año pasado y la dolarización (a una paridad de 25.000 sucres por dólar).

Ecuador es un pare que cuenta con 12,5 millones de habitantes; la tasa de desempleo asciende al 17%; su deuda externa actual es de 13.600 millones de dólares, mientras que su PBI es de 14.000 millones y el 70% de la población vive por debajo de la línea de pobreza.

Se calcula que la fuga de capitales, a raíz de la grave situación fue de 1.500 a 1.700 millones en 1999.

Sin embargo, para comprender las circunstancias actuales de Ecuador y su marcada polarización es necesario analizar factores claves, dentro del desenvolvimiento de los hechos y de su historia.

Dos de los elementos significativos son las Fuerzas Armadas y la comunidad indígena, que representa el 30% de la población. 

Al menos 4 millones de los habitantes de Ecuador son indígenas, pertenecientes a 10 nacionalidades originarias, dentro de las cuales, la quechua domina amplios sectores de las provincias de la Sierra y posee una gran influencia.

Otro elemento central de la crisis son los militares. Las fuerzas armadas siempre han tenido una gran aceptación popular, fundamentalmente por el hecho de no haber sido represoras y colocarse junto al pueblo (un rasgo diferenciador con respecto a sus colegas del resto del continente). Esto se explica, en parte porque muchos de ellos proceden de sectores populares e incluso indígenas.

Por otra parte, los militares también son actores importantes dentro del espectro económico, ya que controlan complejos industriales y agroindustriales del país.

Otra clave no menos importante es la vigencia de las viejas divisiones internas de Ecuador. Pese a que la polarización más evidente pareciera ser de orden político, entre las fuerzas de centroderecha y el populismo; Ecuador está fragmentado en dos regiones que guardan rivalidades desde hace muchos años.

Se trata de la Costa y la Sierra, dos territorios enemistados históricamente. Aún después de la independencia en 1830, la divisoria entre los conservadores terratenientes de Quito y las liberales clases comerciantes de Guayaquil se mantuvo vigente.

Quito es la capital de la República; situada en plena región andina, fue erigida en el siglo XV por los quitus, y luego incorporada por Huayna Cápac al imperio inca.

 

 

Quito, ciudad capital de Ecuador.

Padeció numerosas revueltas populares en 1592 y 1765 y soportó el peso de la costera Guayaquil, junto con la revolución de Eloy Alfaro (1895), que terminó con su hegemonía.

Como otras ciudades portuarias, Guayaquil concentra hoy el poder económico de todo el país, mientras que las poblaciones de la Sierra no han podido recuperarse de las políticas neoliberales que terminaron con la producción agrícola nacional.

Por otra parte, la supremacía de Guayaquil se fortaleció aún más hace pocos días atrás cuando se conoció un proyecto de autonomía económica, que se piensa implementar en Guayas, capital de esa provincia. El proyecto de ley prevé que el 50% de las recaudaciones de ingresos al Estado, que se generan en Guayas queden automáticamente en la provincia de Guayaquil.

Estos, junto con otros factores nos permiten comprender que el grave problema que enfrenta Ecuador no es actual, sino que es la resultante de sucesivas catástrofes macroestructurales.

Las revueltas indígenas de los últimos años en este país, como así también en el resto del continente, son sin lugar a dudas un pedido de cuentas a los gobernantes; y no solo a ellos, sino fundamentalmente a quienes detentan el "verdadero" poder, un poder usurpado, que no siempre tiene que ver con lo estrictamente político, sino con lo económico y moral. Porque no puede existir una política justa si la economía que acompaña a todo sistema destruye la dignidad de los pueblos.

 

   
 

El Grito de América

Después de los presagios, el cielo se oscureció y además de los imperios, todas las tribus indígenas fueron avasalladas, denigradas y desterradas, aún en su propia tierra.

Luego de sus primeros descubrimientos en América, la empresa conquistadora comenzó a sufrir transformaciones, ya que la monarquía hispánica (Carlos I) resolvió orientar todos sus recursos económicos y militares hacia los asuntos europeos. A partir de entonces, la conquista de las tierras americanas fue encarada con la colaboración de particulares, con quienes la Corona firma contratos especiales, denominados "capitulaciones".

En ellas constaban los derechos y obligaciones de ambas partes: el particular financiaba la empresa y el rey a su vez, otorgaba permiso para conquistar y colonizar un territorio determinado.

De este modo, la monarquía acordaba con los particulares el porcentaje de ganancias que le correspondía por el total de riquezas halladas.

El "adelantado" o particular tenía importantes facultades: encomendaba indios y repartía tierras entre sus hombres, podía erigir fortalezas, acuñar monedas, monopolizar los derechos de tráfico y pesca o dictar ordenanzas. Y como si esto fuera poco también se auto eximía de pagar impuestos...

Aunque para los registros históricos, el adelantazgo como institución americana nace y muere en el siglo XVI, todo parecería indicar que este tipo de liderazgo, aún hoy continúa vigente, bajo nuevas formas.

 

 

Carlos I de España y V de Alemania.
 

Peor que a los animales.

Después de las conquistas y durante la colonización, el indio fue privado de todo privilegio, privado de todos sus derechos y tratado poco menos que como un animal.

La demanda metalífera, por ejemplo obligó a los adelantados a disponer de mayor mano de obra. El resultado de esta política fue que más de las tres cuartas partes de la población autóctona resultara diezmada, víctima de epidemias y de las duras condiciones de trabajo. Mediante la mita y el yanaconazgo se oficializó la esclavitud, y ante tantas bajas se introdujo en el Continente, el mercado negro de esclavos provenientes de África.

Con la llegada de la independencia y la desaparición de los monopolios comerciales ibéricos se instalaron en la región comerciantes extranjeros, surgiendo de este modo las primeras economías regionales.

La lucha entonces, se centró por las tierras; y los enfrentamientos entre terratenientes y caudillos militares se sucedieron en distintas regiones de América.

Los estados aplicaron para el comercio políticas liberales, la libre empresa y el derecho de propiedad. Muchos gobiernos apuntaron a desmantelar las comunidades indígenas, privatizando las tierras y creando una masa de campesinos parcelarios minifundistas.

En países como Ecuador. Perú, Bolivia y algunos grupos indígenas de otras regiones subsistieron, pero al servicio de la economía exportadora, como proveedores de mano de obra barata y temporaria.

Comienza la industrialización

Después de las Guerras Mundiales, el sistema de ventajas comparativas entró en declive.

Las naciones industrializadas ocuparon el centro de la escena económica y comenzaron a desarrollar no solo nuevas ramas industriales, sino también, actividades primarias, sustituyendo las importaciones latinoamericanas o adquiriéndola a muy bato costo.

Poco a poco, América Latina se volvió cada vez menos indispensable para el resto del mundo.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la demanda de alimentos se incrementó sin embargo muy pocos países pudieron beneficiarse.

Donde se esbozaba la producción en serie, Estados Unidos se convirtió en la primera potencia mundial fabricante y a la vez productora y exportadora de materias primas.

Esto provoca graves problemas en la balanza de pago de muchos países otrora exportadores.

La dependencia latinoamericana hacia Estados Unidos se incrementó por la oleada de inversiones y prestamos norteamericanos. Por otra parte, la ineficiencia económica del antiguo Complejo latifundio - minifundio alentó las inmigraciones campesinas, la caída de los precios agrícolas locales, revueltas agrarias y crisis en la producción,

El crecimiento de las exportaciones estuvo estrechamente condicionado por las relaciones con la economía norteamericana.

El reordenamiento económico mundial requirió de la realización de obras de infraestructura y ampliación de las funciones del Estado, lo que derivó en crecientes necesidades financieras, resueltas por la vía del endeudamiento externo.

La neoindustrialización se dinamizó a expensas de la instalación de empresas transnacionales. Desde entonces, la economía latinoamericana fue proveedora de materias primas y receptora de bienes de capital, inversiones y prestamos, lo que provoca el desequilibrio interno y la tensión social.

La dependencia externa también estuvo dada por los aportes tecnológicos de los países centrales. La necesidad de capitales desencadena en nuevos compromisos financieros, lo que llevó a los países latinoamericanos a firmar su sentencia de muerte.

Las poblaciones campesinas se enfrentaron con enormes dificultades de subsistencia, aumento de la pobreza, violencia y marginalidad.

La antigua dependencia de las comunidades indígenas, incluso hoy sigue vigente; no ya a ningún adelantado, sino a un nuevo conquistador feroz: al capital.

Los ecos del Inca.

Para quienes estamos acostumbrados a los grandes adelantos de este siglo; para aquellos que navegamos por Internet; para quienes temieron el efecto del Y2K; para quienes se asombran por los avances de las nuevas técnicas genéticas. Para quienes no aceptamos un gobierno neonazi en Europa, o para quienes se deslumbran con las nuevas conquistas espaciales la aparición de los indígenas ecuatorianos en la política y en calidad de golpistas podría parecer un sueño surrealista, o una representación épica del Inca Garcilazo de la Vega...

Sin embargo, el protagonismo aborigen en la vida política es posible y así lo demostró hace pocos días Antonio Vargas, uno de los líderes de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE) al encabezar junto a sus hermanos de raza, la toma del gobierno. Pese a que fue un intento fallido, la movilización indígena removió una situación ancestralmente dramática.

Ya en el curso del siglo XVIII estallaron en América, agudos descontentos populares, provocados por las arbitrariedades de los gobernantes.

Los reclamos comuneros de Asunción y de Nueva Granada, la sublevación indígena de Tupac Amaru y los alzamientos de Chuquisaca y La Paz fueron movimientos ejemplificadores de la lucha por un nuevo destino político indígena.

Incluso Bolívar en su fragor en la lucha por la libertad de los pueblos impulsó medidas en defensa por la posesión de las tierras, del pago de sueldos y del reconocimiento de la importancia de la lengua indígena y de su enseñanza en la Universidad de Quito.

Sin embargo, los ideales del reconocido Libertador de América no fueron más que intentos demasiado lejanos de la realidad y de los intereses de los más poderosos.

 

 

Ecuador.
 

Quienes son los indígenas de Ecuador.

Los surcos que se dibujan en sus frentes delatan la angustia que cargan sobre sus espaldas. La desesperación, la pobreza, la marginalidad y la exclusión fueron los señuelos que durante más de 500 años encontraron sus pisadas.

Por las calles de Quito y a solo unos metros de un shopping se pasean las cholitas. En realidad no pasean; subsisten como pueden, gracias a la economía casera.

Con la piel curtida y sus largas trenzas color azabache venden todo tipo de chucherías, desde cigarrillos, anteojos u hojitas de afeitar hasta comida de estado dudoso. Envueltas en polleras superpuestas y detrás de puestos callejeros improvisados con cajones de manzanas representan el mercado del subdesarrollo...

En total hay unos 4 millones de indígenas en el Ecuador, lo que constituye el 30% de su población. Están divididos en 10 nacionalidades, repartidas en la Sierra, la Costa y en la Amazona. Rechazan la dolarización y enarbolan una bandera común de protesta contra la pobreza y el desempleo. La misma bandera que los acompaña desde hace más de medio milenio.

Como en el resto de Latinoamérica, las transformaciones económicas en Ecuador, durante el siglo XX introdujeron profundos cambios en la población. Los movimientos campesinos aumentaron significativamente su presencia y actuación.

Las luchas por la tierra se incrementaron, al mismo tiempo surgieron nuevas formas de sindicalización y las estructuras comunales indígenas recobraron gran vitalidad, en la medida en que se intensifica su actuación social.

Los aborígenes ecuatorianos, herederos de antiguas culturas preincaicas como la mochica, chimú, nazca, huari, tiahuanaco y fundamentalmente quechuas han logrado en los últimos años una organización sólida regional, articulada en todo el territorio nacional.

Agrupados desde 1986 en la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE) se convirtieron en un movimiento poderoso, cuyo principal objetivo es la reivindicación cultural autóctona. Buscan materializar parte de sus mitos y leyendas, como nación existente, dotada de capacidad pensante y hablante dentro de la estructura social. Mientras la elite política mira para otro lado, o de cuando en cuando les echa un vistazo por sobre los hombros; los indígenas han tomado conciencia de que son capaces de hacer tambalear al poder.

Los quechuas, por su parte, han sido el motor del desarrollo político de la comunidad autóctona.

En 1990 dieron la primera voz de alerta a los políticos y empresarios del país, llevando a cabo el primer levantamiento indígena que paraliza al país. Y en 1996, participaron de la revolución que derrocó a Abdalá Bucaram.

En todas sus movilizaciones intentaron además, junto a otros grupos menores que se reconociera su carácter multicultural y plurinacional de las comunidades indígenas de Ecuador.

La CONAIE

Pese a que continuamente, muchos indígenas se preocupan por aclarar que son "apolíticos", la manera de organizarse en sus movilizaciones y la formación de la estructura interna de sus organizaciones delata un marcado tinte político.

Aunque reconoce no tener ideología, la CONAIE maneja un discurso que reivindica el bienestar de su pueblo y busca alianzas con los sectores populares del campo y la ciudad, muy cercanos al ala izquierda de la política. Esto se refleja, no solo en la diligencia de la Confederación y en sus relaciones con organismos sindicales y organizaciones de izquierda, sino también por su acercamiento al círculo militar disidente y al Frente Patriótico (FP).

La conclusión puede ser, sin dudas discutible; pero ¿acaso no es la política el arte de la negociación y/o la conformación de alianzas estratégicas?...

Como quiera que sea en la CONAIE aún prima el consenso y en las fuerzas del movimiento confluyen también, distintas federaciones provinciales, comunidades eclesiales de base, agrupaciones juveniles y asociaciones de mujeres.

 

 

Indígenas ecuatorianos en una mesa de votación.
 

Pachakutik: La experiencia política del movimiento indígena

Desde mediados de los 90' y frente a la CONAIE, existe otro escenario de acción aborigen: Pachakutik, una organización política, no dependiente de la Confederación, pese a estar íntimamente ligada a ella, ya que por lo menos un 50% del Comité Ejecutivo de Pachakutik está integrado por representantes de la CONAIE; y su coordinador, Miguel Lluco es un ya legendario líder indígena.

Aunque muchos de sus proyectos fueron con frecuencia, ignorados y en el peor de los casos, trabados por los políticos del oficialismo; el Pachakutik logra formar un bloque de 15 diputados (8 indios y 7 aliados) sobre 70, en la Asamblea Nacional de 1997.

Esta organización logra también la designación de Nina Pacari para presidir la Comisión de Reforma del Estado e impulsar el debate por la Ley Agraria. Además, la agrupación obtuvo el nombramiento de 10 alcaldes, concejales en 11 municipios y consejeros provinciales en 13 provincias (sobre 21).

No obstante, el problema de coyuntura se suma a otros generales de los aborígenes. Los desacuerdos actuales entre la CONAIE y los legisladores tiene que ver con las individualidades típicas que se producen dentro del Parlamento; agravadas por las divergencias existentes entre la organización indígena y la organización política.

De todos modos, los logros de la presencia india en el Parlamento deja entrever aún con ciertas falencias vientos de cambio y esperanza para estas comunidades; y por qué no también para el resto del país.

Según declaró Miguel Lluco, actual coordinador del Pachakutik y ex diputado, "Se ha logrado la autodepuración del Congreso, con la descalificación de 17 diputados por actos de corrupción; denuncias sobre el manejo de gastos reservados de César Verduga y el uso de partidas extrapresupuestarias por parte de Fabián Alarcón. Efectivamente, hemos conseguido muchas cosas de suma importancia y lo seguiremos haciendo".

Traicionados y estafados, los indígenas de Ecuador acusan a los militares, de haberlos usado para asestar el golpe que destituya al gobierno de Jamil Mahuad.

Excluidos nuevamente de la escena política y social, pero con la esperanza y la lucha que no se rinde a la resignación advierten que seguirán marchando.

Marcharán por el Camino del Inca, no por el camino tallada en la piedra, sino por aquel que ha estado delineado por cruentas batallas e iluminado por el Hijo del Sol.

Por Karina Donángelo.

 

Jamil Mahuad

 

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