Turismo al margen.
La Plaza de Mayo.

Testigo de los acontecimientos más trascendentales de la vida política y social de la República Argentina, la Plaza de Mayo de Buenos Aires es el palco ideal para observar en su alrededor cuatrocientos dieciocho años de historia con éxitos y fracasos para el país.

Por Eduardo Rodríguez Leirado.

 

Producto de la síntesis urbanística que planteó las Leyes de Indias a la hora de fundar ciudades en los territorios conquistados para la Corona Española, el rectangular solar de la Plaza de Mayo, puede ser el punto ideal para iniciar la visita a la ciudad capital de la República Argentina: Ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Nuestra Señora del Buen Ayre, hoy conocida simplemente como Buenos Aires.

 

   
 

Si se pudiera hacer una visita, en pocos minutos, a todas las ciudades o grandes pueblos del interior del país, podríamos ver que el funcionamiento del predio y su entorno no difieren demasiado sus plazas centrales de la plaza histórica de Buenos Aires: un cuadrado, mas o menos, rodeado de edificios emblemáticos como la Casa de Gobierno, la Catedral o su iglesia mayor, el banco público, un museo y algunos otros edificios de carácter estatal. La diferencia sustancial radica en su envergadura y que su espacio fue testigo de prácticamente todos los acontecimientos trascendentales de la historia de la Nación, algunos para su gloria y orgullo, otros para su desgracia e ignominia...

De aquel tronco de madera inicial donde Garay estableció, como árbol de justicia, la fundación de la ciudad, no queda absolutamente nada. En su lugar quedó una pirámide blanca cuya connotación difiere totalmente de aquel viejo tronco: recordar y rememorar la Revolución de Mayo de 1810, donde, al igual que en todos los reinos de España, la soberanía del rey Fernando VII, prisionero del emperador de Francia Napoleón I, era devuelta al Cabildo como las tradiciones forales españolas lo imponían.

Sin embargo, al tope de esa pirámide, no dejará de sorprender la presencia de la imagen de la República, otra contradicción de la historia argentina: ni el Cabildo ni prácticamente ninguno de sus próceres pensaron en un régimen de esa índole. Incluso, para sorpresa de lectores poco avisados, incluidos gran parte de los argentinos, aquellos días se juró fidelidad a España y a su Rey. Hoy, luego de ciento ochenta y ocho años, la Pirámide le tocó en suerte ser el centro de un triste carrousel: decenas de madres y abuelas, que todos los jueves peregrinaban su dolor en busca de respuestas a la desaparición de hijos y nietos...

 

 

Pirámide de Mayo

Mirando hacia el Este y por detrás de la figura ecuestre del prócer mas emblemático de Argentina, don Manuel Belgrano, se podrá ver el característico perfil del asimétrico palacio del Poder Ejecutivo de la Nación: la Casa Rosada. Desde sus balcones, a modo de palco de tribunos, políticos populares arengaron a las masas en diversos períodos de fervor nacionalista y excitismo exacerbado o en otras, tristemente recordados, brutales generales devenidos en dictadores manipularon dichos sentimientos para arrojar al pais a una guerra perdida de antemano contra potencias mundiales de primer orden. Seguramente, uno de los artífices de la Argentina como Nación, el ex presidente Domingo Faustino Sarmiento, no habría imaginado una finalidad pública tan desastrosa para un edificio cuyo color rosado, por él elegido, intentó ser un parangón de otra República nacida un siglo antes al norte del Rio Grande...

 

 

La Casa Rosada, sede del poder ejecutivo de la República.
 

A diferencia de su primo de Washington, esta sede de gobierno nunca puede ser visitada salvo un pequeño museo en sus plantas inferiores y laterales y que dan acceso a un gran pozo donde se conservan restos de la antigua aduana de Taylor y del fuerte que, en época colonial, era el asentamiento de las unidades militares de la Corona. Es por ello que solo miembros del gobierno, periodistas o invitados especiales puede disfrutar del Salón Blanco, el Jardín de Invierno y del Patio de las Palmeras. Lo mas significativo de este palacio es la insólita asimetría de su fachada: su volúmen es producto de la conjunción de la antigua casa de gobierno con la sede del primer edificio de Correos, mediante la realización de un gran arco del arquitecto italiano Tamburini. Por sus salones pasaron gobiernos de elecciones democráticas, de diversas condiciones y calidades: Sarmiento, Mitre, Roca, Pellegrini, Irigoyen, Alvear, Perón, Frondizi, Illia, Alfonsín y Ménem. Lamentablemente también funestos militares de triste recuerdo como Uriburu, Onganía, Videla y Galtieri.

Girando la mirada hacia la derecha de la Casa Rosada, podemos ver un edificio de proporciones dignas de la arquitectura oficial nazi o fascista: el Ministerio de Economía, obra que data del año 1940 y refleja una Argentina donde no se ocultaban ciertas simpatías oficiales por los regímenes autoritarios de la Alemania y la Italia de preguerra. En sus muros aún se observan las huellas del alzamiento militar que derrocó al general Juan Perón de su cargo de presidente el 16 de junio de 1955.

Continuando hacia la derecha de este Ministerio, observamos otro edificio de características semejantes al anterior respecto de su monumentalidad y monotonía: el Ministerio de Acción Social (el ex Banco Hipotecario Nacional). Insólitamente, en su interior, se conserva parte del antiguo Congreso de la Nación, tal como funcionó entre 1864 y 1905, con su fachada de características neoclásicas, sus columnas, rejas, sala de sesiones, mobiliario y dos balconadas. También se puede encontrar lo que fue la casa del general Balcarce y que hoy es la sede de la Academia Nacional de Historia, en cuyos salones se puede apreciar una importantísima biblioteca.

 

 


Sede del Ministerio de Economía de la Nación.


Ministerios de Acción Social (ex Banco Hipotecario Nacional)

 

Siguiendo con nuestra mirada aún mas hacia la derecha, se podrá ver otro conjuntos de edificios cuyo perfil continúa con la monotonía de los edificios públicos y estatales argentinos. En medio, como pidiendo disculpas, un edificio clasisista aún se levanta en muy mal estado, una triste constante que se podrá ver en Buenos Aires, en todos sus barrios.

A continuación, en la fachada sudoeste de la Plaza, nos encontramos con el particular y diminuto perfil del Cabildo de Buenos Aires, institución que data de los tiempos de la Corona y donde se reunían los miembros notables de la comunidad, tal como lo hacían en todo América y en la Metrópoli. En sus salones se desarrollaron los acontecimientos que oportunamente detallamos y desembocaron en la declaración de la Independencia en la ciudad de Tucumán el 9 de julio de 1816. Lo que vemos hoy del Cabildo es producto de muchas mutilaciones a las que se sometió este venerable edificio: proyectado por el arquitecto turinés Giovanni Andrea Bianchi a principios del siglo XVIII, fue inaugurado en 1740. Sin embargo su planta se terminó en 1748, el balcón en 1751 y la torre en 1765.

En 1830 empezaron con las modificaciones, reduciendo la balconada a sus tres balcones centrales, en 1880 el arquitecto francés Pierre Benoit la moderniza elevando su torre unos diez metros y le coloca una cúpula azulejada, nueve años mas tarde esa torre fue demolida junto con tres arcadas del lado norte, a fín de realizar la apertura de la Avenida de Mayo. A punto estuvo de ser demolido en distintos proyectos presentados, hasta que en 1931, con la apertura de la Diagonal Sur (Diagonal general Julio A. Roca), se restauró su simetría original.

Finalmente, y en el año 1940, bajo la dirección del arquitecto Mario Buschiazzo, se reconstruyó la imagen original del Cabildo colonial, con dos arcadas laterales y su torre mas baja. En s parte posterior, existe una obra mas reciente donde funciona, junto con el antiguo edificio, un museo evocativo de aquellas jornadas de 1810.

 

 

Cabildo a principios del siglo XIX


Cabildo a fines del siglo XIX

Cabildo a principios del siglo XX.

El Cabildo en su estado actual.
 

Cruzando la Avenida de Mayo (que en próximas ediciones visitaremos y describiremos) podemos encontrarnos con un edificio levantado en el predio del cual alguna vez fue propietario el general San Martín: el palacio de estilo academicista francés de la sede del Gobierno Autónomo de la Ciudad de Buenos Aires. Proyectado por el arquitecto Giovanni Cagnoni y construido a partir de 1891, su inauguración se realiza en 1902 con una magnífica cúpula que tuvo que ser demolida por la dudas respecto de su estabilidad. Vale la pena ver la fachada que se eleva en el arranque de la Avenida de Mayo, frente al Cabildo.

En el lado Norte y luego de cruzar la Diagonal Norte (Diagonal Roque Saenz Peña) sorprende la fachada neoclásica de la Catedral Metropolitana, con un perfil no muy común aplicado a la finalidad de catedral, sin torres, mas parecido a un templo griego clásico que una iglesia de culto católico. Este fue el sexto templo elevado a dicha categoría ya que no tuvieron mucha fortuna todos los edificios que oportunamente se elevaron: el simple rancho de adobe entró rápidamente en ruinas en 1593, en 1608 se inauguró el segundo templo que se desplomó en 1616, el tercero construido con madera traída del Paraguay no corrió mayor suerte, el cuarto terminado en 1671 sufrió la caída de su techo en 1680 y tuvo que demolerse en su totalidad, el quinto proyectado por el arquitecto Bianchi (el mismo del Cabildo) empezó a derrumbarse en 1752 y tuvo que ser hechado abajo, salvándose solo las torres y el pórtico. Al año siguiente, comenzaron las obras de la sexta y última Catedral que hoy vemos, las cuales durarían más de cien años, dando a los porteños de la época motivo para bromas. El proyecto de esta última Catedral fue realizado por el arquitecto turinés Antonio Masella, demoliendo el pórtico de Bianchi y terminando las naves, siendo bendecida en 1791, aunque sin fachada ni torres. En 1802, en el gobierno de Bernardino Rivadavia, se iniciaron los trabajos de la actual fachada, obra de los arquitectos franceses Catelin y Benoit, aunque abandonada nuevamente en 1827. Años más tarde, y a lo largo del tiempo, fue terminándose lo que hoy día es el edificio catedralicio. Vale la pena ingresar, ver los hermosos pisos y acceder al mausoleo donde descansan los restos del general José de San Martín, artífice de la Independencia de Argentina, Chile y Perú. Es llamativo ver como su planta está fuera de los muros de la Catedral: la condición de masón del prócer hacía intolerable para la Iglesia su inclusión en el edificio...

 

 


Sede del Gobierno Autónomo de la Ciudad de Buenos Aires.

 


Catedral de la ciudad de Buenos Aires.

 

A la derecha de la Catedral podemos ver la moderna construcción de la Curia, que vino a reemplazar al antiguo edificio saqueado e incendiado en la trágica noche del 16 de junio de 1955 por simpatizantes del gobierno peronista de la época. No se salvaron también del saqueo iglesias antiguas como la de Santo Domingo, San Francisco, San Ignacio, La Merced, San Juan, San Miguel, La Piedad, Las Victorias, el Socorro y San Nicolás. Pegado a la Curia, podemos apreciar la plateresca fachada del ex Nuevo Banco Italiano (hoy sede del Banco de Crédico Argentino) y que data del año 1933.

En la cuadra siguiente, nos encontramos con el monumental edificio del Banco de la Nación, obra del prolífico arquitecto argentino Alejandro Bustillo, realizado entre los años 1938 y 1952. Es de destacar distintas áreas del banco como las enormes puertas corredizas de acero (que les costó la vida a algunas personas por aplastamiento) y el salón central del edificio cuya bóveda es superada por no mas de dos o tres edificios en el mundo, como San Pedro en Roma y el Capitolio. Es de planta octogonal y 50 metros de diámetro, 36 metros de alto y sus ocho pilares soportan 52.000 toneladas. En este predio ocupado por esta magnífica obra, existió oportunamente la primer iglesia fundada por Juan de Garay, el primer cementerio y el primer baldío de la ciudad, llamado el Hueco de las Animas porque se decía que las almas vagaban por allí en pena. Luego de varios usos, el hueco se convirtió en los subsuelos del primer Teatro Colón, cuyo primer piso se convirtió en la sede de la masonería. Luego existió un hotel llamado Hotel Argentino donde el escritor José Hernández escribió su clásico Martín Fierro, épica gauchesca del siglo pasado. Luego de tantos avatares y destinos siniestros u oscuros, el Hueco de las Animas se convirtió en la gigantesca caja blindada de 50 metros de lado por 4 metros de alto, a prueba de bombas e inundable en caso de incendio con 11.290 cajas de seguridad pertenecientes al Banco de la Nación.

 

 

Fachada principal del Banco Nación.
 

Como final de la ronda de la Plaza de Mayo, y mirando en diagonal entre la Casa Rosada y el monumental Banco Nación, podemos ver la imaginaria figura del segundo fundador de Buenos Aires, don Juan de Garay, de quien no se conserva ninguna imagen. En su potente figura, se ve al noble vasco haciendo una indicación donde fundar la ciudad en nombre del rey de España. A sus espaldas, crece un retoño del roble de Guernica, donada por la colectividad vasca en 1919.

Fuentes

  • Diversos números de la revista Todo es Historia. Director: Félix Luna.

  • Agradecemos la autorización del Sr. Diego Bigongiari, autor de la magnífica guía Pirelli, Editorial Sudamericana, año 1993, para utilizar su contenido como base del material publicado. Recomendamos a todos aquellos futuros turistas de Buenos Aires tener en cuenta dicha bibliografía impecablemente desarrollada. 

  • Diversos artículos de los diarios La Nación y Clarín.

 

Estatua de Juan de Garay, detrás el crecido retoño del roble de Guernica y mas atrás, el Palacio de los Correos.
Buenos Aires 5
La Diagonal Norte

Como un ejemplo palpable del poderío económico que ostentó alguna vez la República Argentina, la Diagonal Norte Presidente Roque Saenz Peña, se percibe en forma destacada en el medio de la trama reticular de Buenos Aires, con sus magníficos edificios corporativos, bancarios y financieros. Sin duda alguna, es un ámbito ideal para recorrer gran parte del patrimonio cultural y arquitectónico de una ciudad que vivió alguna vez con aires de imperio. Es además, para quien la recorra, un verdadero milagro de preservación en una urbe donde sus habitantes y autoridades hacen todo lo posible, día a día, para destruirla.

 

Buenos Aires 4
Avenida de Mayo (2a. parte)

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Misteriosa Buenos Aires
Galerías porteñas: Calles con estilo

Algunos hablaron de falta de originalidad, para otros fue una muestra cabal de una pujante Buenos Aires que a principios del siglo XX competía en lujo con las grandes capitales europeas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estas elegantes calles son un eslabón más que enlaza a numerosos argentinos con su pasado, constituyéndose en un relevante patrimonio cultural totalmente compenetrado con el alma y la idiosincrasia de los porteños.

 

Buenos Aires 3
La Avenida de Mayo (1a. parte)

La "Avenida", tal como la empezaron a denominar los porteños de finales del siglo pasado y comienzos del XX, fue el primer boulevard de una ciudad que se empezó a conformar de la misma manera que hoy está desapareciendo: de la mano de la piqueta y la desaprensión de sus ciudadanos y autoridades por la preservación de su patrimonio histórico y su memoria...

 

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Una caminata que termina en París

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