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Reflexiones para
un 25 de mayo.
La REVOLUCIÓN sigue siendo un sueño.
Un país acostado. La bronca de la población.
La sordera de los políticos. La garra extranjera. Las banderas vacantes.
El clamor de los que ya no son. El sueño de la Revolución. Y una Independencia
inacabada. Karina Donángelo nos presenta una reflexión sobre estas
cuestiones a pocos días del aniversario de la Revolución del 25 de Mayo
de 1810.
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Por Karina
Donángelo.
Junio de 2001.
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Un
16 de julio de 1809, al grito de "¡Mueran los chapetones!", miles de manifestantes
iniciaron la revolución en la ciudad de La Paz. El pueblo depuso al entonces
gobernador y estableció una Junta Tuitiva de Gobierno. La proclama decía:
"Ya es tiempo de sacudir el yugo tan funesto a nuestra felicidad. Ya es
tiempo de levantar el estandarte de la libertad en estas desdichadas colonias
adquiridas sin el menor título y conservadas en la mayor injusticia y
tiranía".
Para entonces, una revolución
similar había ocurrido en Chuquisaca, en el Alto Perú.
En Paraguay, José Antequera
y Castro acaudilló al pueblo; levantó a los ejércitos y derrotó a las
tropas del rey en una sangrienta batalla. Junto a su sucesor, Fernando
Mompox, quien organizó a los partidarios de Antequera, bajo la denominación
de "Comuneros".
En Nueva Granada, también
hizo eclosión la llamada Revolución del Socorro, en la que más de 20.000
comuneros avanzaron sobre Santa Fé de Bogotá y sometieron a las autoridades
reinantes.
Hacia fines del siglo XVIII
se produjo la famosa Sublevación de Tupac Amarú. José Gabriel Condorcanqui,
cacique de Tungasuca e hijo del Inca Tupac Amarú acaudilló la rebelión
de sus hermanos de raza, sometidos a todo tipo de maltratos y exclusión
social.
Mientras que en la antesala
epocal de lo que sería nuestro país, un 25 de mayo de 1810 se lleva a
cabo la Revolución de Mayo.
Los protagonistas de este
levantamiento no tenían aún bandera, ni doctrina política alguna, excepto
los principios básicos de soberanía y libertad.
No obstante, estos hechos
fueron el resultado de mucho más que el mero deseo de independencia del
poder imperial. Pues dentro de los objetivos de los distintos movimientos
estaban la destitución de un funcionario considerado perjudicial; la abolición
de algún monopolio o la supresión de ciertos impuestos.
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Pirámide conmemorativa de la Revolución de
Mayo de 1810.
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Es decir; todos estos movimientos
revolucionarios surgieron de un profundo social, gracias a lo cual adquirieron
un amplio consenso popular. Muchos de ellos tuvieron una conducción política
un tanto confusa. Otros supieron sacar provecho de las batallas. Algunos
fueron proclives a las indecisiones; sufrieron divisiones y también desorganización.
Y en muchos casos -por no decir en casi todos- padecieron a las fuerzas
militares, que los gobiernos del momento movilizaban en su contra, conduciéndolos
finalmente a una sangrienta derrota.
El ideal universal a caballo.
Los efectos de la Revolución
Francesa, en el continente europeo sacudieron hasta los lugares más extremos
de la Tierra, en este caso, América y más específicamente, el Virreinato
del Río de la Plata.
La seguidilla de conflictos
acumulados por largos años estallaron en Francia, a fines del siglo. La
gente se alzó contra el rey, lo obligó a capitular en sus obligaciones
y finalmente lo ajustició.
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El Cabildo de Buenos Aires, epicentro del movimiento revolucionario de
Mayo de 1810.
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Tras guerras civiles, persecuciones
políticas, inestabilidad y la guerra de los estados absolutistas contra
el poder de la revolución se instauraron los ideales representativos de
este hecho sin precedentes, que significó un corte en la historia y la
apertura de un nuevo capítulo para la humanidad. Los derechos individuales,
la democracia, la división de poderes, la soberanía popular, el concepto
de Estado y el concepto de Nación son algunos de los ideales que servirán
como estandarte a lo largo de la historia moderna y contemporánea.
Ante la avanzada del poder
napoleónico en Europa y la ocupación de España por parte de las tropas
francesas, los estados americanos comienzan a reclamar la independencia
de la Corona española, incapaz de dirigir su organización política y de
satisfacer los requerimientos económicos.
Curiosamente, quienes sagazmente
incentivaron estas revolucionarias en el Río de la Plata fueron los ingleses.
Durante su brevísima dominación, cuando estuvieron prisioneros o desde
Montevideo mediante "operaciones de prensa", en contra de España a través
del periódico "Estrella del Sur".
Los ingleses recalcaron la
decadencia de la Metrópoli, la política obsecuente a las miras napoleónicas,
la ineptitud de los funcionarios encargados del gobierno, el desastroso
régimen monopólico, el abuso del despotismo y la injusticia de su sistema
económico.
Sin embargo, el proselitismo
de los ingleses abrió una grieta en el pensamiento social, que más que
buscar un cambio de amo, buscó la representación política de un gobierno
propio.
La idea patriótica triunfó
por sobre el imperialismo y el absolutismo. Poco a poco se forjó nuestra
Nación.
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La Toma de la Bastilla, símbolo de la Revolución
francesa.
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Todo cambia y todo queda.
Durante los ciento noventa
y un años que transcurrieron desde aquel suceso, Argentina ha vivido todo
tipo de acontecimientos. Desde el crecimiento y desarrollo de un país
riquísimo, hasta la expoliación más feroz de sus principales bienes. Presidencias
ejemplares y gobiernos nefastos. Violentas guerrillas y terrorismo de
Estado.
La inestabilidad económica,
las políticas de ajuste, en concordancia con el rumbo global del capital
y la corrupción enquistada en las esferas del poder, entre otras cosas
han producido en estos últimos 20 años una gravísima crisis social, un
desborde en los altos índices de desempleo y pobreza y un peligroso descontento
popular, que si no revierte con políticas sociales efectivas, de manera
urgente, puede alcanzar resultados inusitados.
Sin duda vivimos hoy una
situación, si no similar, bastante parecida a la que vivieron los pobladores
e iniciadores de la lejana y no tanto Revolución de mayo, allá por 1810...
Los ejemplos están a la vista.
La situación económica, social y financiera de enormes porciones de nuestro
país es un caos. A esto se suma el elevado nivel de endeudamiento, y los
índices fluctuantes, -y casi siempre negativos- del riesgo país; el temblor
de los mercados y lo que es peor aún, y verdaderamente preocupante, la
desesperanza de los habitantes, que salen a reclamar por las calles y
rutas del país, con el balsillo flaco, la desesperanza instalada y sin
nada que perder.
Es que los cortes de ruta,
las manifestaciones de los piqueteros, fogoneros, camioneros, pescadores,
zafreros, empleados públicos, pilotos de Aerolíneas Argentinas, jubilados,
etc., etc. conforman nuevos escenarios. Son grupos que no portan bandera,
ni poseen aún y solo aún una cabeza política visible; pero que sin embargo
fracturan la concepción de lo que comúnmente se entiende por Nación.
Asistimos hoy a "nuevas geografías
en movimiento". Porque es evidente que en nuestro territorio, hay más
de una Argentina. Existe una Argentina de los "nuevos" ricos; y una Argentina
de los que ya no son.
Hoy, a diferencia de lo que
ocurría en 1810, la amenaza no sólo está dada por un poder imperial externo.
O por potenciales dueños extranjeros que pugnan por el poder. También
está adentro.
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Las banderas vacantes.
Hoy, a 185 años de la Declaración
de la Independencia, vemos que si bien el pueblo argentino logró independizarse
del poder de España, la mayor parte de la población cayó bajo la dominación
de otro tipo de poder. El poder de los hacendados y terratenientes, primero;
de inversores y multinacionales después.
Es por este motivo que cabría
preguntarnos hasta qué punto se concretó la Revolución de Mayo; o si de
verdad gozamos de independencia, cuando el destino de nuestra Nación está
más comprometido con los intereses externos que con su propia población.
Sin ir más lejos, la presión que ejerce Estados Unidos en temas estratégicos
como la Ley de Patentes medicinales a estudio del Congreso; la política
de "Cielos Abiertos" (es decir, privatización, desregulación total del
transporte aéreo, lo que supone la pulverización final de la ya agonizante
Aerolíneas argentinas) y asuntos como la injerencia de la DEA estadounidense
y la participación militar en la lucha contra el narcotráfico y la seguridad
interna, entre otros, son una clara evidencia de la falta de independencia
nacional.
Por otra parte, el descrédito
de los partidos políticos, la ineptitud de la clase gobernante, y la inoperancia
de los mecanismos de control han hecho, en estos últimos años, que la
población argentina, no solo desconfíe, descrea y muchas veces repudie,
a quienes paradójicamente la representa...
Hoy las banderas están vacantes.
En casi todas las manifestaciones que se llevan a cabo, los asistentes
piden que se porten banderas argentinas y ya no partidarias. La gente
a empezado a autoconvocarse, en las provincias, en las ciudades y en los
barrios.
En la Argentina actual se
respira olor a bronca. Las consignas políticas han sido vaciadas de contenido.
Nos encaminamos a una fractura de nuestro territorio nacional. Nos enfrentamos
a un escenario, en el cual habrá geografías todavía acaudaladas, pero
también geografías del hambre, mundos de marginales. Y más allá de ello,
la nada. O con suerte, el recuerdo persistente de lo que fuimos, y de
lo que todavía podemos ser nosotros mismos como país.
No necesitamos una revolución
a la cubana, pero sí necesitamos recobrar la lucidez, el coraje político
y una perspectiva regional.
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Por Karina
Donángelo.
Junio de 2001.
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Un símbolo de nuestros tiempo: un grupo de
piqueteros cortando una ruta argentina...
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En este espacio,
estimado lector,
vuelque sus
comentarios e
inquietudes.
Muchas gracias.
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