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Una avenida española en Buenos Aires No cabe ninguna duda que el segundo tramo de la Avenida de Mayo en Buenos Aires - nos referimos al que arranca en la Av. 9 de Julio hasta la Plaza de los Dos Congresos- es el que define mas contundentemente el carácter español de esta avenida, diseñada por italianos y franceses pero construida por argentinos. Otra muestra del carácter cosmopolita de Buenos Aires, su cultura y el abandono al que nos tienen acostumbrados los gobernantes de esta ciudad... Por Eduardo Rodríguez Leirado.
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Luego de la Avenida 9 de Julio, la Avenida de Mayo conforma una identidad, que aún hoy podemos percibir claramente, donde presencia de la cultura española es muy fuerte en sus bares, hoteles, teatros y antiguas redacciones de periódicos de la colectividad hispana. Es en este tramo que, para quienes pertenecemos a esta comunidad, recordamos las impresionantes batallas "a mano limpia" que se planteaban entre los bandos en pugna durante la luctuosa guerra fraticida de España en 1936. No cabe duda que esa confrontación en tierras españolas también había llegado a estos confines. Por esta zona, Federico García Lorca se paseó luego del estreno de su eterna obra, Bodas de Sangre, y en esas cuadras, magníficos cantantes y músicos de zarzuelas, pasodobles, cante andaluz, muñeiras gallegas y jotas aragonesas, salían del tradicional Teatro Avenida a continuar su espectáculo ante la efervecida concurrencia de españoles y argentinos en general.
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Una calle peligrosa El nuevo arranque de "la Avenida", a partir de la 9 de Julio, se destaca por un monumento emplazado en una plazoleta lateral y que recuerda la imagen del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, personaje central de la monumental obra de Miguel de Cervantes Saavedra. En ese mismo lugar, pero en el siglo pasado, se encontraba la desembocadura de la antigua Calle del Pecado, desaparecida producto del ensanche otorgado a la avenida 9 de Julio. Allí, y a medida que las casas de antiguas familias patricias eran abandonadas por sus moradores, comenzaron instalarse las tradicionales "pulperías", especie de bares donde los gauchos, los negros y el paisanaje de las clases mas humildes iban a entretenerse y tomar bebidas alcohólicas. Empezó así a convertirse la zona en lugar para "malevos y cuchilleros", personajes tan típicos de nuestro tango y de muchas referencias en la literatura borgiana. Por ese entonces, dado el valor que adquirió el barrio, muchos palacetes fueron convertidos en verdaderos "conventillos", vivienda social improvisada sobre las antiguas casonas de la aristocracia porteña donde cada habitación era ocupada por una familia. De esta forma, los propietarios obtenían suculentas ganancias con el alquiler de cuartos donde cientos de italianos, españoles, polacos y pobres inmigrantes de todo el mundo, iniciaban la dura tarea de hacerse de un espacio en la República Argentina. En el año 1871, la Calle del Pecado fue uno de los centros donde la epidemia de fiebre amarilla mas golpeó a los ciudadanos de Buenos Aires. La historia recuerda que los muertos llegaron a contarse en 300 por día, dejando a la ciudad con 14.000 habitantes menos cuando las autoridades sanitarias lograron controlar la peste, cuatro meses después de su llegada. Gran parte de los hospitales de Buenos Aires, tal como el Argerich y el Durand, recuerdan a sacrificados médicos que lucharon y perecieron en aquella brutal epidemia. De todo aquello sobrevive poco pues, de la Calle del Pecado, queda una linea de plazoletas producto del mencionado ensanche y las "pulpulerías" fueron reemplazadas por un espantoso e irracional edificio del Ministerio de Obras Públicas. Sólo algunos pocos "conventillos" quedan en pie, solo que ahora la masa inmigratoria europea fue reemplazada por familias del interior del país o de países vecinos como Bolivia, Perú y Paraguay, llegados a estas tierras con los mismos sueños de aquellos italianos y españoles...
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![]() Plazoleta con el monumento al Quijote. La calle de la derecha coincidía con la antigua calle del Pecado. al fondo, el Edificio de Obras Públicas. |
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Otra vez en la "Avenida" Ingresando nuevamente al cauce de la Avenida de Mayo, se destacan en esta primera cuadra la silueta del magnífico Hotel Castelar. Originalmente conocido como Hotel Excelsior hasta 1959, cuando cambió su denominación, esta magnífica obra del arquitecto Mario Palanti (1885-1968) es uno de los rincones mas tradicionales de nuestra ciudad. En su confitería, donde se respira un ambiente tradicional, funcionó en la década del ´30 la peña Signo a la cual pertenecieron Federico García Lorca, Oliverio Girondo, Norah Lange y Alfonsina Storni, entre otros. Quien tenga la oportunidad de visitar esta ciudad no debería pasar por alto una visita a este tradicional sitio. En la vereda enfrentada a la del Hotel Castelar podemos apreciar un magnífico catálogo de obras neoclásicas de principios de siglo, muchas de ellas lamentablemente dañadas o destruidas por desastrosas intervenciones constructivas. A la altura del 1147, encontramos un palacete que data de 1895 y construido por el arquitecto Merry a pedido de la señora Zemborain. En sus salones funcionó la sede de la Unión Industrial Argentina, hoy ubicada en la moderna zona de edificios del barrio de Catalinas. Abundaron aquí también hoteles como el ex hotel París, de estilo francés y el antiguo Metropole, quizás uno de los mejores que tuvo la ciudad en su momento y llamado hoy Hotel Cecil, que fue construido en el año 1900 en base a los planos del arquitecto Plou. En ambas esquinas de la calle Salta (o Libertad, su continuación), encontramos dos ejemplos de bares o restaurantes donde, sorprendentemente, se podrá disfrutar de los placeres de la gastronomía española en Buenos Aires. Sus salones sorprenderá por la continua referencia a la geografía, el arte y la cultura hispana, y el inconfundible acento de sus dueños nos hará dudar seriamente de la ciudad en donde nos encontramos.
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En la siguiente cuadra, la correspondiente a la altura de 1200, nos encontraremos con un cuadra de fachadas muy interesante y, por suerte, medianamente conservadas, correspondientes al antiguo Cine Lara (1915) y al Hotel Chile, una agradable obra del mejor estilo art-nouveau diseñada por el arquitecto Dubois en 1915. Poseía este hotel una magnífica cúpula de madera que lamentablemente se incendió en 1988, junto con su mansarda. En la vereda de enfrente, se encuentra el reconstruido Teatro Avenida, catedral musical y cultural de la colectividad española en Buenos Aires. La sala original sufrió un incendio que, quienes vivimos la actividad desarrollada en su ámbito, representó el triste espectáculo de la desaparición del centro de irradiación cultural que significó por décadas "el Avenida". Hace pocos años, un grupo de empresarios españoles, con buen tino y mucho corazón, inició su reconstrucción, recuperando así el antiguo brillo y lustre a lo que nos ha tenido acostumbrados. En su sala se desarrollan diversas actuaciones, no solo de la cultura hispana sino de la universal. Merecen ser recorridas sus instalaciones y felicitamos a quienes, con su empeño y su esfuerzo colaboraron en esta valiosa recuperación. Lamentablemente, y casi contiguo a este edificio, una triste y lastimosa torre con galería, de presumidas líneas seudo modernas, arrojaron a la basura la continua línea estilística de la Avenida de Mayo. Unos metros mas adelante, encontraremos las abandonadas instalaciones de lo que fuera el periódico decano de la colectividad española, el recordado Faro de España, cuyo fundador y director fuera Braulio Diaz Sal y quien volcó sobre quien escribe el amor y la pasión por la prensa, el periodismo y las letras...
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![]() Frente del teatro Avenida. |
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Todo el esplendor y la decadencia. Cruzando la calle Santiago del Estero (o su continuación, Talcahuano), a la altura del 1300, nos encontraremos con una cuadra que sorprende en su contraste por la belleza y preservación de sus antiguas torres y miserables inserciones fuera de toda valoración estética y urbanística. Prefiero pasar por alto estas últimas y hacer mención a dos magníficos edificios en la vereda norte: el ex Hotel Majestic y la ex sede del diario Crítica.
El ex hotel Majestic es un edificio en cuya fachada podemos apreciar una muestra de diversos estilos, fruto de las varias intervenciones realizadas. El proyecto original correspondió a los arquitectos Collivadino y Benedetti, quienes terminaron su construcción hacia 1906. Podemos encontrar en su frente elementos que nos remiten al academicismo, al art-nouveau y al art-decó. Sin embargo lo mas destacado lo encontraremos en su interior, perfectamente conservado a pesar de haber sido usado finalmente como sede de la Caja de Pensiones y luego como sede de la Dirección General Impositiva. Por suerte, este edificio ha sido liberado de esta función y se encuentra en etapa de privatización con la salvaguarda de respetar la integridad artística de lo que fuera, en su momento, uno de los hoteles mas fantásticos de Buenos Aires y por donde pasaron personajes como el bailarín Vatzlav Nijinsky y el arquitecto Le Corbusier.
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![]() Entrada a un antiguo edificio de la Avenida de Mayo junto a la original entrada de la linea de subterráneo A. |
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Pegado a este edificio, nos encontraremos con la ex sede del diario Crítica, proyecto de los arquitectos húngaros Gyorgy y András Kalnay, con ciertas líneas de reminiscencias hacia el art-nouveau. Sin ninguna duda el diario Crítica representó en todo sentido un aporte revolucionario en el mundo del periodismo y la información en la Argentina. Sus salones albergaron todos los servicios y dependencias necesarias para el medio, tal como las rotativas en planta baja, restaurante, gimnasio, peluquería y su estación radiotelegráfica. Contaba con un avanzado sistema de comunicaciones internas por medio de tubos pneumáticos o cintas trasportadores y ya tenía un avanzado sistema de instalaciones contra incendios. Su creador y director fue Natalio Botana, quien en 1930, con el lamentable golpe de estado realizado por el general Uriburu contra el presidente constitucional Hipólito Irigoyen, sufrió el exilio y la clausura de su periódico. En sus páginas aparecieron con frecuencia las firmas de escritores y periodistas como Roberto Arlt, Enrique González Tuñón, Jorge Luis Borges, Ulyses Petit de Murat y Florencio Escardó. Al momento de su clausura llegó a tener una tirada de más de 600.000 ejemplares por día. En la vereda sur, encontraremos la inconfundible silueta del Palacio Barolo, edificio del ya mencionado arquitecto Mario Palanti, quien lo proyectó en 1919 y terminó hacia el año 1923. En su tiempo, el Barolo fue la construcción mas alta de la ciudad y objeto de muchas críticas por parte de colegas y artistas que definieron su arquitectura como de estilo remordimiento italiano, gótico románico, etc. Incluso llegó a temerse su caída cuando, en 1922, aparecieron algunas fisuras en su cúpula, fisuras que por cierto siguen estando y no afectan su sólida y atrevida estructura. Ella alberga un faro de 300.000 bujías, habiéndose usado para algunos acontecimientos significativos, tal como el resultado de la pelea Firpo - Dempsey, en 1923, cuando miles de porteños se enteraron de las alternativas del combate frente a este torre. En sus oficinas se encuentran hoy por hoy varios estudios de arquitectura, abogacía, contaduría con una vista muy buena de la ciudad. Conserva en funcionamiento sus once ascensores y su aspecto general es muy bueno, mas allá de necesitar un lavado del frente, bastante sucio por el hollín y el smok de la ciudad. Su planta baja es recorrida longitudinalmente por un pasaje, que conecta la Avenida de Mayo con Hipólito Irigoyen, con excelentes cabinas comerciales finamente decoradas y la bóveda que cubre la totalidad del pasaje está ornamentada con citas en latín del mismo autor, cuya vida ha sido realmente increíble. Nacido en Milán en 1885, llegó a la Argentina junto con otro arquitecto italiano, Gaetano Moretti (1860-1938), con quien colaboró en el proyecto y construcción del Pabellón Italiano de la Exposición del Centenario de la Independencia. Sus obras han sido de un aporte muy significativo para Buenos Aires: el ex Cine Roca de la avenida Rivadavia al 3700 (1914); el edificio de rentes de la esquina de Santa Fé y Callao (1920), el Banco Francés Italiano de la esquina de Perón y San Martín, el hotel Castelar que ya mencionamos, el ex Comando de Arsenales del Ejército (1921), hoy convertido en un lujoso edificio reconocido como Palacio Alcorta, y varias casas y palacetes. A su vez, el Palacio Barolo tiene uno gemelo en Montevideo, Uruguay, reconocido como el Palacio Salvo. La prolífica y brillante vida profesional de Palanti se cortó abruptamente cuando su relación con el fascismo y su admiración por Benito Mussolini, le llevó a realizar un descomunal monumento al régimen llamado la Mole Littoria, muy apreciado por el Duce, abandonando estas tierras en 1933, con rumbo a Italia y dejando en Argentina toda su obra y creación mas significativa.
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El Pasaje Barolo
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El final de la Avenida de Mayo La última cuadra de nuestra
"Avenida", se corresponde con un monumental edificio que ocupa
todo el tramo de la vereda sur y que se le denomina La Inmobiliaria.
Es un complejo de oficinas y viviendas de la ex Compañía de Seguros
La Inmobiliaria y construida por el arquitecto Broggi hacia el año 1910,
en donde la fusión y amalgama de estilismos eclécticos, sumado a elementos
del art-nouveau, una loggia de carácter italianizante y posturas neoclasicistas,
conforman una fachada muy rica aunque lamentablemente muy deteriorada.
Parece increíble que, en su estado y con el mantenimiento que tiene,
las magníficas estatuas de Venus y Apolo se mantengan en pié en tan
atrevido lugar, al igual que las cúpulas que rematan su fachada. Enfrente, haciendo esquina con la Plaza de los Dos Congresos, y como desembocadura de esta arteria, nos encontramos con un reciente edificio que, si bien es otra inserción fuera del contexto urbanístico e histórico, tiene la virtud de haber respetado ciertas líneas tales como la altura general, que determinó un perfil arquitectónico, el uso de colores no estridentes y cierta composición en la línea de fachada que hace imperceptible su presencia. Quizás, y a mi modo de ver, una de las pocas inserciones recientes que no han atentado tan violentamente el carácter histórico y emblemático de esta Gran Vía de Buenos Aires.
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Por Eduardo Rodríguez Leirado.
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Fuentes | ||||||||||
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Muchas gracias. |