Jaque mate a la democracia y a la nación.
Argentina: La fractura y los mercados.

Una crisis que no se detiene. El marco global en que se produce. Los que trabajan sólo para los "números". Un tropel de ánimas en fuga que hasta hace poco tiempo eran los habitantes de la nación Argentina. Un futuro incierto. Algunas de las cuestiones que aborda Karina Donángelo en su comentario político, en que cuesta encontrar palabras que expliquen la actual situación.

Por Karina Donángelo.
Agosto de 2001

 
 

Rostros tensos. Mandíbulas apretadas y el entrecejo fruncido. Manos curtidas, sangre caliente. Suspiros que parecen interminables. Miradas perdidas, cabezas inclinadas.

Opresión en el pecho y un grito contenido. Valijas a medio hacer. Esperanzas marchitas. La resignación a cuestas. El sacrificio eterno y un laberinto que parece no tener salida.

Actitudes temerosas. La pérdida de la fe y el salvataje a cualquier precio y por cualquier medio. La vista puesta en el extranjero, la fuga y el desaliento. La eterna levedad del ser.

El insomnio. Las cuentas, antes, durante y después de fin de mes. El déficit financiero. La humillación. El blindaje económico. Cavallo, el Mesías o el Anticristo. El hambre y la miseria. El riesgo país. La falta de argumentos. La vergüenza ajena.

Las indecisiones. Marchas y contramarchas. "Como cuando salimos de Cuba"... Los ojos vidriosos frente a la impotencia. Hombres y mujeres jóvenes haciendo patria en otra parte.

Sólo pan y mate cocido. Planes Trabajar. El capricho de los mercados. El pago de los intereses de la deuda. Senadores y diputados. La confianza externa. Las industrias que ya no son. Las huelgas. El tronar de los bombos. El ajuste. Los sindicalistas.

La Argentina. Y los argentinos..., así estamos...

 

 

Piquerero argentino...

Rumores...

En la Argentina, circulan por estos días todo tipo de rumores. Algunos de ellos, demasiado descabellados y otros, demasiado realistas. Lo cierto es que, últimamente, este país se ha visto envuelto en una andanada de versiones, calificaciones de consultoras extranjeras, opiniones de funcionarios norteamericanos y empresarios europeos. Contra algunos sectores de la política se ha pronunciado también la Iglesia católica. Y no han faltado tampoco distintas apreciaciones por parte de agrupaciones sindicales, como así también de distintos partidos políticos.

Todos opinan. Desde ministros de Gobierno, hasta secretarios. Ahora bien, mientras todo esto ocurre, como una manera de ocupar el tiempo y sin saber qué otra cosa hacer, este país, el nuestro, se está yendo al diablo.

Pese a las variadas opiniones de distintos analistas políticos, todavía no se sabe bien qué es lo que esperan los argentinos por estos días.

Hay quienes, con la mirada perdida y un dejo de melancolía observan impávidos como se hunde "el barco", es decir el país. Otros aguardan un milagro. Algunos seres le prenden velas a un ministro. Y no faltará quien le rece maldiciones a un político. Y es que este es el secreto que caracteriza a los argentinos: el dejar hacer, dejar decir. Y tanto se dejó hacer y tanto se dejó decir, que finalmente... nos jodieron.

 

   

Dicho por boca de ganso.

Sin embargo, en otro vértice de esta geografía argentina en movimiento, hay miles de personas que pensamos de otra manera. Personas a las que no nos convencen con teorías darwinianas, tan magistralmente aplicadas por los poderes, como "la supervivencia de los más aptos". O dicho en buen criollo: "sálvese quien pueda".

A Dios gracias, muchos de nosotros - y asumo el atrevimiento de poner en mis dichos la opinión de otras personas que coinciden con mis pensamientos-, no hemos perdido la capacidad de asombro. Asombro que despiertan declaraciones tan irrespetuosas de algunos funcionarios extranjeros, que uno no puede menos que reírse y sentir lástima por ellos. No, no es pecado de soberbia. Simplemente se trata de tener una mentalidad más abierta, una dimensión planetaria del asunto, y conciencia del lugar que ocupamos, de la herencia que recibimos, y de nuestros propios orígenes.

Como ejemplo, citamos las palabras que expresó sobre nuestro país, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Paul O'Neill, al semanario The Economist: "La Argentina se encuentra en esta encrucijada económica por voluntad propia. Hace setenta años o más, que los argentinos entran y salen de situaciones problemáticas. Ellos no tienen una industria de exportación que valga la pena. Y así les gusta. Nadie los obligó a que sean lo que son".

Hemos de poner en conocimiento, al señor O'Neill, que sus apreciaciones no nos han caído bien. Es más, nos han caído para la m... Porque, si para O'Neill, los argentinos "somos estúpidos y nos gusta serlo"; evidencia en él un desconocimiento absoluto, no sólo acerca de nuestro país y de sus habitantes, sino también de lo que significa tener buen gusto y diplomacia.

El problema es que muchos hombres como el antes citado se creen con autoridad suficiente como para verter en la prensa dichos descalificantes e injuriosos sobre otros pueblos. Y decimos problema, porque la miopía los enceguece de tal forma que lo único que se multiplica en estos seres de cerebro diminuto y primitivo, son los números.

Para esta gente, por llamarla de alguna manera, porciones enteras de población constituyen un sobrante "molesto", "archipiélagos humanos inviables", que de alguna manera tiene que ser liquidado de la faz de la Tierra. ¡Tan carentes de diplomacia para expresar sus opiniones en la prensa y sin embargo tan sutiles para llevar adelante este genocidio encubierto!... 

 

   

La crisis del progreso.

El escritor argentino, Rafael Barret decía en uno de sus libros que "los bancos son templos". Y no se refería, precisamente a las características arquitectónicas de este tipo de instituciones; sino más bien al poder, que por momentos parece estar más allá de lo meramente terrenal. Porque, aunque un país se esté cayendo a pedazos, los bancos permanecen intactos, imponentes y nunca pierden.

La actual crisis económica, junto al indiscutible protagonismo de los bancos, la especulación financiera y la deuda externa tiene en nuestro país interesantes antecedentes, dignos de analizar.

La clase gobernante argentina de 1880 se erigió sobre el credo político conservador y liberal a la vez: conservador porque intentaba mantener el poder político y social en beneficio de las familias tradicionales, y liberal porque incorporaba el país a las corrientes dominantes en el mercado mundial, derribando barreras económicas interiores y exteriores para favorecer la iniciativa privada. 

Con la llegada de Miguel Juárez Celman al poder se acentuó el sesgo liberal de la política económica, que disminuía la presencia del Estado, privatizando empresas estatales, como el Ferrocarril del Oeste y el servicio de obras sanitarias de la capital. Se propició además el ingreso masivo de capitales extranjeros y el aumento de la circulación monetaria.

Durante la década del 80', el crecimiento económico había tenido un importante fundamento en el ingreso masivo de préstamos extranjeros. Sin embargo, hacia 1890, la crisis se hizo presente. Y donde primero impactó fue en el mercado de Londres, fuente de los recursos financieros argentinos. El corte de los préstamos externos dejó al país imposibilitado de seguir creciendo, porque las importaciones argentinas y el servicio de la deuda eran muy grandes. Y como si esto fuera poco, las inversiones extranjeras todavía no se habían traducido en un crecimiento de las exportaciones, es decir que la Argentina tenía mucho que pagar anualmente y tenía escasos medios de pago.

La situación explotó a través de la cotización del oro, que era la moneda de pago internacional. Al subir el valor del oro se desvalorizaba el salario de los que dependían de un ingreso fijo, particularmente trabajadores y empleados.

Inexorablemente, la crisis económica arrastró a la crisis política. Se produjeron sucesivas huelgas, mitines, barricadas y levantamientos populares en la capital y en el interior del país.

Aunque los grupos revolucionarios habían sido controlados y disgregados por la fuerza pública; el gobierno de Juárez Celman estaba herido de muerte.

Al respecto, y hace poco más de ciento diez años, el escritor Carlos D'Amico se refería a la crisis de 1890 y los años venideros con una clarividencia escalofriante: "Dominada esta crisis, otra vez serán (los argentinos) deslumbrados por las riquezas excepcionales de esa tierra privilegiada y volverán a las andadas. Cada cinco años tendrán una crisis cuyos peligros irán creciendo en proporción geométrica, hasta que llegue un día en que deban a los de Londres y Frankfurt todo el valor de sus tierras; en que los usureros del otro lado del mar sean dueños de todos sus ferrocarriles, de todos sus telégrafos, de todas sus grandes empresas, de todas sus cédulas y de las cincuenta mil leguas que les hayan vendido a vil precio."

Y sigue diciendo D'Amico; "Cuando no tengan más bienes que entregar en pago empezarán por entregar las rentas de sus aduanas, seguirán con entregar la administración, la ocupación de su territorio, y concluirán por ver flotar sobre sus ciudades, en sus vastas llanuras, en sus caudalosos ríos, en sus altísimas montañas, la bandera del imperio que protege la libertad de Inglaterra pero que ha esclavizado el mundo con la libra esterlina".

Desgraciadamente, no todos aquellos que parecían gozar de clarividencia dieron en el blanco. Un ejemplo de esto lo encontramos en las palabras de Carlos Pellegrini, presidente de la Nación, hacia fines de 1890: "El país debe mucho al extranjero y está obligado a pagar. Sé que dicen por ahí que el gobierno no tendría cómo hacerlo y que es mejor suspenderlo. Es un gravísimo error. El día que dejemos de pagar ese servicio no seremos nada ni nadie. Seremos una nación sin crédito y sin honra. Si la Argentina falta a sus compromisos no se levantará ni en treinta años. Por eso me esforzaré en hacer ese servicio puntualmente, y si las rentas no alcanzaron para pagarlo, aunque no se pague la administración, pediré autorización para vender los bienes de la Nación, y cuando no hubiese más, pondría la bandera de remate hasta la misma casa de gobierno..."

Esta mentalidad ha perdurado por años. Tanto es así, que efectivamente se terminó rematando todos los bienes que le quedaban a nuestro país, en pos del pago de la deuda.

 

   
 

... Y siguen las versiones.

Pese al feroz ajuste implementado por el Gobierno en la última semana, curiosamente los mercados continúan manteniendo un perfil esquizofrénico. El riesgo país alcanza los 1.600 puntos y la situación económica parece no querer salir de su estancamiento.

Versiones periodística estarían indicando por estos días, que se estaría llevando a cabo en nuestro país un "golpe especulativo". Esto, incluso ha sido reconocido en conferencia de prensa por parte del actual ministro de Economía, Domingo Felipe Cavallo. El plan apuntaría a desestabilizar la moneda nacional, es decir el peso argentino e instalar definitivamente la dolarización.

Las especulaciones no se refieren a aspectos económicos únicamente. Según un informe "secreto" -y no tanto-, habría un grupo de cuatro banqueros, que estaría llevando a cabo un "golpe financiero". La idea de esta cúpula es cerrar el Parlamento y poner al frente del Gobierno un hombre idóneo y de máxima confianza para los mercados.

 

 

Domingo Cavallo.
 

Más Estados, menos naciones.

Aunque muchas son las versiones, lo que se está viendo en nuestro país y en todo el hemisferio es la concreción de un proyecto que apunta a consolidar la regionalización. Es decir, la desaparición de fronteras y la aparición de bloques emergentes, no ya nacionales, sino más bien regionales. "Áreas de satisfacción", frente a porciones enteras de población, condenadas a la marginalidad y consecuentemente a la desaparición.

El analista político y escritor norteamericano, Alvin Toffler lo explica muy bien en su libro Las guerras del futuro: "Muchos de los actuales estados van a fragmentarse y es posible que las unidades resultantes no sean en absoluto naciones integradas, en el sentido moderno, sino una variedad de entidades diferentes, desde federaciones tribales a ciudades-Estado". "Más aún -continúa diciendo Toffler- , mientras los grupos pobres, inermes e inmaduros exigen la "soberanía", los estados más poderosos y económicamente desarrollados están perdiendo la suya. Los gobiernos más fuertes y sus bancos centrales ya no son capaces de controlar la cotización de sus monedas en un mundo anegado por las mareas inconstantes del dinero electrónico; ni siquiera son dueños de sus fronteras como en el pasado: hasta cuando tratan de cerrar herméticamente sus puertas a las importaciones o a los inmigrantes, los estados de tecnología avanzada se ven cada vez más invadidos por corrientes de dinero, terroristas, armas, droga, cultura, religión, música pop, ideologías, información y muchas otras cosas".

Este plan de regionalización, ya había sido esbozado en su momento por el entonces presidente de los argentinos, el señor Carlos Saúl Menem. Se trata, nada más y nada menos que de la Tercera Reforma del Estado. Pese a que este mandatario no pudo llevarlo a cabo durante su mandato; el proyecto se está cumpliendo a cabalidad. Y tanto es así, que el actual gobernador de la provincia de Córdoba, José Manuel De la Sota, tras una consulta popular se propone transformar la Legislatura provincial en unicameral, con setenta miembros en lugar de la actual, con ciento treinta y tres y dos cámaras de senadores y diputados.

También en la provincia de Misiones se está llevando a cabo esta reducción. De doce ministerios quedaron seis y se recortó el trece por ciento del salario bruto de los trabajadores. 

Esta operación se enlaza además con lo que se conoce como el Proyecto Gran Norte (NOA), el Proyecto Noroeste Argentino (NEA) y otros. Se trata de la constitución de un nuevo mapa geográfico argentino. Donde cada región tendría autonomía, como unidad homogénea en la producción y el consumo. La propuesta es la siguiente: "desprovincializar", para "regionalizar" y "desmunicipalizar", para "subrregionalizar".

Sabido es que, por ejemplo, la provincia de Salta mantiene aceitadas relaciones comerciales con Chile y con el sur de Bolivia, más específicamente, la ciudad de Tarija. Uno de los negocios más fuertes de esta región es la minería, sobre todo lo que tiene que ver con la exportación de minerales metalíferos, tales como el litio, un componente esencial para la fabricación de tecnología de punta y materiales estratégicos.

Sin embargo, esto no es más que un reflejo del acontecer mundial. Según Ricardo Petrella, director de previsiones científicas y tecnológicas de la Comunidad Europea: "Hacia la mitad del próximo siglo, naciones-Estado como Alemania, Italia, Estados Unidos o Japón ya no serán las entidades socioeconómicas más relevantes y la configuración política definitiva. En su lugar, áreas como el condado californiano de Orange, Osaka en Japón, la región de Lyon en Francia o la Ruhrgebiete alemana adquirirán un rango socioeconómico predominante... Los auténticos poderes que en el futuro tomarán decisiones... serán las empresas multinacionales, aliadas con los gobiernos urbano-regionales". Y bien cierto es, que estas unidades podrían constituir un archipiélago de tecnología avanzada en el mar de una humanidad empobrecida. 

Por Karina Donángelo.
Agosto de 2001
 

Alvin Toffler.

 

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