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Peor que a los animales.
Después de las conquistas
y durante la colonización, el indio fue privado de todo privilegio, privado
de todos sus derechos y tratado poco menos que como un animal.
La demanda metalífera, por
ejemplo obligó a los adelantados a disponer de mayor mano de obra. El
resultado de esta política fue que más de las tres cuartas partes de la
población autóctona resultara diezmada, víctima de epidemias y de las
duras condiciones de trabajo. Mediante la mita y el yanaconazgo se oficializó
la esclavitud, y ante tantas bajas se introdujo en el Continente, el mercado
negro de esclavos provenientes de África.
Con la llegada de la independencia
y la desaparición de los monopolios comerciales ibéricos se instalaron
en la región comerciantes extranjeros, surgiendo de este modo las primeras
economías regionales.
La lucha entonces, se centró
por las tierras; y los enfrentamientos entre terratenientes y caudillos
militares se sucedieron en distintas regiones de América.
Los estados aplicaron para
el comercio políticas liberales, la libre empresa y el derecho de propiedad.
Muchos gobiernos apuntaron a desmantelar las comunidades indígenas, privatizando
las tierras y creando una masa de campesinos parcelarios minifundistas.
En países como Ecuador. Perú,
Bolivia y algunos grupos indígenas de otras regiones subsistieron, pero
al servicio de la economía exportadora, como proveedores de mano de obra
barata y temporaria.
Comienza
la industrialización
Después de las Guerras Mundiales,
el sistema de ventajas comparativas entró en declive.
Las naciones industrializadas
ocuparon el centro de la escena económica y comenzaron a desarrollar no
solo nuevas ramas industriales, sino también, actividades primarias, sustituyendo
las importaciones latinoamericanas o adquiriéndola a muy bato costo.
Poco a poco, América Latina
se volvió cada vez menos indispensable para el resto del mundo.
Tras la Segunda Guerra Mundial,
la demanda de alimentos se incrementó sin embargo muy pocos países pudieron
beneficiarse.
Donde se esbozaba la producción
en serie, Estados Unidos se convirtió en la primera potencia mundial fabricante
y a la vez productora y exportadora de materias primas.
Esto provoca graves problemas
en la balanza de pago de muchos países otrora exportadores.
La dependencia latinoamericana
hacia Estados Unidos se incrementó por la oleada de inversiones y prestamos
norteamericanos. Por otra parte, la ineficiencia económica del antiguo
Complejo latifundio - minifundio alentó las inmigraciones campesinas,
la caída de los precios agrícolas locales, revueltas agrarias y crisis
en la producción,
El crecimiento de las exportaciones
estuvo estrechamente condicionado por las relaciones con la economía norteamericana.
El reordenamiento económico
mundial requirió de la realización de obras de infraestructura y ampliación
de las funciones del Estado, lo que derivó en crecientes necesidades financieras,
resueltas por la vía del endeudamiento externo.
La neoindustrialización se
dinamizó a expensas de la instalación de empresas transnacionales. Desde
entonces, la economía latinoamericana fue proveedora de materias primas
y receptora de bienes de capital, inversiones y prestamos, lo que provoca
el desequilibrio interno y la tensión social.
La dependencia externa también
estuvo dada por los aportes tecnológicos de los países centrales. La necesidad
de capitales desencadena en nuevos compromisos financieros, lo que llevó
a los países latinoamericanos a firmar su sentencia de muerte.
Las poblaciones campesinas
se enfrentaron con enormes dificultades de subsistencia, aumento de la
pobreza, violencia y marginalidad.
La antigua dependencia de
las comunidades indígenas, incluso hoy sigue vigente; no ya a ningún adelantado,
sino a un nuevo conquistador feroz: al capital.
Los ecos del Inca.
Para quienes estamos acostumbrados
a los grandes adelantos de este siglo; para aquellos que navegamos por
Internet; para quienes temieron el efecto del Y2K; para quienes se asombran
por los avances de las nuevas técnicas genéticas. Para quienes no aceptamos
un gobierno neonazi en Europa, o para quienes se deslumbran con las nuevas
conquistas espaciales la aparición de los indígenas ecuatorianos en la
política y en calidad de golpistas podría parecer un sueño surrealista,
o una representación épica del Inca Garcilazo de la Vega...
Sin embargo, el protagonismo
aborigen en la vida política es posible y así lo demostró hace pocos días
Antonio Vargas, uno de los líderes de la Confederación de Nacionalidades
Indígenas de Ecuador (CONAIE) al encabezar junto a sus hermanos de raza,
la toma del gobierno. Pese a que fue un intento fallido, la movilización
indígena removió una situación ancestralmente dramática.
Ya en el curso del siglo
XVIII estallaron en América, agudos descontentos populares, provocados
por las arbitrariedades de los gobernantes.
Los reclamos comuneros de
Asunción y de Nueva Granada, la sublevación indígena de Tupac Amaru y
los alzamientos de Chuquisaca y La Paz fueron movimientos ejemplificadores
de la lucha por un nuevo destino político indígena.
Incluso Bolívar en su fragor
en la lucha por la libertad de los pueblos impulsó medidas en defensa
por la posesión de las tierras, del pago de sueldos y del reconocimiento
de la importancia de la lengua indígena y de su enseñanza en la Universidad
de Quito.
Sin embargo, los ideales
del reconocido Libertador de América no fueron más que intentos demasiado
lejanos de la realidad y de los intereses de los más poderosos.
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