La "pequeña Italia" en Buenos Aires.
La República Independiente de la Boca.

Uno de los barrios más particulares de la ciudad de Buenos Aires y poseedor de una interesante y curiosa historia es La Boca. Su abundante colorido está fuertemente relacionado con los inmigrantes italianos que desde antaño conformaron una particular idiosincrasia en esta zona de la capital argentina, en donde proliferaron las agrupaciones de obreros, entidades culturales y asociaciones patrióticas caracterizadas por su culto a la solidaridad.

Por Geraldine Lublin.
Julio de 2001

 
 

"Al sud de Buenos Aires, á seis ó siete kilometros del centro de la ciudad, á lo largo de la orilla de un pequeño río canalizado en cierta estensión y que se llama Riachuelo, extiéndese La Boca, un barrio o mejor dicho un suburbio vastísimo de la población. Está separado de la ciudad solo por una estensa faja de terreno poblada por algunas casas esparcidas: la comunicación es cómoda, fácil, rápida, contínua por tramway y por ferro-carril; y sin embargo tiene un carácter tan diferente, tan especial, que parece estar á cincuenta millas de distancia. Muchos, hasta en Buenos Aires, hablan de la Boca como si hablasen de otra ciudad, no de un barrio que está á dos pasos de la gran plaza Victoria." Así describía a La Boca en la década de 1880 el periodista porteño José Ceppi (alias Aníbal Latino) en el capítulo "La Boca y sus habitantes - Los genoveses" de su libro "Argentinos y europeos. Cuadros sudamericanos". Se puede ver que, ya desde sus orígenes, esta República incluida en la Ciudad de Buenos Aires ha demostrado que está animada por un espíritu propio.

 

 

La Boca.
 

Mucho se ha dicho sobre la mitológica República Independiente de La Boca, declarada según las distintas versiones antes de 1870, en 1876, 1882, 1883 o 1888. (Esto sería, más de trescientos años después de la triste incursión de León Pancaldo, el primer genovés que "descubrió" La Boca.) Se habla de un conflicto laboral que desembocó en una prolongada huelga y dio pie a que un grupo de extremistas genoveses declararan la República Independiente de La Boca y pusieran este movimiento separatista en conocimiento del Rey de Italia. Tomando como modelo a la República de San Marino, izaron incluso su propia bandera, que superponía a la superficie albiceleste el escudo con la cruz blanca de los Savoia y estaba coronada por un gorro frigio que posiblemente simbolizara el republicanismo del flamante estado. Pese a que puede colegirse un núcleo común, las diversas fuentes no coinciden en la descripción de los acontecimientos. Según relata el italiano Ignacio Weiss en el capítulo denominado "La Repubblica della Bocca e i primi genovesi" de su "Gauchos, gesuiti, genovesi", fue en 1876 que un grupo de ciudadanos boquenses inició un movimiento separatista de carácter político-electoral para reclamar la autonomía administrativa de La Boca (que entonces dependía municipalmente del Concejo Deliberante y electoralmente del Colegio de San Telmo). A este grupo se unió otra agrupación más drástica que se proponía convertir al barrio en República Independiente a fin de que los "ciudadanos" no se entrometieran en los asuntos boquenses. Todo quedó en la nada cuando el mismísimo Julio A. Roca (entonces Presidente de la Nación Argentina) se apersonó en el lugar y solucionó el conflicto quitando sin más trámite la bandera genovesa. Se cuenta que así fue como al día siguiente los genoveses bautizaron con el nombre del Presidente una de las principales calles del barrio. 

Por otra parte, en su opúsculo La República de La Boca, Rubén Granara Insúa cita una crónica publicada en 1904 en la revista porteña Caras y caretas por el periodista Blas Vidal, que atribuye el origen de esta República a "un comité de defensa del barrio" compuesto entre otros por los vecinos José Fernández, Rómulo Vernengo, Bartolo Cafferata, Carlos Blanco, Spiro Ungaro, José Invierno, Castañera y Perazzo. Este comité habría quedado "desbaratado por la intervención de un grupo de italianos que quisieron torcer en otros sentidos los verdaderos motivos de la primera reunión, deseosos de que La Boca fuera una especie de sucursal de la Bella Italia en el Río de la Plata". Asimismo, Vidal no menciona al General Roca sino al caudillo boquense Pepe Fernández como artífice de la solución del conflicto. Granara Insúa señala que Vidal debe de haberse equivocado al ubicar en 1876 a un movimiento que reclamaba medidas ya tomadas seis años antes. En efecto, La Boca conquistó su propia jurisdicción y quedó legalmente separada de Barracas y de San Telmo en agosto de 1870. 

Pese a que no existe documentación fehaciente sobre los hechos y nadie ha podido definir la fecha de este célebre episodio, se trata de una leyenda muy verosímil para aquellos tiempos. La declaración de una República Independiente no figura en los diarios ni en los registros policiales de la época; tampoco el gobierno italiano parece haber recibido ninguna comunicación oficial del grupo de fieles genoveses. Seguramente el boca a boca histórico ha de haber magnificado uno de los habituales conflictos que surgían por ese entonces en el barrio.

 

 

Una imagen repetida a principios del siglo XX en Buenos Aires.
 

Fueron mayormente los inmigrantes italianos quienes poblaron la anegadiza región en la que desembocaban las aguas del Riachuelo en el Río de la Plata. Hasta principios del siglo XIX, esta zona de asentamiento inestable permaneció bastante deshabitada. Entre 1830 y 1852 comenzó el establecimiento de familias genovesas, paralelamente a la construcción de astilleros navales y almacenes. En las décadas siguientes, la inmigración fue masiva. Para 1870, pese a deficiencias de infraestructura, la "Boca del Riachuelo" ejercía funcionalmente como puerto-capital de la ciudad y ya había adquirido su fisonomía característica. Según observaba Ceppi en 1888: "Los habitantes (...) son casi todos italianos, predominando entre ellos los genoveses, lo que no es extraño si se tiene en cuenta que La Boca es hasta ahora el barrio marinero, el verdadero puerto de Buenos Aires. [...] Los genoveses continúan bien sus gloriosas tradiciones marítimas. [...] En La Boca (...) se encuentran como en casa propia, porque estando rodeados por las aguas y los buques, en contacto incesante con los compatriotas que llegan y parten, viven en armonía con sus inclinaciones, es decir, con un pie en tierra y otro sobre un navío. [...] Hasta la población recibe de ellos un carácter especial: las calles, las casas, las tiendas, las costumbres, el movimiento, las florestas inextricables de las arboladuras de los buques que se amontonan en el canal, formando inmensas telarañas de cuerdas, el olor de alquitrán, los numerosos grupos de marineros y barqueros que se reúnen a lo largo del canal para debatir vivamente de asuntos marítimos, todo, en fin, tiene cierto aire de la patria de Belilla".

Hacia la década de 1870, La Boca ya habría tenido iglesia y escuela propias, aunque ninguna plaza pública. La mayor parte de su extensión llana estaba cubierta por camalotes y azotada por inundaciones. Salvo cortos tramos de la Vuelta de Rocha, las calles no tenían empedrado, por lo cual resultaban muy polvorientas en tiempo seco e imposibles lodazales cuando llovía. Las calles estaban apenas nomencladas y las casas no tenían numeración. En 1870 comenzó a funcionar el primer tranvía que, sumado a algunos ómnibus y diligencias, y a una línea de ferrocarril que unía La Boca con Barracas y Ensenada, conectaba al barrio con la ciudad. La pujanza de los boquenses no los sometía al resto de la ciudad: según explicaba Fernando Resasco en 1891en el libro "En las riberas del Plata", "Cuando en La Boca sobreviene un incendio, no se espera a que venga, con tardo paso, del centro de la ciudad el servicio de incendio; en La Boca los italianos se constituyeron un cuerpo de bomberos voluntarios; se hicieron labrar una hermosa casa; se proveyeron de todos los aparatos necesarios; y cuando acontece una de esas desgracias, el trabajo del bombero voluntario basta, por regla general, a dominarlo completamente". Pues entonces si, ante la indiferencia de las autoridades centrales, se fundó en 1884 el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de La Boca, ¿por qué no se habría instaurado del mismo modo un estado aparte? (Después de todo, estaba el antecedente de Pancaldo...)

 

 

Llegada de inmigrantes a Buenos Aires en 1907.
 

La emigración peninsular anterior a 1860 fue preponderantemente política: por lo general se trataba de protagonistas y simpatizantes de movimientos revolucionarios fracasados que huían en busca de protección y libertad. Fueron sobre todo ellos los que difundieron ideas liberales en La Boca. Este fervor político podía percibirse en "El Ancla", autoproclamado "primer periódico de La Boca y Barracas", que apareció en 1875. Antonio J. Bucich señala en "La Boca del Riachuelo en la historia" que el barrio tenía fama de "lugar predispuesto a los arranques de rebeldía y a la proliferación de agrupaciones singulares. Las logias y las sociedades secretas, los carbonarios, el auge del 'garibaldismo', tuvieron asiento predilecto en La Boca. [...]Esta inmigración no es sólo republicana (...) sino que puede ubicarse en el extremismo de la época. Vivía bajo el clamor de la Giovine Italia. Sus componentes habían sido arrojados al exilio (...) hablaban un lenguaje que pretendía hilvanar una inteligencia combativa frente a los avances del invasor prepotente o ante la hegemonía temporal de la Iglesia. [...] en buena parte los garibaldinos y mazzinianos constituyeron en el barrio naciente los conductores de la colectividad". 

Además de las persecuciones ideológicas y de la tradición viajera de los hijos de la Liguria, la fuerte emigración italiana también se vio empujada por motivos económicos como los excesivos impuestos, la desigual repartición de la propiedad, la paralización del comercio y de la industria, la fuerte competencia internacional y el escaso desarrollo agrícola. A esto se sumaban el exceso de población, la miseria producto de la crisis económica y la resistencia al servicio militar. Estos emigrantes se dedicaban en su mayoría a la agricultura, aunque también había muchos que ejercían diversos oficios. 

 

 

Llegada de inmigrantes al puerto de Buenos Aires.
 

Ante la acelerada emigración de aquellos tiempos, la Junta de Estadística de Italia apaciguaba inquietudes al asegurar que "Todo italiano lleva la patria en el corazón", y era cierto que, aunque más tarde hayan renunciado a volver a su patria, los inmigrantes italianos vivían con los ojos en su amada tierra natal. Quizás Ceppi tenía razón al sostener con dramatismo que "todos los italianos de este período han crecido con los entusiasmos, las esperanzas, los sacrificios, los dolores, las lágrimas del renacimiento nacional. [Cuando] Niños, las primeras palabras que balbucearon fueron 'patria', 'libertad', 'independencia' ", aunque también reconocía que, una vez aquí, "sólo las cuestiones patrióticas los unen [...] fuera de eso, se dividen y subdividen en grupos que opinan y piensan generalmente según piensan y opinan los que componen la comisión directiva de esta o la otra sociedad".

Así fue que, aunque no lograron el sueño de la República Independiente, los italianos sí conformaron una sociedad muy particular que le fue dando a La Boca esa personalidad que la distingue aún hoy entre los barrios de la Ciudad de Buenos Aires. Es cierto, el dialecto xeneixe ya no predomina sobre el castellano y las otrora populosas instituciones que rinden homenaje a la mamma Italia sufren importantes deserciones, pero el espíritu autónomo no se rinde: la República de La Boca se ha recuperado de las dificultades que le tendió el siglo XX y se abre camino en el XXI con renovadas energías.

 

 

El barrio de La Boca en 1946. Así se veía la avenida Almirante Brown y Wenceslao Villafañe.
 

León Pancaldo era un marino y comerciante genovés que, tras fracasar en oscuras expediciones por los mares del mundo, llegó el Río de la Plata por 1537 o 1538, cuando todavía subsistía el poblado de Don Pedro de Mendoza. El objetivo de su expedición comercial era llegar al Perú vía Estrecho de Magallanes, pero su nave fondeó frente a la desembocadura del Riachuelo y Pancaldo se vio obligado a bajar a tierra para salvar las preciosas mercancías hasta que pudiera conseguir un nuevo barco que lo llevara al país de los Incas. Su proyecto no pudo ser por intervención de los Oficiales Reales de la época que, bajo pretexto de contrabando de dos esclavos, le decomisaron toda la mercadería para obligarlo a venderla allí mismo. Los necesitados habitantes de Buenos Aires le compraron con entusiasmo sus brocados, terciopelos, zapatos, jubones, pipas de vino, aceite y pimienta... pero a crédito. Las escrituras consignaban que las deudas se saldarían en el ilusorio plazo en el que se recibiera "el primer oro o plata que se nos diere e repartiere a nos o qualquier de nos en el primero repartimiento o repartimientos que en esta conquista se hicieren o se obieren fecho e para lo ansí cumplir a pagar". Para colmo de males, la justicia porteña falló en su contra y lo obligó a pagarle 150 ducados al piloto que lo había llevado a encallarse en el Plata. El pobre Pancaldo esperó el pago en Buenos Aires y murió en 1540, amargado y abandonado.

 

Más inmigrantes en Buenos Aires.
  • Bucich, Antonio J.
    Los viajeros descubren la Boca del Riachuelo. Serie "Cuadernos de Buenos Aires", Buenos Aires, Municipalidad, 1961.
    La Boca del Riachuelo en la historia. Buenos Aires, Asociación Amigos de la Escuela - Museo de Bellas Artes de La Boca, 1971.
    Rasgos y perfiles de la historia boquense, Buenos Aires, 1962.
  • Ceppi, José (Aníbal Latino)
    Argentinos y europeos. Cuadros sudamericanos. Buenos Aires, Librería Universal de Alejandro Miroli, 1888.
  • Cutolo, Vicente Osvaldo
    Historia de los barrios de Buenos Aires. Buenos Aires, Ed. Elche, 1996.
  • Elisa Casella de Calderón Editora.
    Serie: Buenos Aires nos cuenta, Nº 18, Buenos Aires, mayo 1990.
  • Gandía, Enrique de
    Los primeros italianos en el Río de la Plata y otros estudios históricos. Buenos Aires, 1932.
  • Granara Insúa, Rubén
    La República de La Boca. Buenos Aires, Ed. La Boca del Riachuelo, 1986.
  • Mancuso, Hugo y Minguzzi, Armando
    Entre el fuego y la rosa. Pensamiento social italiano en Argentina: Utopías anarquistas y programas socialistas. Buenos Aires, Ed. Biblioteca Nacional y Página/12, 1999.
  • Resasco, Fernando.
    En las riberas del Plata, versión española de Antonio Sánchez Pérez. Madrid, Librería de Fernando, 1891.
  • Sergi, Jorge F. 
    Historia de los italianos en la Argentina: los italianos y sus descendientes a través del descubrimiento de América y de la historia argentina. Buenos Aires, Editora Italo-Argentina, 1940.
  • Weiss, Ignacio.
    Gauchos, gesuiti, genovesi. De Luca, Ed. Nueva Impresora, 1955.
Por Geraldine Lublin.
Julio de 2001
  < Bibliografía Consultada

 

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