Un hito en el Río de la Plata.
Colonia Dorada.

Colonia del Sacramento, en la República Oriental del Uruguay tiene el encanto de una ciudad detenida en el tiempo, donde se respire historia a cada paso. Sus callecitas empedradas y sus infaltables faroles tornan el paisaje romántico y colonial.

Por Karina Donángelo.

 
 

La antigua ciudad uruguaya es un clásico con historia. Visitar Colonia del Sacramento es sumergirse en un pasado tumultuoso y melancólico del Río de la Plata, de fines del siglo XVII. Las luchas entre Portugal y España, los combates por la independencia y la sangrienta intervención de piratas ingleses - en nombre de la corona inglesa - queda retratado en sus casas, sus monumentos y en sus calles angostas y empedradas.

Sucede que Colonia es una sucesión de postales, en las que aún hoy perduran, no sólo sus orígenes españoles, sino también portugueses. La expansión lusitana provocó nuevos asentamientos por parte de los bandeiras paulistas, la región de las misiones. Fue así como en 1680, el maestro de campo D. Manuel Lobo, funda la Colonia del Sacramento.

En este lugar y en aquella época se fue gestando el destino de uruguayos y argentinos, teñido por sucesivas luchas entre caudillos provinciales, unitarios y federales.

Para conocer específicamente la configuración colonial bastará con cruzar la avenida General Flores, que junto con la calle Ituzaingó separa la parte antigua, de la parte moderna de la ciudad.

Las cases son, en su mayoría, de piedra con techos de tejas, pintadas de rosa o blanco, con ventanas grandes y enrejadas. Las habitaciones son amplias y tienen entramados de madera. Casi todas tienen típicos faroles a su entrada. Pese a este aditamento conserve el aire colonial de la ciudad, paradójicamente es lo más nuevo que la misma posee.

 

 

Casco antiguo de Colonia con el Faro al fondo.
 

En el centro de este rincón histórico encontramos la Plaza Mayor. Al levantar la vista aparece el faro, blanquísimo, como un Goliat parado detrás de las ruinas del Convento de San Francisco. A pocos metros de allí se puede apreciar la Iglesia Matriz, la más antigua del Uruguay. Los almacenes de ramos generales están pintados de colores llamativos y reagrupan todo tipo de utensilios artesanales, mucha hojalata, cobre y aluminio, candelabros y souvenirs del lugar. También se puede apreciar la casa de Virrey, o lo que queda de ella, es decir un conjunto de muros, arcos y piedra y pavimento. Por cierto, muchas son las conjeturas en torno al nombre de esta edificación, ya que insólitamente, en Colonia no había virrey.

Las seculares ruinas del Convento de San Francisco Javier corresponden a una de las más antiguas construcciones de esta ciudad. Entre otras edificaciones se destacan la Puerta de Campo; el Museo Portugués; el Archivo Regional, que reúne abundante material documental de la Colonia desde su creación; el Museo Municipal y el Bastión del Carmen, antigua fortificación de la época.

 

 

Iglesia matriz de Colonia del Sacramento.
 

Por otra parte, merecen especial atención, aquellos pasajes o construcciones poblados de mitos y leyendas, como por ejemplo: La Calle de los Suspiros, angosta y pavimentada con piedras de cuña y arroyo central. Cuentan los lugareños que por allí pasaban los condenados a muerte, antes de ser fusilados junto a río. Otros comentan que esta calle era el lugar de encuentro para los frecuentadores de los prostíbulos que - según parece - llenaban la cuadra. Los más románticos adhieren a la versión de que una noche de luna llena fue apuñalado un poeta que iba a la casa de su amada.

Ya adentrándonos en la modernidad, se puede disfrutar de un buen trago frente al puerto viejo de Colonia, situado en el casco histórico. Actualmente cuenta con un muelle de madera para atracar yates y una amplia escollera. A su lado extienden las instalaciones del Club de Yachting y Pesca.

Colonia del Sacramento fue declarada por la UNESCO, Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad, con lo cual, se determinó que su casco histórico - que abarca 20 manzanas - no puede modificarse ni admitir nuevas construcciones.

Actualmente, esta ciudad concentra unos 25 mil habitantes. Tiene un solo hospital público, 7 escuelas primarias y un liceo. Como signo de su riqueza y explotación turística reagrupa a 37 restaurantes, 22 hoteles, posadas y hospedajes. Sin olvidar que también aquí yace una rica región agropecuaria. Una franja de la población se dedica a trabajos derivados de la industria alimentaria y textil, cuyos productos se distribuyen al interior y exterior del país.

En fin, Colonia es sencillamente el puente que une el presente con el pasado; un hallazgo que no deja de asombrarnos y también, de enamorarnos.

 

 

Bastión del Carmen, fuerte colonial de Colonia.
 

Colonia, un libro de leyendas

El fantasma del Matador: En el extremo opuesto al casco histórico, hacia el extremo occidental se ubica el complejo Real de San Carlos, donde la ciudad empieza a morir.

La silueta morisca de la Plaza de Toros, como testigo muda de la euforia que provocaba la corrida inaugural, efectuada en enero de 1910. Corrida que sólo tendría dos años de vigencia, ya que el gobierno prohibió esta práctica por decreto. Pese a todo, aún sobreviven las ojivas y las grandes de éstas construcciones inspiradas en una plaza sevillana. En la Plaza de Toros - que actualmente esta vedada por un alambrado que impide la entrada al esqueleto de hierro - es testimonio fiel de la "Fiesta Brava", donde miles de rioplatenses vibraban con los mejores toreros de España.

 

 

Faro de Colonia.
 

Un santo negro que hacía llover: El Hipódromo y la capilla de San Benito de Palermo (un santo negro) también están en el Complejo Real de San Carlos, originado en 1761, como campamento militar español, levantado por el gobernador Cevallos, quien posteriormente sería el primer virrey del Río de la Plata.

En aquel entonces, el rey de España era Carlos III, de allí el nombre de estas tierras. El único rastro del antiguo campamento es la capilla blanca del santo negro.

Cuenta la historia, que Benito era tan buen hijo de esclavos africanos, que se ganó la condición de "liberto" y se convirtió en el mejor cocinero de la comunidad franciscana.

Desde fines del siglo XVIII habita en la capilla su imagen de ébano. Muchas son las versiones que circulan en torno a la historia de Benito. Una de ellas afirma que el santo de vestir apareció flotando en la costa del río y fue llevado en procesión hasta la capilla. Esto estaría en concordancia con la creencia popular que asevera que San Benito tiene poder sobre el agua. Por eso, cada vez que hay sequía, los colonienses sacan de la capilla la imagen de madera y, curiosamente... ¡¡¡llueve!!!...

Por Karina Donángelo.

 

Antigua plaza de toros de Colonia.

 

Apellido y Nombre

Correo electrónico

Su opinión

 


En este espacio,
estimado lector,
vuelque sus
comentarios e
inquietudes.

Muchas gracias.