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Dominguez: Estuvo
en Corrientes y Paraná y fue el primer café 24 horas de Buenos Aires.
Lo mejor de la poesía rea y "mistonga" de la ciudad se reunió allí; y
el gran escritor Celedonio Flores lo inmortalizó en su poema "Tristezas"
("Cuando pasa el organito", página 81, Editorial Freeland, Buenos Aires,
1965).
Corrientes,
la amable, la calle Corrientes
de los sueños locos, los sueños ardientes
pintoresca calle, noctámbula ideal
del viejo Montmartre, del Café Domínguez
y el rante Pigall...
Continuamente dio cita a
los amantes del tango. Enrique Cadícamo en un poema homónimo le cantó
en su época de mayor éxito -1918-, cuando Buenos Aires se refugiaba en
los teatros de la avenida:
Bar Domínguez
de la vieja calle Corrientes que ya no queda...
De cuando era angosta y la gente
se mandaba el saludo
de vereda a vereda...
Hombres como Francisco Canaro,
Noli, Roberto Firpo y Juan Maglio (Pacho) silenciaron también las voces
de los parroquianos que se extasiaban con la música de sus conjuntos tangueros.
En el mostrador del Café
Domínguez se instaló una de las primeras máquinas Express que importó
la firma La Cosechera S.A., inaugurando con ella el sinónimo de café.
Los mozos, de ahí en más no pidieron tal o cual cantidad de café, sino
que sus voces entonaron el "¡marche un express!".
En su salón se estrenaron
dos tangos de grandes valores musicales, como lo fueron "Tierra Negra"
de Graciano De Leone y "Un lamento" de Numa Córdoba.
Iglesias: Era vecino
del café Domínguez y también supo ser tanguero. En él se estrenó "La Cumparsita".
Lo visitaron entre otros, Pedro Maffia y Roberto Firpo.
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El Telégrafo: Ubicado
en la misma esquina, fue junto al Apolo un verdadero "hogar alternativo",
para la farándula durante los anos ´50. La desaparición del café Apolo
motivó el traslado de los artistas a las salas del Telégrafo. Angelina
Pagano, Roberto Casaux, Arsenio Mary y Lola Membrives lo frecuentaron.
Antes de iniciar los ensayos, o a la hora del aperitivo, pasaban por el
café Joaquín de Vedia, Alberto Novión, Alejandro Berruti, Alberto Ballesteros,
Carlos Osorio o Rodríguez Acasusso, prestigioso periodista del diario
La Nación y hombre de teatro.
El Estaño: Ubicado
en la esquina de Corrientes y Talcahuano, aún hoy continúa siendo un café
tanguero y teatral, pese a que nada queda ya de estaño y mucho sobra de
fórmica y acrílico. Pocos saben que precisamente en El Estaño trabajó
el conocido magnate del petróleo, Aristóteles Sócrates Onassis, cuando
solo era un adolescente y residía en nuestro país como un simple refugiado.
Llegó al almacén, paradójicamente acompañado por un amigo turco que lo
contactó con Juan Katapodis, un griego mayorista de quesos, quien le suministró
empleo en una frutería y verdulería de Leandro N. Alem y la Avenida Córdoba.
En El Estaño, Onassis no solo trabajó, sino que también tuvo la oportunidad
de servirle un café a Carlos Gardel (Revista "Panorama", febrero de 1966)
La Real: Fue el lugar
predilecto, entre tantos otros de la bohemia tanguera. El estilo de la
decoración era art nouveau. Su salón poseía grandes columnas marmoladas,
espejos biselados y las mesas y las sillas eran de madera maciza. Por
lo general, la afluencia del público se concentraba a la hora del vermouth.
Por sus mesas pasaron hombres como Cátulo Castillo, Aníbal Troilo, Ernesto
Ochoa, Juan Carlos Cobián, Julio De Caro, Ángel D'Agostino, José Razzano,
Tito Lusiardo, Matos Rodríguez y Carlos Raúl Muñoz y Pérez -poeta máximo
del lunfardo, que fuera más conocido como el "Malevo" Muñoz-. Aunque,
sin lugar a dudas, el personaje que se llevaba todos los laureles, por
aquellas épocas era, Carlos de la Púa. El mismo Enrique Cadícamo lo recordó
en uno de sus poemas:
Confitería de ambidiestros,
de Corrientes y Talcahuano.
Nosotros somos los maestros
y de la Púa el gran decano.
Se dice que Carlos de la
Púa era famoso por su algarabía y también por ser uno de los hombres de
mayor cultura alcohólica de las barras trasnochadas de la Avenida Corrientes.
El Nacional: Estuvo
ubicado en Corrientes y Carlos Pellegrini. Fue conocido como "La Catedral
del Tango". Concurrieron a el, entre otros grandes personajes: Juan D'Arienzo
y Anselmo Aieta.
Los Inmortales: Estaba
en Corrientes y Suipacha. Fue un café literario. El Café de los Inmortales
no siempre se llamó así: anteriormente se había llamado "Café Brasil",
en honor a Santos Dumont, quién cumplía sus hazañas en el continente europeo.
Don Calixto Milano adquirió este local por mil doscientos pesos. Pero
con el tiempo las cuentas demostraron que el negocio no había dado buenos
resultados, Milano decide entonces ofrecer el café Brasil a don León Desbernats
-hasta ese momento, vendedor de corbatas de la casa Gath y Chaves-. La
correcta administración, el empeño y la buena calidad de servicio a la
clientela hicieron que el café Brasil ocupara uno de los primeros puestos
dentro de la larga lista de locales de la avenida. Allí se reunía la bohemia
literaria, que noche tras noche postergaba la cena por las tertulias y
una taza de café. Desbernats rebautizó este local gracias a la ocurrencia
de Florencio Sánchez y Evaristo Carriego, quienes le otorgaron la nueva
denominación, porque quienes lo frecuentaban nunca comían, y por tal motivo,
debían ser "inmortales"... Lo visitaban José Ingenieros, Alfredo Palacios,
Horacio Quiroga, Enrique García Velloso, entre tantos otros.
Royal Keller: Fue
un café político y "bacán", el lugar elegante de algunas familias distinguidas.
Mientras que en él se organizaban reuniones literarias a las que concurrían,
generalmente, la gente del teatro, en otras oportunidades este café funcionaba
como pequeño estadio, donde se hacían las primeras exhibiciones de boxeo.
Hacia la década del ´30 solían reunirse los nacionalistas de derecha,
quienes propiciaban el derrocamiento del Presidente Yrigoyen, y aprovechaban
para organizar una cena a beneficio del general Uriburu, después jefe
del golpe triunfante el 6 de septiembre de 1930.
Café de Suárez: Aún
está en Corrientes y Maipú. Desde siempre, ha sido un café político y
literario. Asiduamente es frecuentado por escritores y políticos de distintas
facciones, que de reojo se miran por entre el humo del café y el cigarrillo.
Café Gerard: Estuvo
en la esquina de Corrientes y Florida y fue un verdadero reducto político
y musical.
Durante varios años fue también
el refugio de muchos periodistas, que iniciaban su recorrido noctámbulo
en La Helvética. A propósito de esto recordamos que su dueño, un ingles,
llamado Eugenio Gerard sentía gran aprecio por Charles de Soussens, a
quien cambiaba los tickets o vales que le daban en el diario La Nación
como contraprestación por sus servicios periodísticos. ("Critica", 10
de julio de 1925). Este lugar fue el primero de la zona céntrica, donde
tocó una orquesta de jazz.
La Helvética: Fue
el café periodístico por excelencia. Antiguamente este terreno había sido
un solar de la calle Corrientes y Catedral. En el año 1844 el lote fue
vendido en 92.000 pesos. Aquel solar, del que solo se conservaba un horno
pare masa y facturas junto a otros enseres del local, pasaría con el tiempo
a convertirse en uno de los cafés más famosos y viejos de Buenos Aires.
Se lo denominó la "trinchera
intelectual" y el "refugio hogareño de los periodistas del diario La Nación".
Fue el santuario, donde muchos reporteros, por la noche, preparaban las
notas que leerían los porteños a la mañana siguiente en uno de los principales
matutinos. De las muchas anécdotas que se guardan de La Helvética, rescatamos
la siguiente: "Otro acontecimiento vivido de los hombres de letras y de
prensa es el que aconteció en una entrevista entre Bartolomé Mitre y Roberto
J. Payró. Lo habían llevado a la entrevista Emilio Becher, que era el
alma viva del tránsito de La Helvética a La Nación. Sentados en una de
las mesas del angosto local, Mitre le preguntó al autor de "La Australia
Argentina."
- ¿Dígame, Payró, usted para
qué cree que nos puede ser más útil en "La Nación"?"
- Para nada - fue la respuesta.
- Entonces, para que cree que nos puede ser menos útil?
- Para todo -respondió de inmediato Payró.
(... ) Con este diálogo llegaron
a conocerse íntimamente Bartolomé Mitre Roberto J. Payró, motivo por el
cual, este último ingresó inmediatamente a la redacción del diario". (Los
Cafés de Buenos Aires. Página 154 y 155. Editorial Schapire).
Concurrían a este recinto
Julio Piquet, Carlos García Lauda, Enrique Loncán, Enrique Méndez Calzada,
Ángel Falco, José Ingenieros, Pedro Angelici, Joaquín de Vedia, Enrique
Hurtado y Arias, Enrique González Tuñon, Héctor Blomberg, Alberto Caprile,
Eduardo Mallea, Álvaro Melián Lafinur, Pedro Raggio, etc.
En 1955, el local fue baleado
con 24 proyectiles; eran tiempos turbulentos donde no solo temblaban los
ladrillos de La Helvética, sino también los cimientos de toda la nación.
Pese a que el local reabrió sus puertas años más tarde, el renacimiento
fue prematuro, y no tardó en llegar el final...
El remate de sus pertenencias
se realizó en julio de 1958, aunque se conservaron muy celosamente objetos
cuyo valor es incalculable, tales como las antiguas cocteleras de plata
o los vasos de licor, cuyo tamaño los asemejaba más al de un florero,
que al de un recipiente para bebidas. Entre las tantas finísimas bebidas,
se guardaron el coñac Martell, en botella de un litro, imposible de encontrar
en la Argentina; el Curvoisier legítimo; el Eduardo VII; el Biscuit; el
Napoleón ¡1870!; el champagne Perré Jouet y un oporto rarísimo en nuestro
tiempo, el Zabaleta del año 1844. Entre los wiskys se conservó el Dry
Sack; Morgan; Old Band; Grand Munich; John Heise y el Procurable.
La Fragata: También
estuvo en la intersección de las calles Corrientes y San Martín. Fue el
café de la "city"; el aroma del ambiente de la Bolsa y las cotizaciones
impregnó el local y el recuerdo de quienes lo visitaron. Cuenta uno de
los mitos populares que en Ia Avenida Corrientes hubo una época en que
existió un discutidor profesional: discutía sobre cualquier tema; se sentaba
a las mesas y por un precio fijo discutía de lo que uno quisiera...
La lista de cafés es por
demás extensa e imposible de citar en una sola nota. La memoria nos lleva
a recordar lugares como La Opera; Premier; Politeama; El Ateneo; Café
Callao; Café Biarritz; el San Bernardo; El Dorado; El Petit y El Julián;
etc., etc., etc.
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