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Los límites de la
ciencia.
Eureka, y después...
Durante el siglo XX la ciencia ha sido indiscutiblemente
la protagonista, con aciertos y errores de todo tipo. La Carrera Espacial,
la contaminación del planeta, las tecnologías de avanzada, la energía
nuclear y la manipulación genética son algunos de estos ejemplos, sobre
los cuales reflexiona nuestra colaboradora Cristina Díaz Katzelis.
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Por
Cristina Díaz Katzelis.
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Los
avances científicos inciden en la vida de todos nosotros; hasta podríamos
decir de la vida y del planeta como hábitat de todo ser vivo. Se admira
a la ciencia por sus múltiples logros en campos como la medicina, las
comunicaciones y la ingeniería. A lo largo de la historia, las innovaciones
científicas siempre han tenido partidarios y detractores. Aunque algunas
objeciones carecían de base sólida; otras si las tenían. La verdad científica
ha liberado a muchas personas de conceptos erróneos; como que la Tierra
era plana, que era el centro del universo, que el calor era un fluido,
que el aire contaminado ocasionaba epidemias y que el átomo era la partícula
más pequeña de la materia.
Los descubrimientos de Galileo
Galilei, el gran físico y astrónomo del siglo XVI, uno de los fundadores
de la ciencia moderna, suscitaron la ira de la Iglesia Católica que lo
acusó de desobediente flagrante; sin embargo, 359 años después de haberlo
condenado, esta institución consideró importante reconciliarse con él.
Es cierto que muchos científicos consagran sus vidas a una labor que los
lleva a realizar encomiables esfuerzos en pro de una mejor calidad de
vida pero es necesario ser equilibrados cuándo nos enteramos de un nuevo
avance; debemos ver y examinar cuan provechoso o beneficioso es antes
de aquilatar su valor.
Si realizamos una encuesta,
lo mas probable es que muchas personas expresaran su interés y admiración
por la ciencia; pero también encontraríamos otros, que expresaran su temor
y hostilidad por ella, pues a veces se ve a los científicos como
profesionales fríos e insensibles. Con frecuencia la ciencia se apoya
en el prestigio de sus éxitos pasados y asume riesgos cada vez más peligrosos;
mientras muchas personas la reverencian y consideran el remedio contra
todos los males de la humanidad. Por este motivo, a menudo las palabras
"ciencia" y "científico" se relacionan con la verdad absoluta. Pero ciencia,
no siempre es sinónimo de veracidad...
Un antiguo axioma latino
dice: "El único enemigo de la ciencia es el ignorante". Sin embargo este
aforismo ya no es exacto, pues la ciencia tiene hoy más oponentes
que antes y no precisamente incultos. Una de las causas es la salida a
la luz de los engaños y la corrupción de algunos científicos. Esto nos
lleva a plantearnos preguntas tales como: ¿qué se entiende por ciencia?
¿Es siempre fidedigna la ciencia'? y ¿está en condiciones de afrontar
los singulares retos que el siglo XXI plantea?
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Galileo Galilei
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Que se entiende por ciencia
La ciencia, según la Enciclopedia
Espasa es: "El conocimiento cierto de las cosas por sus principios y causas".
Existen varias clases de ciencias o ramas del saber. En teoría, cualquier
terreno del conocimiento puede denominarse "ciencia"; puesto que por definición,
una rama del saber se convierte en ciencia siempre que su estudio se realice
siguiendo el método científico. No obstante, se torna difícil definir
dónde termina una disciplina científica y dónde empieza otra.
Existe la dificultad de hacer
una clasificación de las ciencias que presente, siquiera en sus líneas
generales, la rica variedad de ésta y cómo se relacionan entre si, uniéndolas
sin confundirlas y distinguiéndolas sin separarlas. En la mayoría de las
obras de consulta se destacan cuatro disciplinas científicas principales:
físicas, biológicas, sociales y exactas, incluyendo a las matemáticas
a quien se la considera "reina y doncella de las ciencias", sin la
cual careceríamos de un método unificado para dimensionar, cuantificar,
medir distancias y determinar temperaturas.
Las ciencias físicas incluyen
la química, la física y la astronomía. Las ciencias biológicas más relevantes
son la botánica y la zoología. Las sociales abarcan antropología, sociología,
económicas, ciencias políticas y sicología.
Entre las ciencias se distinguen
las puras y las aplicadas. Las primeras se fundan exclusivamente en el
hecho científico y los principios; las segundas, en el campo de la aplicación
práctica del concepto científico, razón por la cual se las conoce por
ciencias tecnológicas.
El quehacer de la ciencia
no se circunscribe a revelar solo incógnitas incesantes o discernir dentro
de un sistema cerrado y monolítico; su función implica también reformular
nuevas hipótesis sobre supuestos o certezas, que no han arrojado los resultados
esperados. El progreso no estriba tanto en la aniquilación de lo desconocido,
sino en esa doble traslación de irrupción del saber y planteamiento de
nuevas incógnitas. La verdad científica no es revelada; sino que se descubre.
Para eso se emplea un método de tanteo, denominado Método Científico,
que a veces resulta en una empresa infructífera o fructífera. Este método
consta de 4 pasos sistemáticos:
I. Observación de los hechos.
II. Sobre la base de los
hechos observados, se formula una teoría que explique el fenómeno.
III. Se pone a prueba la
teoría abundando en nuevas observaciones y por experimentación.
IV. Se comprueba si las predicciones
basadas en la teoría se cumple.
A pesar de este método de
pruebas y desaciertos, los científicos han podido acumular sorprendentes
conocimientos. Aunque muchas veces se han equivocado, han podido corregir
sus conclusiones inexactas antes de ocasionar daños graves; pero otras
veces no ha sido así, porque la búsqueda de la verdad científica es un
proceso continuo. Lo que hoy es una evidencia científica, mañana podría
considerarse un concepto equivocado y hasta peligroso. Siempre que los
conocimientos desacertados permanezcan en el sector de las ciencias puras,
el riesgo será mínimo, pero si se los trasladara al ámbito de las ciencias
aplicadas, los efectos serían desastrosos (como lo atestiguan algunas
famosas catástrofes científicas por los que debe rendir cuenta la ciencia).
En este siglo, muchos de
los medios que se usaron para librar guerras, cometer asesinatos masivos
y aniquilar pueblos enteros, se pusieron en práctica a través de la tecnología
totalitaria. Aviones y mísiles provocaron la destrucción de ciudades enteras;
más tarde, las armas atómicas y biológicas hicieron su aparición letal.
Muchos inventos y descubrimientos, que en su momento se creyó que iban
a ser para bien de la humanidad, resultaron ser una amenaza para los seres
vivos. En ciertos aspectos, podría decirse que la Primera Guerra Mundial
fue "la última guerra del siglo XIX"; ya que los soldados portaban espadas,
los combatientes iban a caballo, la monarquía y la nobleza poseían una
marcada ingerencia en los asuntos militares. Pero tecnológicamente, fue
un conflicto que perteneció al siglo XX. Los fuertes amurallados no proporcionaban
seguridad contra los enormes obuses; las cargas de infantería eran suicidas
contra las ametralladoras. Se había comenzado a utilizar la dinamita -descubierta
entre los años 1863 y 1867 por Alfred Nobel químico e industrial sueco.
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La Segunda Guerra Mundial: la Ciencia otra
vez al servicio de la muerte y la destrucción...
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El 6 de agosto del año 1945
el mundo entro en una nueva era. Las bombas atómicas lanzadas sobre las
ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, marcaron un sangriento
precedente en la historia de la evolución de las armas, "gracias" a la
ciencia... Las dos bombas provocaron cerca de 300.000 victimas, según
estimaciones del documento presentado a la ONU por el Gobierno japonés,
el 25 de junio de 1961. Las consecuencias de la radiación se hacen sentir
aún hoy.
El comienzo del siglo XX
marcó para siempre la línea divisoria entre la física clásica y la moderna.
Antes de 1900, cuando el físico alemán Max Planck descubriera que el átomo,
en su nivel básico, absorbía y desprendía energía en pequeñas partículas,
se creía que éste radiaba energía de forma continua y uniforme. La teoría
cuántica de Planck revolucionó la ciencia, fundando las bases para otros
avances. En 1905, Albert Einstein publicó su estudio sobre el efecto fotoeléctrico
y en 1913 se conoció la teoría de la estructura atómica, elaborada por
el físico dinamarqués Niels Bohr. Los trabajos de este científico sirvieron
de base para el descubrimiento (en 1922 se le otorgo el Premio Nóbel de
Física).
Por su colaboración con Albert
Einstein se convirtió en el centro mundial de la física teórica, antes
y después de la Primera Guerra Mundial. Albert Einstein, físico y matemático,
nacido en 1879 en Alemania, es reconocido como el fundador de la Teoría
de la Relatividad. En 1905 publicó tres articulos en la revista
científica alemana Annhalen der Physik (Anales de Física) que constituyeron
uno de los logros más importantes sobre física teórica. Al cabo de pocos
años, fue aclarando como un nuevo Copérnico, por los científicos teóricos
mas brillantes. También fue considerado como uno de los principales pensadores
de este siglo. En el tercer articulo introdujo la Teoría de la Relatividad,
gracias a lo cual se le otorgó el Premio Nóbel de Física, en el año 1921.
En una carta dirigida a Franklin Delano Roosevelt, fechada el 2 de agosto
de 1939, Einstein aseguraba que los científicos alemanes ya habían conseguido
una reacción nuclear en cadena. En ella decía que "en vista de la
situación, seria deseable que la administración estuviera en contacto
permanente con el grupo de físicos que trabaja en las reacciones en cadena
en Estados Unidos". Firmaban Albert Einstein, Eduard Weller y Alexander
Sacks.
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Franklin D. Roosvelt, presidente de los Estados
Unidos.
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Años más tarde, en un mensaje
a los intelectuales publicado el 29 de agosto de 1948, Albert Einstein
reflexionó sobre el lado oscuro de la ciencia: "Por dolorosa experiencia,
hemos aprendido que la razón no basta para resolver los problemas de nuestra
vida social. La penetrante investigación y el sutil trabajo científico
han aportado a menudo trágicas complicaciones a la humanidad (...) creando
los medios para su propia destrucción en masa. ¡Tragedia, realmente, de
abrumadora amargura!"
En un comunicado publicado
por la agencia Associated Press se dijo que "Gran Bretaña admitía que
había experimentado con la radiación en seres humanos". El Ministro de
Defensa británico confirmó que tales pruebas se habían realizado. Según
parece, una de ellas se habría llevado a cabo con una bomba atómica en
Maralinga (Australia del sur), a mediados de los años 50'. Maralinga es
una región aislada, razón por la cual Gran Bretaña consideró apropiada
para sus experimentos. Luego de la primera detonación, el entusiasmo del
éxito reinaba en el ambiente. En un informe de un diario de Merlbourne
se decía: "Cuando se disipó la nube -radioactiva-, llegaron en convoyes
de camiones y todo terrenos los soldados británicos, canadienses, australianos
y neozelandeses que se habían resguardado de la explosión en trincheras
situadas a sólo 8 kilómetros de donde se produjo. Casi todos los rostros
estaban sonrientes. Era como si volvieran de un día de campo". El corresponsal
de asuntos científicos del diario británico Daily Express, Chapman Pincher,
compuso la canción ''nostalgia por el hongo atómico". A esto se le agregan
las garantías del Ministro de Gobierno que aseveraban que todo había salido
bien y que la radiación no encerraba peligro para ningún australiano.
Años después se borraron las sonrisas de quienes agonizaban por haberse
expuesto a la radiación. Hubo un alud de reclamos por daños y perjuicios.
Hasta la fecha, Maralinga es una zona de acceso restringido por la contaminación
radioactiva...
Por otra parte, el conocimiento
científico hizo posible la invención de los insecticidas y los aerosoles.
La importancia de esto era incuestionable, hasta que investigaciones posteriores
revelaron que los insecticidas dejaban sustancias residuales nocivas para
la salud. En el caso de los aerosoles, distintos estudios indicaron que
su empleo contribuía al deterioro de la capa de ozono -que protege la
atmósfera terrestre-, más rápidamente de lo que se creía. Y la destrucción
de esta capa origina, como ya se ha comprobado, cáncer de piel.
El empleo de la sangre con
fines terapéuticos se generalizó tras la Seguida Guerra Mundial. La ciencia
la aclamó como un medio para salvar vidas y declaró que su utilización
no encerraba peligro. El advenimiento del SIDA empañó la euforia del ámbito
medico. De súbito, aquel fluido maravilloso se habla convertido en una
amenaza por el HIV, la Hepatitis y otras enfermedades. Aún hoy se desconoce
qué otros males se pueden estar transfundiendo, porque es imposible realizar
pruebas sobre lo que se ignora y los científicos son seres humanos y como
tal no son infalibles.
La tecnología se ha vuelto
tan poderosa que, en forma tal vez inadvertida, ha alterado el medio
habiente. A través de la contaminación, muchas especies -incluida la nuestra-
corren riesgo de extinción. La avalancha de basura doméstica, es uno de
los tantos problemas por enfrentar. Tan sólo en Estados Unidos se tiran
a diario un promedio de 400.000 toneladas.
El planeta se ha convertido
en un vertedero de todo tipo de desechos. Las emisiones de los automóviles,
los derrames de petróleo, los metales pesados, los plásticos, plaguicidas
herbicidas, el asbesto, los microondas, los compuestos de bromo; los clorofluorocarburos
afectan la capa de ozono y son amenazas crecientes a las cuales se enfrenta
la vida en la Tierra...
En lo concerniente a la reducción
de las emisiones de dióxido de carbono y la búsqueda de una solución para
los desechos químicos y radioactivos, se avanza a pasos de tortuga. No
obstante, se continúa realizando experimentos sin precedentes en el medio
ambiente global. ¿Y los problemas? Los problemas quizás se solucionen
solos; se hacen oídos sordos ante las advertencias.
Desde que el hombre aprendió
a utilizar el átomo para fabricar armas nucleares y generar electricidad,
los científicos se han visto ante el dilema de decidir cuáles son los
métodos más seguros para deshacerse de los residuos nucleares de elevada
radioactividad. Se han gastado miles de millones de dólares en la búsqueda
de métodos que impidan que estos residuos contaminen el medio ambiente,
y por ende a la población a lo largo de varias generaciones, ya que continúan
siendo letales por miles de años. Durante décadas, la mayor parte de estos
desechos se enterraban en pozos o se echaban en depósitos de filtración,
dentro de las propias centrales nucleares, pues se pensaba que los materiales
se irían desactivando y se volverían inocuos (suposición que tuvo resultados
catastróficos, como por ejemplo Three Miles Island y Chernobyl).
Cierto día de abril de 1986,
uno de los cuatro reactores de Chernobyl exploto y liberó en la atmósfera
100 millones de curies (unidad de medida) de radiación; 6 millones de
veces más que la fuga de Three Miles Island, Estados Unidos (el accidente
nuclear más grave, antes de Chernobyl). La central estuvo durante dos
semanas en llamas, lo cual impidió los primeros intentos para detener
la fuga. Muchas personas murieron en forma inmediata; la mayor parte,
a causa de la radiación. Decenas de miles fueron evacuados de un área
de 480 km2. Las tierras de labranza y el agua también fueron contaminadas.
La explosión de Chernobyl se debió a errores humanos y un inadecuado diseño
de la planta. Los técnicos cometieron serias equivocaciones y la central
carecía de controles apropiados para contrarrestar los errores.
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Toneladas de basura expuesta en la atmósfera
de los paises del Tercer Mundo.
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La Carrera Espacial
El 12 de abril de 1961, el
cosmonauta ruso Yuri Allekseivich Sagarin entró en los anales de la historia:
fue protagonista del primer viaje del hombre al espacio, en la cápsula
espacial Vostok I. Se convirtió en el ganador de la primera vuelta de
la Gran Carrera Espacial, entre la Unión Soviética y Estados Unidos. Los
rusos consiguieron otro gran éxito cuando, en 1963, Valentina Vladimirovna
Tereshkova se transformo en la primera mujer que viajó al espacio y dio
48 vueltas alrededor de la tierra. A partir de ese momento, Estados Unidos
encaró el desafío de alcanzar a la Unión Soviética en la carrera espacial.
En 1959, los científicos
de la NASA solicitaron permiso para construir una nave espacial, mediante
la cual realizarían un "alunizaje"; esta nave se llamarla Apolo. Pero
el entonces presidente de los Estados Unidos, Dwight David Eisenhower
rehusó aprobar la solicitud. Según él, el costo -entre 34.000 y 46.000
millones de dólares- "no iban a revertir en la ampliación de conocimiento
científico lo suficiente como para justificar la inversión". Eisenhower
dijo a la NASA que no aprobaría ningún proyecto que tuviera el objetivo
de aterrizar en la Luna (Blueprint for space). La única esperanza que
les quedaba a los científicos era el nuevo presidente: John. F. Kennedy.
El puso ante los científicos la meta de enviar un hombre a la luna, antes
que los rusos. El resultado ya es historia pues el 20 de julio de 1969,
el astronauta norteamericano Neil Amstrong descendió de la nave de aterrizaje
del Apolo 11 y pisó la superficie de la luna. Pero este espectacular logro
científico tuvo un precio: el 27 de enero de 1967, tres astronautas perdieron
la vida al incendiarse la cápsula de mando en que trabajaban, durante
un ejercicio preparatorio. La NASA suspendió los vuelos durante más de
un año, para revisar el diseño de la nave Apolo.
La NASA ha enviado al espacio
muchos satélites que han contribuido a un mayor conocimiento del universo.
Este es uno de los beneficios que los científicos resaltan, para justificar
el descomunal gasto que suponen los vuelos tripulados y las sondas espaciales
no tripuladas.
Con la caída del imperio
comunista soviético podría decirse que ha desaparecido el espíritu de
competencia espacial. Ahora, en lugar de competir, los científicos rusos
y norteamericanos hablan de "compartir conocimientos y experiencia"; pero
todavía quedan objetivos por alcanzar.
Muchos científicos espaciales
consideran imprescindible tener una estación espacial en funcionamiento.
Dieciséis países y 25.000 millones de dólares están convirtiendo en realidad
la Estación Espacial Internacional (EEI). Junto a la NASA, las agencias
espaciales de Rusia, Japón, Canadá, Francia, España, Alemania, Bélgica,
Dinamarca, Italia, Holanda, Suiza, Noruega, Suecia, Gran Bretaña y Brasil
aportarán lo mejor de su tecnología para instalar en el espacio a los
tres "primeros ciudadanos del universo" en el transcurso de
este año; y a siete, cuando se termine el proyecto, en el 2004.
La Estación contará con varios
laboratorios donde se espera llevar adelante múltiples experimentos médicos
y de ingeniería que, según los científicos, abrirán las puertas a nuevos
descubrimientos clínicos, industriales y tecnológicos imposibles de lograr
en la Tierra. Pero hay otra ambición que estimula la creación de esta
Estación Espacial: el deseo de poblar y explotar otros planetas. La mirada
inmediata está puesta en el planeta Marte. Desde el punto de vista de
los avances científicos, se espera que la estación provea un buen puerto
de aprovisionamiento y partida para el tan anhelado viaje tripulado a
Marte. También se espera lograr datos y fotografías digitales de distintos
ángulos del cosmos.
Uno de los propósitos del
telescopio espacial Hubble, según la NASA, era "buscar otros mundos, otras
galaxias y el mismo origen del universo en si". La NASA agregó que, "las
perspectivas de actividades espaciales en el siglo XXI son emocionantes
e interesantes. Podemos imaginarnos logros importantes, como la realización
de operaciones industriales en órbita, expediciones tripuladas a Marte
y la instalación de bases lunares. Ahora que hemos atravesado la frontera
espacial, no retrocederemos".
Pero prescindiendo de las
ambiciones que tenga el hombre, respecto al espacio exterior; en nuestro
planeta hay suficientes problemas que eximen urgentes soluciones.
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Los límites de la experimentación.
Es innegable que en el siglo
XX ocurrieron más avances científicos que en toda la historia de la humanidad.
A través de las medidas sanitarias, los antibióticos, la biología genética
y molecular, la ciencia avanzó y mejoró el bienestar de la gente
en el planeta, fundamentalmente en los países desarrollados. Muchos de
los avances científicos se centraron en la posibilidad de otros mundos:
el viaje a la Luna o la búsqueda de vida en Marte; pero de pronto el debate
científico giró hacia el hombre: clonar o no clonar.
La clonación es una técnica
genética que se utiliza para duplicar organismos vivos: animales, vegetales,
seres humanos... Como si se tratara de una fotocopiadora, a partir de
la célula de un ser vivo, se logra crear un organismo idéntico al original,
una copia
En julio de 1996 nació la
famosa oveja Dolly. Fue el primer ser vivo clonado a partir de una célula
adulta. La noticia divulgada por científicos escoceses conmovió al mundo
y abrió una gran polémica frente a la posibilidad de clonar humanos, algo
que sólo figuraba en los relatos de ciencia ficción.
Una vez más, el desarrollo
de la ciencia se enfrenta con la disyuntiva de siempre, la que enfrentó
Einstein con sus propias acciones en la desintegración del átomo, que
condujo a la creación acelerada de la bomba atómica: la cuestión de la
diversidad de los efectos de la ciencia: "se puede pero ¿se debe?'"...
El doctor Ian Wilmut, "padre
científico" de la oveja Dolly, adujo que la técnica de la clonación, "permitiría
mejorar la calidad de los animales para producir leche, carne y órganos
que podrían ser usados en diferentes tratamientos genéticos". Y dijo que,
"en un corto plazo, la tecnología permitirá el estudio de enfermedades
tales como el BSE (el "síndrome de la vaca loca"), que tienen componentes
genéticos. Ahora tenemos la posibilidad de estudiar un gen y a la vez
su rol en la enfermedad". Y agregó: "no vemos ninguna razón clínica
para copiar a un ser humano. Informaremos a las autoridades para que nuestra
técnica no sea distorsionada".
Cuando se le preguntó a este
científico si podría llevarse a cabo la clonación en seres humanos, Wilmut
contestó: "Si usted me pregunta si comenzarnos mañana y en nueve meses
vamos a producir un clon humano, mi respuesta va a ser absolutamente NO;
se debería hacer una enorme experimentación para poder implementarlo".
Dos años más tarde, el "NO"
del científico Ian Wilmut se convirtió en "SI". Dijo: "comprendo
que este es un tema profundamente ofensivo para muchas personas pero yo
estoy dispuesto a clonar un embrión humano si con ello se pudiesen tratar
enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson" (Declaración efectuada
el 20 de enero en la emisión del programa News Night, de la BBC).
Lo cierto es que la clonación
humana, junto con la manipulación genética, encarna una amenaza
encubierta a algo tan sagrado como es nuestra propia individualidad. Puesto
que la elección deliberada de seres humanos mejores en desmedro de aquellos
que poseen características inferiores, no se diferencia en mucho del segregacionismo
asesino planteado por el nefasto mito de la "raza superior", embanderado
por el nazismo.
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La oveja Dolly...
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Conclusiones.
Sin negar los logros de la
ciencia que han beneficiado al hombre, recordemos que los científicos
son humanos. No son inmunes a las tentaciones y corrupciones, ni sus motivos
son siempre nobles. A la ciencia le corresponde su lugar en la sociedad,
pero no como si fuera una lumbrera infalible.
Para la publicación Speculations
in Science and Technology, "la historia de la ciencia indica que,
por imponentes que parezcan (...) los principales científicos siguen siendo
falibles". En algunos casos no se trata solamente de fallos. Hay expertos
que disparan lúgubres advertencias sobre posibles catástrofes. El británico
Joseph Rotblat, premio Nóbel de Física, manifestó su inquietud. "Me
preocupan que otros adelantos proporcionen medios de destrucción a gran
escala más fáciles de obtener que las armas nucleares. La ingeniería genética
encierra bastantes probabilidades, dados los tremendos avances que ocurren
en este campo".
El escepticismo con el que
algunos ven a los científicos es en parte merecido pues muchos de ellos
se han puesto en entredicho a si mismos como investigadores neutrales
de la verdad. Aunque la ciencia ha aportado maravillosas visiones del
planeta y del cosmos, ciertas predicciones de un mundo mejor, que se hacen
apoyándose en la ciencia, suscitan más temor que esperanza.
A aquellos que no les importa
gastar sus vidas, sus esperanzas y enormes cantidades de dinero en busca
de una señal, cabría preguntarles: ¿qué beneficios deriva la humanidad
del inmenso esfuerzo y gasto por explorar el espacio exterior? ¿importa
tanto si Marte es un planeta deshabitado y tormentoso, seco y frío; si
en él hay marcianos, si el sonido del viento es igual que el de la Tierra?
¿No sería mejor emplear todos los recursos para "limpiar y poner en orden"
nuestra casa? De esta maravillosa aldea llamada Tierra, que con experimentos
válidos o no se ha contaminado y se ha convertido en un vertedero de desechos
de todo tipo. ¿Por qué buscar vida en otros planetas, mientras aquí en
la Tierra, millones de niños mueren de hambre?.
La curiosidad humana y el
anhelo de conocimiento continuarán impeliendo a hombres y mujeres a extender
las fronteras de los descubrimientos. Roguemos que sea para bien de toda
la humanidad, en pos de un mundo mejor.
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Por
Cristina Díaz Katzelis.
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En este espacio,
estimado lector,
vuelque sus
comentarios e
inquietudes.
Muchas gracias.
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