Frente a las elecciones presidenciales argentinas.
Argentina y su voto de pobreza.

La inminente llegada de las elecciones para la presidencia en la República Argentina encuentra a una ciudadanía vacía de inquietudes por descubrir nuevas propuestas para el futuro político de su país. Sin embargo, la situación se ve agravada teniendo en cuenta lo que se escucha en el común del votante independiente medio: utilizará los nunca olvidados recursos del voto de castigo o el voto de miedo. Un triste epílogo para el decenio gobernado por Carlos Menem y un peligroso prólogo para el futuro mandatario de los destinos de esta Nación.

Por Eduardo Rodríguez Leirado.

 

 

Un fuerte sentimiento de desconcierto se ve en los ciudadanos independientes argentinos, aquellos que no tienen una filiación determinada con ningún partido especifico y consagran su voto con absoluta libertad de acción. Y no es para menos. A unos días de las elecciones presidenciales que determinará la fórmula que gobernará la Argentina durante los próximos cuatros años, ninguna propuesta -o al menos muy pocas- surgen claramente en los discursos de los dos potenciales candidatos con mayores posibilidades de acceder al cargo de Presidente de la Nación: el doctor Fernando de La Rúa, por la Alianza opositora, y el doctor Eduardo Duhalde, por el oficialista Partido Justicialista. El discurso sigue siendo el mismo, con mayores o menores variantes, debido al poco interés de la ciudadanía en comparar plataformas partidarias o iniciar la búsqueda de alternativas que saquen al país de la cruel recesión que sufre. Nuevamente se ve a la Argentina inmersa en una falsa confrontación bipartidista en donde ambos partidos mayoritarios nos hacen ver que son el día y la noche, uno del otro. La realidad es que temas de vital y urgente atención son elegantemente esquivados por los candidatos como si fuesen grandes toros que se pueden burlar haciendo verónicas políticas con una capa de desprecio. Temáticas como la educación, el desempleo, la inseguridad, la moralidad y la ética en la función pública, o la denigrante y sojuzgante deuda externa están afectando seriamente las condiciones de vida de la gente que parece no buscar en los políticos las respuestas a estos interrogantes. No cabe duda que ambos candidatos han aprendido muy bien las enseñanzas de Carlos Saúl Menem: llegar a la presidencia sin explicar a los votantes ni una sola propuesta concreta respecto de la acción de gobierno. El vaciamiento de ideales y de mecanismos racionales de gobernabilidad se ven tristemente plasmados en las paupérrimas campañas publicitarias que se llevan a cabo en los medios de difusión. Mientras uno intenta explicar lo inexplicable (hablamos de la corresponsabilidad evidente en la recesión, la violencia, la corrupción y el desempleo existentes), el otro se remite a atacar a su contrincante con un rencor, odio y ensañamiento que se suponía olvidado en la República Argentina, además de no dar explicaciones de su corresponsabilidad al dejar al actual gobierno llegar con las manos tan libres a esta situación, apañada en la última reforma constitucional. A modo de ejemplo, vale la pena ver algunas de las publicidades que reproducimos al final de esta nota y verificar la ausencia de propuestas que sirvan a los ciudadanos para tomar idea de las plataformas de cada uno de los candidatos.

Sobre la Nación vuelan nuevamente los nefastos sistemas de voto que nos han caracterizado desde hace varias décadas -actualmente agravado y exacerbado- como lo son el voto de miedo y el voto de castigo. Ambos ineficaces y poco recomendables ya que son producto de un desquite cargado de rencor o una reacción comprensible pero irracional ante la impericia o la impunidad. En ambos casos, poco importan las propuestas a futuro o los proyectos de los candidatos.

 

 

Fernando De la Rúa, ex jefe del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, candidato por la Alianza opositora a la actual administración del Justicialista Carlos Ménem.
 

El voto de miedo.

Uno de los primeros atisbos del voto de miedo se remonta a algunas menciones realizadas durante la campaña del radicalismo a la vuelta de la democracia, al terminar el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. En ella se pudo apreciar algunos cortos donde aparecían las imágenes de los militares de dicho Proceso, recordando algunos de los momentos más negativos de ese período. Era evidente que el factor miedo servía como elemento catalizador de los ciudadanos fuera de los partidos políticos que se negaban a volver al oscurantismo militarista. Durante la gestión radical, cuando más arreciaba la crisis y la presión con los paros generales de los sindicatos peronistas, fue muy recordado un documental realizado por grupos del poder alfonsinista, haciendo revivir a la gente el pasado más nefasto del peronismo: López Rega, la presidencia de Isabel Perón, la matanza de Ezeiza, etcétera.

Fue también muy activa la campaña política desarrollada por el justicialismo en la reelección de Carlos Menem para la Presidencia de la Nación en 1995: el permanente recuerdo de la hiperinflación que terminó golpeando al gobierno del radical Raúl Alfonsín. Tema de constante referencia por parte de las huestes justicialistas, y de indudable éxito por parte de estos, sirvió para derrotar contundentemente a los candidatos opositores que podían hacer sombra en el camino reeleccionario menemista. La estabilidad monetaria obtenida, con un consiguiente endeudamiento de la masa de la población en la compra "en cuotas", hizo que el factor "miedo" estuviera presente a la hora de poner el voto en la urna. ¿Quién otro que Menem, acaso, para que el dólar no se vaya disparado al diablo y deje arruinado a los millones de argentinos empeñados con la compra del pequeño departamento, del televisor de 29" o la nueva batidora multiprocesadora? ¿Acaso Alfonsín no se fue abandonando al país a su suerte, en medio de una brutal hiperinflación? Esta era la base de la campaña proselitista y de propuestas absolutamente nada, solo el miedo.

A las puertas de otra confrontación electoral, el partido oficialista está sacando a relucir, otra vez, estos argumentos a la hora de obtener adeptos o mantener los consecuentes afiliados de siempre. El miedo a la "incapacidad" para gobernar del radicalismo es recordado no solo por el candidato Duhalde sino también por su compañero de fórmula, Ramón "Palito" Ortega. Ni que hablar de la permanente comparación y justificación por parte del actual presidente Menem. Pero lo que realmente se presenta como novedoso de los tiempos que estamos viviendo es que la Alianza opositora, con todos sus candidatos y referentes mas destacados, están recurriendo al mismo sistema argumental: si no quiere repetir la inmoralidad, la desaprensión social y la chabacanería política de los últimos diez años, vote por Fernando de La Rúa. Nada de propuestas concretas, de cómo salir de este atolladero y todo el miedo a volver a repetir la experiencia menemista. Nadie dice como va a hacer puntualmente para terminar con la desocupación sin espantar las inversiones realizadas en los últimos años, o quienes están en la lista de corruptos e inmorales que serán procesados en las primeras semanas del nuevo gobierno, o tal vez de donde se sacará el dinero efectivo para el pago de la deuda externa o, por el contrario, como nos haremos cargo de las penurias a sufrir por no cumplir con su liquidación.

El voto de miedo, como una de las variantes que ofrece nuestra clase política al voto racional y premeditado, está invadiendo a una parte del electorado independiente, aquel que tendría que definir desapasionadamente quien ganará en las próximas elecciones. Tampoco se escuchan las propuestas alternativas de partidos minoritarios de todo el espectro político: si al ciudadano no le interesa estudiar y comparar las plataformas de gobernabilidad de los partidos mayoritarios, menos lo hará con los pequeños. Perece no haber alternancia posible en estas condiciones. Y sabemos que eso no tiene nada de democrático.

 

 


Eduardo Duhalde, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, perteneciente al oficialista partido Justicialista del presidente Ménem y candidato por ese partido a la presidencia de la Nación.

 

El voto castigo.

Tan vacío de contenido como irracional es el voto de castigo hacia una clase dirigente corrupta o ineficaz. El máximo ejemplo de esta forma de elección de autoridades quedó magistralmente plasmada en la campaña ganada por Menem en 1989. Ni una sola propuesta concreta había salido del candidato riojano a lo largo de todo el período de acción proselitista, a tal punto que se negó en forma determinante a debatir en televisión con su contrincante radical, el doctor Eduardo Angeloz. Fue una jugada magistral donde solo tuvo que sentarse a ver pasar el cadáver político de su eventual adversario. A su favor jugó la bronca de la ciudadanía media que veía como incumplidas las pretendidas promesas sobre la capacidad de la democracia para dar trabajo, comida y educación. Lejos había quedado aquella premisa del general Perón en la cual se afirmaba que el Estado nunca quiebra: no solo quebró sino que se devoró a todos los miembros del poder político del alfonsinismo.

A las puertas del año 2000, sin saber aún si el milenio nos encontrará unidos, dominados o virtuales, el voto de castigo a la impunidad y el abuso de poder se presenta como otra alternativa al ciudadano medio independiente. Una tarea esclarecedora respecto de este punto sería que algún medio televisivo o radial se volcara a la calle en los próximos días y se enfrentara con aquellos ciudadanos que ya decidieron su voto por uno de los dos candidatos. Sería llamativo ver -aunque de ninguna manera novedoso- que pocos de ellos saben exactamente cuales serán las propuestas de sus candidatos respecto de temas de suma importancia. A la inmensa mayoría de los votantes por la Alianza los movería el rencor y odio a tanta conducta incompatible con la ética republicana y valores democráticos de un país en crisis. Otra forma de vaciamiento intelectual del voto que es manejado por el "marketing político" que ha infectado a nuestra joven democracia.

Es evidente que el voto castigo también será utilizado por el partido Justicialista en las próximas elecciones. Permanentemente existen menciones al gobierno radical de 1983 a 1989, con su incapacidad por resolver la brutal hiperinflación; la constante referencia a la retirada de Alfonsín del gobierno antes de culminar el mandato en el medio de la toma de supermercados y efervescencia sindical, militar y empresaria. Es una repetida pero efectiva arma política donde nadie pregunta por soluciones específicas y expone a los candidatos a la evidente de falta de ideas para gobernar.

 

   

¡Los problemas del ciudadano!

No falta el político que, en medio de un estado de consternación y golpeando la mesa ofendido, afirma que la gente está harta de palabras y discursos, que solo quiere que se le solucione sus problemas de trabajo, educación y seguridad. Pues bien, este es un eficaz eufemismo para no hablar de los verdaderos conflictos sociales del país. La falta de trabajo no es una causa sino el síntoma de un verdadero mal existente a solucionar y que es la ausencia de políticas de inversión o leyes laborales acordes a la realidad. La baja calidad de la educación es la muestra palpable de la falta de interés (léase presupuesto y políticas concretas...) para la cultura, el arte, la capacitación, la instrucción de las nuevas generaciones. La inseguridad es la evidencia de la ausencia de planes de contención social a desempleados, a adolescentes que ya no les quedan ni ideales ni futuro, de ocupación efectiva de la masa trabajadora echada de aquel antiguo Estado elefantiásico. Nadie quiere hablar ni escuchar sobre la deuda externa, tremendo monstruo que se devora miles de millones de dólares cada año y solo en concepto de servicios. Está claro que el capital es, a esta altura, impagable. No hay político, ni parece haber ciudadano responsable, que quiera abordar el tema que involucra el futuro de varias generaciones de argentinos. Nadie ha investigado el origen de esta deuda, su legitimidad, sus responsables, sus consecuencias. La clase política argentina mira para otro lado, como si este fuese un mal al que nos hemos acostumbrado y a nadie le importara. Y desgraciadamente, es cierto...

Muchos argumentos dan vuelta en el aire respecto de la participación de la gente en la política. El exceso de horas de trabajo (quienes lo tienen...), los problemas y la recesión anula el interés por la cosa pública. Personalmente creo que son excusas y nada justifica la fuga del ciudadano de la participación y búsqueda de nuevos horizontes políticos. La posibilidad de afirmar nuestra opinión sin censura y de votar por quien consideremos es un indudable derecho de cada argentino, garantizado por la Constitución y que a nadie debemos agradecer, pero tiene la contracara de la obligación de informarse y responsabilizarse por lo que se dice y se vota.

Como se dijo anteriormente, el "marketing" político ya ha infectado definitivamente a nuestra democracia. Los políticos ajustan su discurso de una hora a otra, en función de la última encuesta recibida sobre sus despachos, mostrando la falta de sinceridad de la campaña y la ausencia de conductas democráticas y republicanas de los ciudadanos que no exigen claridad en los conceptos ni soluciones verdaderas. En este aspecto, no parece muy buena la idea de definir el voto en un debate público y televisivo unas setenta y dos horas antes del acto eleccionario, como quien define la compra de una camisa o un par de zapatos frente a una vidriera. Al igual que una mercancía, suele comprarse el producto que finalmente venga mejor envuelto, mejor presentado, sin importar el contenido, la calidad y el respaldo que garantizan la elección realizada.

Todo esta conducta política de candidatos y electores, que enmarca claramente la futura elección presidencial, determina que la triste modalidad de voto castigo o de miedo, se encuentre mayoritariamente presente a la hora de optar por un partido u otro. La experiencia nos ha demostrado en forma efectiva que esta forma de conducirnos no nos ha llevado a situaciones muy felices y quizás haya llegado la hora de empezar a preocuparnos por el país donde vivimos.

   
 
  • Publicidad realizada por el candidato radical, Fernando De la Rúa, tratando de obtener el voto del simpatizante peronista. Una variante política pasada de moda, tal vez, pero de probable éxito en el ideario del votante medio justicialista. De propuestas, nada. De sentimientos, muchos...

 

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  • Ahora el candidato a vicepresidente por la Alianza opositora, Carlos "Chacho" Alvarez. Sin duda, una eficiente manera de despegarse absolutamente de la acción del gobierno opositor y una forma muy suspicaz de "hacer recordar" a la población que Eduardo Duhalde, el candidato opositor, pertenece al Justicialismo y es corresponsable de toda la acción del gobierno Menem. Tambien estamos en ausencia de todo tipo de propuestas.

 

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  • Hay algo que quedó bien en claro con esta publicidad: no se disculpa el gobierno de la corrupción propia (el que calla, otorga...) sino que, para dejar a los ciudadanos argentinos tranquilos, nos recuerdan de las declaraciones del actual candidato a vicepresidente de Fernando De la Rúa, hablamos de "Chacho" Alvarez, de las oportunas declaraciones respecto de la honradez del gabinete de gobierno de su compañero de fórmula en el la ciudad de Buenos Aires. Una pinturita...

 

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  • A ver si aclaramos algo. En una democracia, un partido gobierna y otro hace de oposición. Si un particular, una  entidad o grupo está en contra de los despidos que se producen bajo la anuencia, el agrado o la incapacidad de un gobierno, la lógica me dice que este particular, esta entidad o grupo pertenece a la oposición. Para sorpresa de todos, en la Argentina, no es así. El gobierno es también oposición de si mismo. No se entiende...

 

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  • Tres publicidades del candidato del Partido Justicialista (oficialista) que en el fondo hablan de los mismo: se ha llenado las escuelas de la provincia de Buenos Aires con la obligatoriedad de la educación secundaria. Es lógico, si en la primera decimos que se hizo obligatorio esta segunda instancia de la instrucción, automáticamente se ve reflejado en la cantidad de alumnos. Algo es algo y sería interesante saber si esa misma propuesta se implementaría a nivel nacional si Duhalde es presidente.
    Respecto de la medición, no sabemos de que es ni quien la hizo...
    Finalmente, sería interesante que se haga otro "corto" con las variaciones de criminalidad, pobreza y desocupación en el ámbito de la provincia de Buenos Aires.

 

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  • Es también muy interesante ver la campaña realizada por el candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, en reemplazo de Duhalde. Ver un amigo de años hablando bien de este candidato, es verdaderamente pobre. Respecto de su tarea como Ministro de Trabajo, se nota que ha sido eficiente con el fuerte aumento de la desocupación en nuestro país.
    Finalmente, a confesión de parte, relevo de pruebas. Si en su propio partido hubo corruptos, según Carlos Ruckauf, uno se pregunta: ¿dónde están esos corruptos, las demandas, los juicios, los encarcelados? Seguramente sueltos y de propuestas, nada...

 

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  • No todo está perdido. Alguna propuesta mínima hay para el futuro. No sabemos como va a revitalizar la salud pública el partido que también ha colaborado a destruirla en estos últimas décadas. De cualquier manera, algo es algo...

 

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  Publicidades de los partidos políticos para las próximas elecciones a realizarse en Argentina en el mes de octubre.

 

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