Los límites de la ciencia.
Eureka, y después...

Durante el siglo XX la ciencia ha sido indiscutiblemente la protagonista, con aciertos y errores de todo tipo. La Carrera Espacial, la contaminación del planeta, las tecnologías de avanzada, la energía nuclear y la manipulación genética son algunos de estos ejemplos, sobre los cuales reflexiona nuestra colaboradora Cristina Díaz Katzelis.

Por Cristina Díaz Katzelis.

 
 

Los avances científicos inciden en la vida de todos nosotros; hasta podríamos decir de la vida y del planeta como hábitat de todo ser vivo. Se admira a la ciencia por sus múltiples logros en campos como la medicina, las comunicaciones y la ingeniería. A lo largo de la historia, las innovaciones científicas siempre han tenido partidarios y detractores. Aunque algunas objeciones carecían de base sólida; otras si las tenían. La verdad científica ha liberado a muchas personas de conceptos erróneos; como que la Tierra era plana, que era el centro del universo, que el calor era un fluido, que el aire contaminado ocasionaba epidemias y que el átomo era la partícula más pequeña de la materia.

Los descubrimientos de Galileo Galilei, el gran físico y astrónomo del siglo XVI, uno de los fundadores de la ciencia moderna, suscitaron la ira de la Iglesia Católica que lo acusó de desobediente flagrante; sin embargo, 359 años después de haberlo condenado, esta institución consideró importante reconciliarse con él. Es cierto que muchos científicos consagran sus vidas a una labor que los lleva a realizar encomiables esfuerzos en pro de una mejor calidad de vida pero es necesario ser equilibrados cuándo nos enteramos de un nuevo avance; debemos ver y examinar cuan provechoso o beneficioso es antes de aquilatar su valor.

Si realizamos una encuesta, lo mas probable es que muchas personas expresaran su interés y admiración por la ciencia; pero también encontraríamos otros, que expresaran su temor y hostilidad por ella, pues  a veces se ve a los científicos como profesionales fríos e insensibles. Con frecuencia la ciencia se apoya en el prestigio de sus éxitos pasados y asume riesgos cada vez más peligrosos; mientras muchas personas la reverencian y consideran el remedio contra todos los males de la humanidad. Por este motivo, a menudo las palabras "ciencia" y "científico" se relacionan con la verdad absoluta. Pero ciencia, no siempre es sinónimo de veracidad...

Un antiguo axioma latino dice: "El único enemigo de la ciencia es el ignorante". Sin embargo este aforismo ya no es exacto, pues la ciencia  tiene hoy más oponentes que antes y no precisamente incultos. Una de las causas es la salida a la luz de los engaños y la corrupción de algunos científicos. Esto nos lleva a plantearnos preguntas tales como: ¿qué se entiende por ciencia? ¿Es siempre fidedigna la ciencia'? y ¿está en condiciones de afrontar los singulares retos que el siglo XXI plantea?

 

 

Galileo Galilei

Que se entiende por ciencia

La ciencia, según la Enciclopedia Espasa es: "El conocimiento cierto de las cosas por sus principios y causas". Existen varias clases de ciencias o ramas del saber. En teoría, cualquier terreno del conocimiento puede denominarse "ciencia"; puesto que por definición, una rama del saber se convierte en ciencia siempre que su estudio se realice siguiendo el método científico. No obstante, se torna difícil definir dónde termina una disciplina científica y dónde empieza otra.

Existe la dificultad de hacer una clasificación de las ciencias que presente, siquiera en sus líneas generales, la rica variedad de ésta y cómo se relacionan entre si, uniéndolas sin confundirlas y distinguiéndolas sin separarlas. En la mayoría de las obras de consulta se destacan cuatro disciplinas científicas principales: físicas, biológicas, sociales y exactas, incluyendo a las matemáticas a quien se la considera "reina y doncella de las ciencias", sin la cual careceríamos de un método unificado para dimensionar, cuantificar, medir distancias y determinar temperaturas.

Las ciencias físicas incluyen la química, la física y la astronomía. Las ciencias biológicas más relevantes son la botánica y la zoología. Las sociales abarcan antropología, sociología, económicas, ciencias políticas y sicología. 

Entre las ciencias se distinguen las puras y las aplicadas. Las primeras se fundan exclusivamente en el hecho científico y los principios; las segundas, en el campo de la aplicación práctica del concepto científico, razón por la cual se las conoce por ciencias tecnológicas.

El quehacer de la ciencia no se circunscribe a revelar solo incógnitas incesantes o discernir dentro de un sistema cerrado y monolítico; su función implica también reformular nuevas hipótesis sobre supuestos o certezas, que no han arrojado los resultados esperados. El progreso no estriba tanto en la aniquilación de lo desconocido, sino en esa doble traslación de irrupción del saber y planteamiento de nuevas incógnitas. La verdad científica no es revelada; sino que se descubre. Para eso se emplea un método de tanteo, denominado Método Científico, que a veces resulta en una empresa infructífera o fructífera. Este método consta de 4 pasos sistemáticos:

I. Observación de los hechos.

II. Sobre la base de los hechos observados, se formula una teoría que explique el fenómeno.

III. Se pone a prueba la teoría abundando en nuevas observaciones y por experimentación.

IV. Se comprueba si las predicciones basadas en la teoría se cumple.

A pesar de este método de pruebas y desaciertos, los científicos han podido acumular sorprendentes conocimientos. Aunque muchas veces se han equivocado, han podido corregir sus conclusiones inexactas antes de ocasionar daños graves; pero otras veces no ha sido así, porque la búsqueda de la verdad científica es un proceso continuo. Lo que hoy es una evidencia científica, mañana podría considerarse un concepto equivocado y hasta peligroso. Siempre que los conocimientos desacertados permanezcan en el sector de las ciencias puras, el riesgo será mínimo, pero si se los trasladara al ámbito de las ciencias aplicadas, los efectos serían desastrosos (como lo atestiguan algunas famosas catástrofes científicas por los que debe rendir cuenta la ciencia).

En este siglo, muchos de los medios que se usaron para librar guerras, cometer asesinatos masivos y aniquilar pueblos enteros, se pusieron en práctica a través de la tecnología totalitaria. Aviones y mísiles provocaron la destrucción de ciudades enteras; más tarde, las armas atómicas y biológicas hicieron su aparición letal. Muchos inventos y descubrimientos, que en su momento se creyó que iban a ser para bien de la humanidad, resultaron ser una amenaza para los seres vivos. En ciertos aspectos, podría decirse que la Primera Guerra Mundial fue "la última guerra del siglo XIX"; ya que los soldados portaban espadas, los combatientes iban a caballo, la monarquía y la nobleza poseían una marcada ingerencia en los asuntos militares. Pero tecnológicamente, fue un conflicto que perteneció al siglo XX. Los fuertes amurallados no proporcionaban seguridad contra los enormes obuses; las cargas de infantería eran suicidas contra las ametralladoras. Se había comenzado a utilizar la dinamita -descubierta entre los años 1863 y 1867 por Alfred Nobel químico e industrial sueco. 

 

 


La Segunda Guerra Mundial: la Ciencia otra vez al servicio de la muerte y la destrucción...

 

 

El 6 de agosto del año 1945 el mundo entro en una nueva era. Las bombas atómicas lanzadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki,  marcaron un sangriento precedente en la historia de la evolución de las armas, "gracias" a la ciencia... Las dos bombas provocaron cerca de 300.000 victimas, según estimaciones del documento presentado a la ONU por el Gobierno japonés, el 25 de junio de 1961. Las consecuencias de la radiación se hacen sentir aún hoy.

El comienzo del siglo XX marcó para siempre la línea divisoria entre la física clásica y la moderna. Antes de 1900, cuando el físico alemán Max Planck descubriera que el átomo, en su nivel básico, absorbía y desprendía energía en pequeñas partículas, se creía que éste radiaba energía de forma continua y uniforme. La teoría cuántica de Planck revolucionó la ciencia, fundando las bases para otros avances. En 1905, Albert Einstein publicó su estudio sobre el efecto fotoeléctrico y en 1913 se conoció la teoría de la estructura atómica, elaborada por el físico dinamarqués Niels Bohr. Los trabajos de este científico sirvieron de base para el descubrimiento (en 1922 se le otorgo el Premio Nóbel de Física).

Por su colaboración con Albert Einstein se convirtió en el centro mundial de la física teórica, antes y después de la Primera Guerra Mundial. Albert Einstein, físico y matemático, nacido en 1879 en Alemania, es reconocido como el fundador de la Teoría de la Relatividad. En 1905 publicó tres  articulos en la revista científica alemana Annhalen der Physik (Anales de Física) que constituyeron uno de los logros más importantes sobre física teórica. Al cabo de pocos años, fue aclarando como un nuevo Copérnico, por los científicos teóricos mas brillantes. También fue considerado como uno de los principales pensadores de este siglo. En el tercer articulo introdujo la Teoría de la Relatividad, gracias a lo cual se le otorgó el Premio Nóbel de Física, en el año 1921. En una carta dirigida a Franklin Delano Roosevelt, fechada el 2 de agosto de 1939, Einstein aseguraba que los científicos alemanes ya habían conseguido una reacción nuclear en cadena. En ella decía que "en vista de la situación, seria deseable que la administración estuviera en contacto permanente con el grupo de físicos que trabaja en las reacciones en cadena en Estados Unidos". Firmaban Albert Einstein, Eduard Weller y Alexander Sacks.

 

 

Franklin D. Roosvelt, presidente de los Estados Unidos.

 

Años más tarde, en un mensaje a los intelectuales publicado el 29 de agosto de 1948, Albert Einstein reflexionó sobre el lado oscuro de la ciencia: "Por dolorosa experiencia, hemos aprendido que la razón no basta para resolver los problemas de nuestra vida social. La penetrante investigación y el sutil trabajo científico han aportado a menudo trágicas complicaciones a la humanidad (...) creando los medios para su propia destrucción en masa. ¡Tragedia, realmente, de abrumadora amargura!"

En un comunicado publicado por la agencia Associated Press se dijo que "Gran Bretaña admitía que había experimentado con la radiación en seres humanos". El Ministro de Defensa británico confirmó que tales pruebas se habían realizado. Según parece, una de ellas se habría llevado a cabo con una bomba atómica en Maralinga (Australia del sur), a mediados de los años 50'. Maralinga es una región aislada, razón por la cual Gran Bretaña consideró apropiada para sus experimentos. Luego de la primera detonación, el entusiasmo del éxito reinaba en el ambiente. En un informe de un diario de Merlbourne se decía: "Cuando se disipó la nube -radioactiva-, llegaron en convoyes de camiones y todo terrenos los soldados británicos, canadienses, australianos y neozelandeses que se habían resguardado de la explosión en trincheras situadas a sólo 8 kilómetros de donde se produjo. Casi todos los rostros estaban sonrientes. Era como si volvieran de un día de campo". El corresponsal de asuntos científicos del diario británico Daily Express, Chapman Pincher, compuso la canción ''nostalgia por el hongo atómico". A esto se le agregan las garantías del Ministro de Gobierno que aseveraban que todo había salido bien y que la radiación no encerraba peligro para ningún australiano. Años después se borraron las sonrisas de quienes agonizaban por haberse expuesto a la radiación. Hubo un alud de reclamos por daños y perjuicios. Hasta la fecha, Maralinga es una zona de acceso restringido por la contaminación radioactiva...

Por otra parte, el conocimiento científico hizo posible la invención de los insecticidas y los aerosoles. La importancia de esto era incuestionable, hasta que investigaciones posteriores revelaron que los insecticidas dejaban sustancias residuales nocivas para la salud. En el caso de los aerosoles, distintos estudios indicaron que su empleo contribuía al deterioro de la capa de ozono -que protege la atmósfera terrestre-, más rápidamente de lo que se creía. Y la destrucción de esta capa origina, como ya se ha comprobado, cáncer de piel.

El empleo de la sangre con fines terapéuticos se generalizó tras la Seguida Guerra Mundial. La ciencia la aclamó como un medio para salvar vidas y declaró que su utilización no encerraba peligro. El advenimiento del SIDA empañó la euforia del ámbito medico. De súbito, aquel fluido maravilloso se habla convertido en una amenaza por el HIV, la Hepatitis y otras enfermedades. Aún hoy se desconoce qué otros males se pueden estar transfundiendo, porque es imposible realizar pruebas sobre lo que se ignora y los científicos son seres humanos y como tal no son infalibles.

La tecnología se ha vuelto tan poderosa que, en forma tal vez inadvertida,  ha alterado el medio habiente. A través de la contaminación, muchas especies -incluida la nuestra- corren riesgo de extinción. La avalancha de basura doméstica, es uno de los tantos problemas por enfrentar. Tan sólo en Estados Unidos se tiran a diario un promedio de 400.000 toneladas.

El planeta se ha convertido en un vertedero de todo tipo de desechos. Las emisiones de los automóviles, los derrames de petróleo, los metales pesados, los plásticos, plaguicidas herbicidas, el asbesto, los microondas, los compuestos de bromo; los clorofluorocarburos afectan la capa de ozono y son amenazas crecientes a las cuales se enfrenta la vida en la Tierra...

En lo concerniente a la reducción de las emisiones de dióxido de carbono y la búsqueda de una solución para los desechos químicos y radioactivos, se avanza a pasos de tortuga. No obstante, se continúa realizando experimentos sin precedentes en el medio ambiente global. ¿Y los problemas? Los problemas quizás se solucionen solos; se hacen oídos sordos ante las advertencias.

Desde que el hombre aprendió a utilizar el átomo para fabricar armas nucleares y generar electricidad, los científicos se han visto ante el dilema de decidir cuáles son los métodos más seguros para deshacerse de los residuos nucleares de elevada radioactividad. Se han gastado miles de millones de dólares en la búsqueda de métodos que impidan que estos residuos contaminen el medio ambiente, y por ende a la población a lo largo de varias generaciones, ya que continúan siendo letales por miles de años. Durante décadas, la mayor parte de estos desechos se enterraban en pozos o se echaban en depósitos de filtración, dentro de las propias centrales nucleares, pues se pensaba que los materiales se irían desactivando y se volverían inocuos (suposición que tuvo resultados catastróficos, como por ejemplo Three Miles Island y Chernobyl).

Cierto día de abril de 1986, uno de los cuatro reactores de Chernobyl exploto y liberó en la atmósfera 100 millones de curies (unidad de medida) de radiación; 6 millones de veces más que la fuga de Three Miles Island, Estados Unidos (el accidente nuclear más grave, antes de Chernobyl). La central estuvo durante dos semanas en llamas, lo cual impidió los primeros intentos para detener la fuga. Muchas personas murieron en forma inmediata; la mayor parte, a causa de la radiación. Decenas de miles fueron evacuados de un área de 480 km2. Las tierras de labranza y el agua también fueron contaminadas. La explosión de Chernobyl se debió a errores humanos y un inadecuado diseño de la planta. Los técnicos cometieron serias equivocaciones y la central carecía de controles apropiados para contrarrestar los errores.

 

 


Toneladas de basura expuesta en la atmósfera de los paises del Tercer Mundo.

 

La Carrera Espacial

El 12 de abril de 1961, el cosmonauta ruso Yuri Allekseivich Sagarin entró en los anales de la historia: fue protagonista del primer viaje del hombre al espacio, en la cápsula espacial Vostok I. Se convirtió en el ganador de la primera vuelta de la Gran Carrera Espacial, entre la Unión Soviética y Estados Unidos. Los rusos consiguieron otro gran éxito cuando, en 1963, Valentina Vladimirovna Tereshkova se transformo en la primera mujer que viajó al espacio y dio 48 vueltas alrededor de la tierra. A partir de ese momento, Estados Unidos encaró el desafío de alcanzar a la Unión Soviética en la carrera espacial.

En 1959, los científicos de la NASA solicitaron permiso para construir una nave espacial, mediante la cual realizarían un "alunizaje"; esta nave se llamarla Apolo. Pero el entonces presidente de los Estados Unidos, Dwight David Eisenhower rehusó aprobar la solicitud. Según él, el costo -entre 34.000 y 46.000 millones de dólares- "no iban a revertir en la ampliación de conocimiento científico lo suficiente como para justificar la inversión". Eisenhower dijo a la NASA que no aprobaría ningún proyecto que tuviera el objetivo de aterrizar en la Luna (Blueprint for space). La única esperanza que les quedaba a los científicos era el nuevo presidente: John. F. Kennedy. El puso ante los científicos la meta de enviar un hombre a la luna, antes que los rusos. El resultado ya es historia pues el 20 de julio de 1969, el astronauta norteamericano Neil Amstrong descendió de la nave de aterrizaje del Apolo 11 y pisó la superficie de la luna. Pero este espectacular logro científico tuvo un precio: el 27 de enero de 1967, tres astronautas perdieron la vida al incendiarse la cápsula de mando en que trabajaban, durante un ejercicio preparatorio. La NASA suspendió los vuelos durante más de un año, para revisar el diseño de la nave Apolo.

La NASA ha enviado al espacio muchos satélites que han contribuido a un mayor conocimiento del universo. Este es uno de los beneficios que los científicos resaltan, para justificar el descomunal gasto que suponen los vuelos tripulados y las sondas espaciales no tripuladas.

Con la caída del imperio comunista soviético podría decirse que ha desaparecido el espíritu de competencia espacial. Ahora, en lugar de competir, los científicos rusos y norteamericanos hablan de "compartir conocimientos y experiencia"; pero todavía quedan objetivos por alcanzar.

Muchos científicos espaciales consideran imprescindible tener una estación espacial en funcionamiento. Dieciséis países y 25.000 millones de dólares están convirtiendo en realidad la Estación Espacial Internacional (EEI). Junto a la NASA, las agencias espaciales de Rusia,  Japón, Canadá, Francia, España, Alemania, Bélgica, Dinamarca, Italia, Holanda, Suiza, Noruega, Suecia, Gran Bretaña y Brasil aportarán lo mejor de su tecnología para instalar en el espacio a los tres "primeros ciudadanos del universo" en el transcurso de este año; y a siete, cuando se termine el proyecto, en el 2004. 

La Estación contará con varios laboratorios donde se espera llevar adelante múltiples experimentos médicos y de ingeniería que, según los científicos, abrirán las puertas a nuevos descubrimientos clínicos, industriales y tecnológicos imposibles de lograr en la Tierra. Pero hay otra ambición que estimula la creación de esta Estación Espacial: el deseo de poblar y explotar otros planetas. La mirada inmediata está puesta en el planeta Marte. Desde el punto de vista de los avances científicos, se espera que la estación provea un buen puerto de aprovisionamiento y partida para el tan anhelado viaje tripulado a Marte. También se espera lograr datos y fotografías digitales de distintos ángulos del cosmos.

Uno de los propósitos del telescopio espacial Hubble, según la NASA, era "buscar otros mundos, otras galaxias y el mismo origen del universo en si". La NASA agregó que, "las perspectivas de actividades espaciales en el siglo XXI son emocionantes e interesantes. Podemos imaginarnos logros importantes, como la realización de operaciones industriales en órbita, expediciones tripuladas a Marte y la instalación de bases lunares. Ahora que hemos atravesado la frontera espacial, no retrocederemos".

Pero prescindiendo de las ambiciones que tenga el hombre, respecto al espacio exterior; en nuestro planeta hay suficientes problemas que eximen urgentes soluciones. 

 

 

 

 

Los límites de la experimentación. 

Es innegable que en el siglo XX ocurrieron más avances científicos que en toda la historia de la humanidad. A través de las medidas sanitarias, los antibióticos, la biología genética y molecular, la ciencia avanzó y mejoró  el bienestar de la gente en el planeta, fundamentalmente en los países desarrollados. Muchos de los avances científicos se centraron en la posibilidad de otros mundos: el viaje a la Luna o la búsqueda de vida en Marte; pero de pronto el debate científico giró hacia el hombre: clonar o no clonar.

La clonación es una técnica genética que se utiliza para duplicar organismos vivos: animales, vegetales, seres humanos... Como si se tratara de una fotocopiadora, a partir de la célula de un ser vivo, se logra crear un organismo idéntico al original, una copia

En julio de 1996 nació la famosa oveja Dolly. Fue el primer ser vivo clonado a partir de una célula adulta. La noticia divulgada por científicos escoceses conmovió al mundo y abrió una gran polémica frente a la posibilidad de clonar humanos, algo que sólo figuraba en los relatos de ciencia ficción.

Una vez más, el desarrollo de la ciencia se enfrenta con la disyuntiva de siempre, la que enfrentó Einstein con sus propias acciones en la desintegración del átomo, que condujo a la creación acelerada de la bomba atómica: la cuestión de la diversidad de los efectos de la ciencia: "se puede pero ¿se debe?'"...

El doctor Ian Wilmut, "padre científico" de la oveja Dolly, adujo que la técnica de la clonación, "permitiría mejorar la calidad de los animales para producir leche, carne y órganos que podrían ser usados en diferentes tratamientos genéticos". Y dijo que, "en un corto plazo, la tecnología permitirá el estudio de enfermedades tales como el BSE (el "síndrome de la vaca loca"), que tienen componentes genéticos. Ahora tenemos la posibilidad de estudiar un gen y a la vez su rol en la enfermedad". Y agregó: "no vemos ninguna razón clínica para copiar a un ser humano. Informaremos a las autoridades para que nuestra técnica no sea distorsionada".

Cuando se le preguntó a este científico si podría llevarse a cabo la clonación en seres humanos, Wilmut contestó: "Si usted me pregunta si comenzarnos mañana y en nueve meses vamos a producir un clon humano, mi respuesta va a ser absolutamente NO; se debería hacer una enorme experimentación para poder implementarlo".

Dos años más tarde, el "NO" del científico Ian Wilmut se convirtió en "SI". Dijo: "comprendo que este es un tema profundamente ofensivo para muchas personas pero yo estoy dispuesto a clonar un embrión humano si con ello se pudiesen tratar enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson" (Declaración efectuada el 20 de enero en la emisión del programa News Night, de la BBC).

Lo cierto es que la clonación humana, junto con la manipulación genética,  encarna una amenaza encubierta a algo tan sagrado como es nuestra propia individualidad. Puesto que la elección deliberada de seres humanos mejores en desmedro de aquellos que poseen características inferiores, no se diferencia en mucho del segregacionismo asesino planteado por el nefasto mito de la "raza superior", embanderado por el nazismo.

 

 

La oveja Dolly...

Conclusiones.

Sin negar los logros de la ciencia que han beneficiado al hombre, recordemos que los científicos son humanos. No son inmunes a las tentaciones y corrupciones, ni sus motivos son siempre nobles. A la ciencia le corresponde su lugar en la sociedad, pero no como si fuera una lumbrera infalible.

Para la publicación Speculations in Science and Technology, "la historia de la ciencia indica que, por imponentes que parezcan (...) los principales científicos siguen siendo falibles". En algunos casos no se trata solamente de fallos. Hay expertos que disparan lúgubres advertencias sobre posibles catástrofes. El británico Joseph Rotblat, premio Nóbel de Física, manifestó su inquietud. "Me preocupan que otros adelantos proporcionen medios de destrucción a gran escala más fáciles de obtener que las armas nucleares. La ingeniería genética encierra bastantes probabilidades, dados los tremendos avances que ocurren en este campo".

El escepticismo con el que algunos ven a los científicos es en parte merecido pues muchos de ellos se han puesto en entredicho a si mismos como investigadores neutrales de la verdad. Aunque la ciencia ha aportado maravillosas visiones del planeta y del cosmos, ciertas predicciones de un mundo mejor, que se hacen apoyándose en la ciencia,  suscitan más temor que esperanza.

A aquellos que no les importa gastar sus vidas, sus esperanzas y enormes cantidades de dinero en busca de una señal, cabría preguntarles: ¿qué beneficios deriva la humanidad del inmenso esfuerzo y gasto por explorar el espacio exterior? ¿importa tanto si Marte es un planeta deshabitado y tormentoso, seco y frío; si en él hay marcianos, si el sonido del viento es igual que el de la Tierra? ¿No sería mejor emplear todos los recursos para "limpiar y poner en orden" nuestra casa? De esta maravillosa aldea llamada Tierra, que con experimentos válidos o no se ha contaminado y se ha convertido en un vertedero de desechos de todo tipo. ¿Por qué buscar vida en otros planetas, mientras aquí en la Tierra, millones de niños mueren de hambre?.

La curiosidad humana y el anhelo de conocimiento continuarán impeliendo a hombres y mujeres a extender las fronteras de los descubrimientos. Roguemos que sea para bien de toda la humanidad, en pos de un mundo mejor.

Por Cristina Díaz Katzelis.
   

 

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