Los peligros de la tecnocracia.
"Andrette, a su servicio"

Nuestra corresponsal en Canadá, Ana Mayte-Mendía de Coria plantea el siguiente interrogante: ¿Es el Retroceso Social la "lógica e inevitable" consecuencia del Progreso Tecnológico?

Por Ana Mayte-Mendía de Coria (desde Toronto, Canadá)

 
 

Los titulares de la sección financiera de uno de los diarios locales de la ciudad de Toronto proclamaban días pasados: "Androides responden a las consultas de los clientes". El autor de la nota - obviamente un enamorado de las nuevas técnicas -, relata con entusiasmo el nacimiento de un robot fabricado por la compañía estadounidense "Big Science Company" con sede en Atlanta, Georgia, bautizado con nombre femenino y francés - como mandan los rigurosos cánones de la seducción -, destinado a servir a los clientes de las "tiendas virtuales" o comercios que venden a través de la Internet. A tal punto han dotado al robot de inteligencia humana que (¡oh colmo de imbecilidad!) hasta le han dado rostro de mujer y "la sensibilidad necesaria para rechazar cortésmente una cita."

En su entusiasmo, el periodista repite con admiración las supuestas virtudes del robot que se incluyen en la propaganda de la compañía creadora del producto y que a mí, - que presumo de no sorprenderme fácilmente de los extremos de los "slogans" publicitarios -, me parece una absoluta obscenidad:

"Andrette está a su servicio 24 horas al día, siete días por semana, sin padecer mal humor, sin errores humanos, sin ausencias por enfermedad, sin sueldo ni beneficios sociales."

En la página en Internet de "Big Science Company" su vicepresidente de Marketing, Joel Ackerman, asegura a los potenciales compradores del producto fabricado por su empresa - que no es sino un programa de digital -, que Andrette permite a las compañías que venden en la red la posibilidad de tratar a sus clientes con la misma familiaridad que el tendero de la esquina, saludándolos por su propio nombre. Al margen de que esa aseveración me parece a todas luces paternalista - ya que dar por descontado que los clientes de las firmas que utilicen a Andrette se van a dejar seducir por un truco de venta tan obvio es por sí mismo un insulto a su inteligencia -, opino que el señor Ackerman, en su afán por congraciar a Andrette con los usuarios de los "comercios virtuales" parece subestimar la importancia del contacto humano. Los CCR - siglas que se utilizan para indicar Customer Care Robots o Robots de Atención al Cliente -, tienen un perfil gráfico que "demuestra cierto grado de inteligencia emocional y lógica, lo que les permite ofrecer un servicio individual y personalizado." ¿De veras? ¿Un robot con emociones? ¿No es esto acaso una contradicción?

Que se nos intente vender éste o aquel producto sobre la premisa de que tiene "características humanas" parece una aceptación involuntaria de que la humanidad es una virtud, lo cual me lleva a hacer una pregunta no necesariamente ingenua: ¿Por qué no utilizar el original humano en lugar de su robótica imitación? La respuesta la conocemos todos: porque no es económico. Al ser humano se le quiere caracterizar en los tiempos que vivimos como el "Pasivo" de la Empresa Global en la que el "Activo" es la codicia. Lo cual no deja de ser un triste comentario sobre el estado del mundo actual.

No es difícil darse cuenta de las ventajas que Andrette y sus "clones" presentan para las empresas, como queda bien expresado en la frase propagandística más arriba. Uno de los principales "inconvenientes" de los vendedores en Internet es que cuanto mayor es el grado de su popularidad mayor es la necesidad de emplear personal para responder a las consultas que el comprador hace a través de mensajes electrónicos. El comercio a través de la Red produce infinidad de preguntas, quejas y consultas por parte del cliente. Andrette es su sueño hecho realidad.

Esto, que a simple vista puede parecer trivial, nos da, no obstante, la medida de hasta qué grado se está eliminando el trabajo humano. No solamente los tradicionales puestos de trabajo dependientes de la manufactura sino que hasta muchos de los creados por las nuevas técnicas llevan camino de extinción. Al menos los puestos de baja remuneración. Las que sobreviven o florecen - como ya dije con anterioridad -, son una vez más las profesiones que requieren un alto grado de aptitud para las que no todo el mundo está capacitado mental y económicamente. Esta reducción de puestos de trabajo está haciendo que desde diversos sectores - desde políticos a económicos - se esté llevando a cabo la implementación de medidas encaminadas a convertir el acceso a la educación profesional en un privilegio en lugar de un derecho. (Tema que merece ser tratado separadamente, en un próximo artículo).

Hay otro aspecto de Andrette que me parece inquietante y me produce desconfianza: su capacidad para crear - a base de las llamadas "cookies" o galletitas- un "perfil" del cliente que le permite recibirlo la próxima vez de manera más personalizada. La siguiente vez que conectemos con la página de la tienda virtual Andrette o uno de sus "clones" nos reconocerá porque habrá creado un banco de datos que van desde nuestro nombre a nuestras preferencias individuales y le permitirá "adelantarse a nuestros deseos" y ofrecernos las últimas novedades. Esa "conveniencia" para el consumidor tiene un precio que no debemos olvidar: la pérdida de privacidad y del derecho de permanecer anónimos. Sin darnos cuenta vamos dejando una estela electrónica que en manos de desaprensivos nos pueden un día convertir en víctimas. Nuestro "perfil" puede ser vendido y la consecuencia menos nefasta, - y la gama de posibilidades es infinita - es la de que nuestros buzones electrónicos se llenen de propagandas de todo tipo que ni hemos solicitado ni deseamos. Se me antoja que nuestra sumisión a los nuevos medios la consideraríamos totalmente inaceptable en nuestra interrelación con el comercio tradicional. Paradójicamente, a mayor desconocimiento de la tecnología mayor es el grado de admiración que sentimos por ella, lo que inevitablemente nos deja desprotegidos.

Volviendo a Andrette... Si usted responde a la invitación que la página del fabricante le hace de dialogar con "ella" descubrirá --si es que a este punto no ha perdido usted ya su capacidad de analizar-- que no es que el robot se las sepa todas sino más bien que usted --tal vez inconscientemente o tal vez debido precisamente a esa flexibilidad del cerebro humano de la que carece el robot--se estará adaptando a sus limitaciones. ¿Vamos a permitir que se nos reduzca a adaptarnos nosotros y se nos quiera hacer creer que es en beneficio nuestro? Porque ahí tendríamos que entrar a hablar no de la inteligencia de los robots sino de la estupidez y la credulidad del ser humano.

Lo que queda en evidencia son las presiones para hacernos aceptar que el progreso tecnológico es imparable y que su lógica e inevitable consecuencia es el retroceso social. Estoy totalmente de acuerdo con el primer punto y hasta me parece deseable. Con lo que no comulgo y contra lo que me rebelo es que lo quieran imponer emparejado con el retroceso social que ni tiene por qué ser una consecuencia ni mucho menos aun "lógico e inevitable." Lo que es lógico - y en su día se verá su inevitabilidad -, es que la ciencia esté al servicio de la humanidad y no viceversa. De momento los predicadores de las ventajas de las actuales circunstancias - en su mayoría elites privilegiadas debido a su status económico o a sus conocimientos en demanda -, se amparan en el desconocimiento y la ignoracia de las posibilidades por parte de la inmensa mayoría. Pero, como ya ocurriera tiempo atrás, las masas se van paulatinamente educando y cada vez se irá haciendo más difícil "cuentearlas".

Seamos conscientes de que el cambio está en nuestras manos y no aceptemos que se nos quiera convencer de nuestra supuesta impotencia. La mejor plataforma para demostrar nuestra rebeldía son las urnas. Como dije ya en otra ocasión, el voto es el arma más potente, como lo demuestra el hecho de que es lo primero que arrebata al pueblo una dictadura.

Por Ana Mayte Mendía de Coria (desde Toronto, Canadá)

 

 

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