La angustiante crisis en la Argentina.
"Cacerolazos" para el "veranito".

A un año de los "cacerolazos" se puede afirmar que la principal exigencia de esas conmovedoras y multitudinarias movilizaciones sociales no se ha cumplido. El famoso pedido de miles de manifestantes, "que se vayan todos", ampliamente difundido por los medios masivos de comunicación - a pesar de varios evidentes intentos de censura-, y reflejado por todas las encuestas, quedó como otra de las tantas manipulaciones a la opinión pública que se puede agregar a la enorme lista de frustraciones que padecen los argentinos en los últimos años, y que a enero del 2003 los ha desmovilizado en buena parte.

Por Pablo Rodríguez Leirado
Enero de 2003

 
 

El resultado de los célebres "cacerolazos", paradójicamente, fue la llegada a la presidencia de Eduardo Duhalde, uno de los principales responsables de la crisis que generó esta particular forma de protesta argentina que se hizo mundialmente famosa. Un muy breve repaso por los cargos que ocupó revela que se convocó a un pirómano para apagar el fuego. Entre 1989 y 1991 fue vicepresidente, luego, de 1991 hasta 1999, se desempeñó como gobernador de la Provincia de Buenos Aires -el principal estado provincial del país y cuya importancia hace de su gobernador el administrador más influyente, luego del presidente-. La derrota en las elecciones presidenciales frente a Fernando de la Rua, en 1999, le impidió ser presidente por el voto popular. Fue elegido senador nacional en el 2001 en una pobre elección para el Partido Justicialista (y para la todas las fuerzas políticas tradicionales). Finalmente, la Asamblea Legislativa lo proclamó presidente luego de la renuncia del gobierno de la Alianza como consecuencia de la crisis y las movilizaciones sociales de diciembre de 2001.

En realidad lo que quedó del "que se vayan todos" fue que sólo se fueron muy pocos, los integrantes del inepto gobierno de Fernando de la Rua. Otros aprovecharon para volver a postularse, sin ningún tipo de remordimiento por la situación de la cual también son responsables, como en el caso de los ex presidentes Adolfo Rodríguez Saa y Carlos Menem. Además de los innumerables casos de corrupción y el daño terrible efectuado a la independencia del Poder Judicial (con el aumento de los miembros de la Corte Suprema de Justicia de cinco a nueve, lo cual le otorgó una mayoría favorable), dos aspectos indiscutibles hacen impresentable a Menem para la función de gobierno: la desocupación que se padece actualmente se originó en los diez años de su gobierno cuando alcanzó índices históricos en la Argentina (y que sus ineptos sucesores hicieron crecer aún más). La otra cuestión, el aumento a cifras escandalosas de la deuda externa, (a pesar de haber privatizado casi la totalidad de los servicios y empresas que, de manera deficitaria, anteriormente administraba el Estado), que al finalizar su mandato en 1999 constituyó una verdadera bomba de tiempo que la incapacidad del gobierno de la Alianza hizo explotar en el 2001 y que aún sufrimos como una pesada carga que limita nuestro futuro.

En cuanto a representatividad de los políticos, hay que recordar que la mitad de la Cámara de Diputados proviene de la elección del 14 de octubre 2001, cuando la mayoría de la población decidió no votar a ningún candidato. En el pasado año no se realizó casi ningún cambio en la conformación del Congreso, a pesar de las denuncias por corrupción e ineficacia, al igual que en los estados provinciales.

En esta situación todavía se continuó con acciones que desprestigian aún más a los actuales dirigentes, como el escándalo sucedido en la Provincia de Tucumán, que se difundió por todo el mundo, de los niños muertos a causa del hambre. En esa provincia se ofrecieron medallas de oro, como distinción, a sus legisladores... También cabe agregar la vergonzosa elección interna de la UCR, con denuncias de fraudes, compra de votos, participación de "punteros", y otras irregularidades. Igualmente con la interna en el Partido Justicialista (única agrupación partidaria de relevancia en la actualidad), que da lugar a todo tipo de jugadas -tal vez sería mejor hablar de zancadillas-, en el ámbito político, el institucional, el judicial y en los mercados. La lista es mayor pero sólo hemos citado algunos casos...

No resulta extraño que ninguno de los candidatos y precandidatos hasta el momento no consiga llegar a un mísero 20% de intención de voto en todas las encuestas.

 

 


Dr. Eduardo Duhalde, presidente electo por la Asamblea Legislativa.

 


Dr. Fernando de la Rúa, ex presidente constitucional argentino.

 


El ex presidente constitucional Dr. Carlos Saúl Menem, dos veces elegido en elecciones nacionales.

"El veranito"

Sin embargo, los actuales dirigentes políticos insisten que ellos son los únicos capaces de superar la crisis. En la mayoría de los medios de comunicación y, como no podía ser de otro modo, desde el gobierno, se habla de una incipiente "reactivación", que sumada a una supuesta "tranquilidad social" ha sido bautizada como "el veranito".

¿Luego de la bestial devaluación se puede hablar de "veranito"? ¿O es que por vivir tantos años de estancamiento (más de tres años), la crisis, la violencia y la marginación se tornaron en un modo de vida habitual? ¿Nos habremos acostumbrado a que cada tanto se mueran niños de hambre y nos parezca normal? ¿Pretenderán que se considere a la actual dirigencia política (gobierno y oposición) como exitosa de haber detenido la catástrofe que ellos mismos habían preparado?

Pero las críticas no pueden ir sólo hacia la clase dirigente, ya que si bien es cierto que son los responsables más directos, ellos han sido elegidos como representantes del pueblo por los mismos damnificados... Sobre este tema nos referimos en el artículo publicado en enero del 2002 titulado "¿Y los responsables?"

Entonces, ¿cómo no volver a repetir los mismos errores? ¿cómo lograr el recambio de la dirigencia?

 

 

Las asambleas barriales

Muchos creyeron ver en las asambleas barriales surgidas de los "cacerolazos" el movimiento social que cambiaría la dirigencia en el país. Luego de un año se puede afirmar que semejante proyección fue excesivamente optimista. Cada día tienen menor participación y su incidencia en la vida cotidiana de los argentinos y en la opinión pública hoy es muy baja.

¿Fueron un fracaso? Para el objetivo que a fines del 2001 e inicios del 2002 se había propuesto a muy corto plazo la sociedad argentina ("que se vayan todos", y de manera inmediata), se puede afirmar que fueron una nueva frustración. Pero tal vez puedan ser el germen, o un paso más, en la concreción de la ansiada renovación, siempre y cuando se aprenda algo de los errores cometidos. Por ejemplo, se abusó de los "cacerolazos" y se los desvirtuó al emplearse la particular y curiosa protesta como un instrumento para la política, como ya hemos comentado en el artículo publicado en marzo del 2002 llamado "Réquiem para cacerolas".

También resultó una seria equivocación pretender que desde una asamblea barrial se pudiesen determinar las relaciones exteriores de un país, su política económica o educativa, y otros temas del alcance nacional. Se pecó de grandilocuencia en muchísimos de los casos. Si bien es cierto que la reunión de todas las asambleas barriales en una denominada "Interbarrial", que "sesionaba" en el Parque Centenario de la ciudad de Buenos Aires, no tuvo menor representación popular que el actual desprestigiado Congreso Nacional, lo cual tampoco es mucho decir... Su fracaso estuvo dado por la caótica operatividad, mayor aún que la de ese poder del Estado.

El historiador Luis Alberto Romero afirmaba en un reciente artículo periodístico (Diario La Nación del 19 de diciembre de 2002): "En cualquier caso, es claro que la voluntad de participación y la apelación a la buena voluntad y a la tolerancia, con ser condiciones necesarias de una práctica política democrática, no son suficientes, ni en la primera mitad del siglo XX ni en los albores del XXI. A ellas hay que agregarles fórmulas políticas e institucionales adecuadas, que encaucen la participación y preserven el pluralismo y la legalidad. En algún momento, en el mundo occidental se inventaron los partidos políticos para desarrollar esta tarea. No veo que haya aparecido ninguna alternativa mejor".

 

 

La dirigencia, el poder... ¿y el soberano?

Ocupar un cargo desde el cual se decide la política económica, las relaciones internacionales, la manera de enfrentar el problema de la deuda externa, la educación de miles de niños, administrar los servicios de salud pública de millones de personas, por citar solo algunas cuestiones, exige una muy fuerte preparación y capacidades que evidentemente no poseen nuestros actuales dirigentes políticos.

A esta altura de los acontecimientos ya está fehacientemente demostrado que los argentinos no hemos elegido bien, ya sea por dejarnos llevar por la propaganda simplista, la publicidad de las frases huecas, o las promesas fáciles y adulaciones de los candidatos. O por nuestro egoísmo y falta de responsabilidad para con nuestros compatriotas, porque ¿quién verificó a conciencia los antecedentes de quienes se postularon a cargos en el poder ejecutivo y legislativo? ¿Alguien propuso algún método racional para ello?

Tal vez todo sea por la falta de experiencia democrática, ya que por primera vez en la historia de la Argentina una generación (1983-2003) ha crecido en esta práctica, educada por quienes no la ejercieron.

Veinte años en los cuales no hemos sido capaces de generar instituciones que controlen a quienes nos representen en el ejercicio del poder, para evitar sus constantes abusos. Tal vez sea nuestra mayor falencia. Bien lo definía el padre intelectual de la Constitución de 1853, Juan Bautista Alberdi, a los 27 años en el Fragmento Preliminar al estudio del Derecho: "La soberanía es limitada. El Pueblo no es soberano de mi libertad, de mi inteligencia, de mis bienes, de mi persona que tengo de la mano de Dios; sino que al contrario, no tiene soberanía sino para impedir que se me prive de mi libertad, de mi inteligencia, de mi persona. De modo que cuando el pueblo o sus representantes, en vez de cumplir ese deber, son ellos los primeros en violarlos, ellos no son criminales únicamente, son también perjuros y traidores".

 
Por Pablo Rodríguez Leirado
Enero de 2003

 

Juan Bautista Alberdi, artífice intelectual de la Constitución Argentina de 1853.

 

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