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¿A qué se debe la flagrante
indiferencia del electorado británico? Se han señalado numerosos factores:
desinformación, fatiga electoral, falta de un marco de referencia en el
cual ubicar el Parlamento Europeo, campañas insatisfactorias, y confusión
entre el Parlamento, la Comisión Europea y el Consejo de Ministros. El
estrepitoso resultado electoral ha desencadenado un tiroteo de acusaciones
cruzadas entre los principales dirigentes oficiales. ¿Quiénes son los
responsables de hacer tomar conciencia a la opinión pública, los partidos
políticos o los medios de comunicación?
Dado que estas elecciones
se pueden contemplar como un pseudo-referendo con respecto a la incorporación
del Reino Unido al esquema de moneda única, el triunfo del partido conservador
fue interpretado como una elocuente señal de que el electorado británico
no apoya la unificación monetaria. William Hague, líder de la oposición
Tory, consideró que la victoria en las urnas constituía una advertencia
hacia el Primer Ministro Tony Blair y una expresión de apoyo a la postura
antieuro que pregonan los conservadores. Este primer triunfo electoral
de los Tories desde 1992 seguramente obedece a que la campaña del partido
se concentró en la defensa de la libra esterlina, posible motivo por el
cual algunos electores declararon haber votado al partido conservador
"en contra de sus instintos naturales".
No obstante, nada parece
modificar la apatía imperante con respecto a la unificación del continente.
La imagen del parlamento europeo es sumamente negativa, ya que se lo percibe
como un organismo vetusto y corrupto a cuyos miembros sólo les interesa
acumular poder. Como a tantas instituciones directivas, a este foro se
le reclaman medidas drásticas que apunten a modernizar y "purificar"
sus estructuras.
Pese a que los sectores industriales
apoyan vehementemente la unificación monetaria debido a los eventuales
beneficios comerciales y financieros, el lobby antieuropeo ha tenido éxito
en ejercer presión sobre el Primer Ministro. Tras haber propiciado la
adopción del euro como moneda nacional, Blair se ha visto en la situación
de dar marcha atrás y declarar que para el Reino Unido sería una tontería
abandonar la libra en las condiciones actuales. Por si esto fuera poco,
un estrecho colaborador que se encuentra al frente de la Secretaría de
Comercio ha descartado la posibilidad de reemplazar la libra por el euro
al menos hasta el 2001. El oficialismo ha logrado aquietar un poco las
aguas al anunciar que su intención de convocar a un referendo el año próximo,
para someter el tema a votación pública, quedaría relegada. La actitud
adoptada finalmente favorece la expectativa ante lo que depare el futuro,
mientras la política nacional constituye el centro de atención. Antes
de alentar la unificación monetaria, el gobierno debe abocarse a defender
la participación del Reino Unido en la Unión Europea.
¿Cómo argumentan los euroescépticos
su oposición a los "eurófilos"? No resulta sorprendente que
mientras que un 31% de los encuestados se declara "contrario a la
incorporación al esquema de moneda única", la proporción asciende
a un 66% cuando la opción es lisa y llanamente "abandonar la libra".
En esta actitud, la estrategia económica se mezcla con el nacionalismo,
el orgullo patriótico y la tradición.
Durante sus primeros seis
meses de existencia, el euro ya se ha depreciado en alrededor de un 12%
con respecto al dólar, y se teme que en los próximos meses su valor descienda
a un nivel incluso inferior a la moneda estadounidense. Pese a que una
devaluación de la moneda única reforzaría las economías europeas, su debilidad
le quita apoyo en algunos países. Cabe señalar que lo que genera temor
no es tanto su posible impacto económico como su degradada reputación.
Para complicar aún más la situación, se acaba de filtrar un informe secreto
de la Comisión Europea que advierte que el futuro de la moneda única se
vería amenazado por el persistente déficit presupuestario de países como
Italia, Francia y Alemania. (¿Hace falta aclarar que a fin de alcanzar
la requerida meta de un déficit menor al 3% del PBI se recomiendan reformas
radicales tendientes a reducir el gasto social?)
¿Por qué debería la quinta
economía más poderosa del mundo sacrificar una moneda fuerte en pos de
lo que algunos consideran una endeble y falsa convergencia paneuropea?
Según aquellos que propician la unión, de ingresar inmediatamente, el
Reino Unido podría afianzarse como uno de los miembros principales de
la Comunidad. La intención es evitar lo ocurrido al momento de constituirse
el Mercado Común Europeo en las décadas del 50 y 60, cuando Gran Bretaña
quedó marginada del bloque comercial más promisorio del mundo. Si bien
la economía británica no tiene necesidad de compatibilizar con su contraparte
continental, es innegable que adoptar el euro le reportaría atractivos
beneficios comerciales.
No obstante, los euroescépticos
consideran que la postura proeuropea es ingenua y no guarda relación con
la realidad actual. La creciente hostilidad hacia el euro se fundamenta
en que la economía nacional muestra el nivel de solidez suficiente para
mantener su independencia; en tanto que los sistemas económicos y financieros
del continente se perciben como fundamentalmente diferentes y poco sofisticados,
en comparación con los británicos. Además, detrás del discurso unificatorio
se señala la velada intención de que Frankfurt se quede con el papel de
principal centro financiero de Europa, que hoy en día ostenta Londres.
A diferencia del cambio introducido
hace 28 años, momento en el que se decimalizó el sistema monetario, este
cambio parece conmover la identidad nacional. Acusados de aferrarse emocionalmente
al pasado, los defensores de la libra consideran que la moneda forma parte
del legado cultural británico y ven al euro como una amenaza a su cultivada
herencia histórica que los dejaría a merced de las impredecibles decisiones
de una cúpula extranjera. (Hay incluso quien ha llegado a afirmar que
el euro no es más que el dólar disfrazado.) Sin embargo, cabe aclarar
que la perspectiva de que la moneda única escogida no sea el euro sino
la libra esterlina no parece escandalizar a los euroescépticos, que estarían
más que satisfechos de conservar la preciada efigie de la Reina en sus
billetes.
Mientras que los propios
británicos reconocen su etnocéntrica naturaleza insular (con todo lo positivo
y lo negativo que implica esta calificación), hay quienes se refieren
a este rasgo con el adjetivo inglés "parochial". Si bien deriva
del concepto religioso referente al limitado alcance de la parroquia local,
el término ha cobrado un matiz negativo que los diccionarios intentan
traducir como "provinciano, pueblerino" [sic]. Más allá de las
palabras, el concepto queda claro a través de la descripción de las actitudes
comentadas.
¿Prosperará la situación
una vez que el euro deje de ser una inasible moneda virtual y se concrete
en los billetes que pronto comenzarán a emitir los once países involucrados?
Más bien, quizás la razón la tengan quienes sostienen que, cualquiera
sea la denominación de las monedas nacionales, la verdadera divisa fuerte
ha de ser el metálico electrónico que impongan IBM y Microsoft en el campo
internacional. ¡Dios salve a la Reina, y a la libra!
Por Geraldine Lublin.
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