Por siempre Grecia
(parte III).
Conociendo el
Peloponeso.
Continuamos nuestro recorrido por la maravillosa
península del Peloponeso de la mano de nuestra cronista Cristina
Katzelis, que en esta ocasión nos muestra las costumbres y localidades
de esta región, aprovechando la oportunidad para también introducirnos
en la cultura griega. Se trata de la tercera parte de nuestra saga dedicada
al eterno encanto de Grecia.
Por Cristina
Díaz Katzelis
El
Peloponeso nos ofrece una gran variedad de lugares dignos de ser visitados
y admirados. El pasado y el presente confluyen en sitios de excepcional
belleza. En medio de una magnífica naturaleza surgen como regados los
monumentos; testigos silenciosos de una dilatada y revolucionaria historia.
Cada una de sus regiones
ofrece un interés diferente debido a sus bellezas naturales; costas idílicas
que invitan a la paz y al descanso; pequeñas aldeas particularmente pintorescas
así como grandiosas ruinas de templos cuyas columnas se yerguen majestuosas
como las cumbres del Taigeto, queriendo quizás alcanzar el cielo; y lugares
arqueológicos, que den fe de su pasado.
Después de despedirnos de
Areópolis vamos ascendiendo por la península de Taínaron rumbo a Mesenia.
Pasamos por THALAMES, una
de las ciudades de la Liga de laconios libres. Cerca de una fuente que
hay en el centro del pueblo observamos unas basas inscritas de la época
romana. Las casas cuadradas de piedra y la antigua iglesia bizantina se
levantan sobre una escarpada montaña de piedra caliza, entre huertos de
olivos y cipreses. Por debajo, las laderas descienden abruptamente hacia
ensenadas de guijarros y playas ocultas.
Nos hallamos en STOUPA, a
35 kilómetros al sudeste de Kalamata. Stoupa es un lugar delicioso y distendido,
situado en una bahía protegida, con una playa arenosa en forma de media
luna; con Akra Akritas en el horizonte y como telón de fondo un espectacular
paisaje: las estribaciones, sin árboles y casi deshabitadas de la cadena
del Taigetos.
Ingresamos a la zona del
Mani de Mesenia por Kardhamili.
MESENIA:
La región de Mesenia ocupa
el extremo suroccidental del Peloponeso; su suelo es muy fértil.
Una antigua leyenda dice
que este territorio debe su nombre a Mesene, esposa del rey Policaon.
Hacia mediados del siglo
VIII, aproximadamente, el espíritu de conquista y expansión de los espartanos
ancló en esta región. Este período se conoce como el de las "Guerras Mesenias".
Durante la primera etapa (735a.C. - 7I5a.C.) los espartanos sojuzgaron
y explotaron a los mesenios; hasta que en el año 669a.C.,el poder cayó
en manos de los argivos, dando inicio así a la segunda Guerra Mesenia.
Pese a la valentía y heroísmo de los mesenios, que se alistaron en las
filas del ejercito, al mando de Aristómenes fueron derrotados por los
espartanos.
Tras sucesivas guerras y
violentos terremotos que diezmaron la población, los mesenios encontraron
refugio en Naupacto, al amparo de los atenienses a quienes dieron su apoyo
durante la Guerra del Peloponeso (485a.C.). Después de la derrota de Atenas,
los espartanos expulsaron a los mesenios de Naupacto, convirtiendo a la
población en un pueblo errante con patria y sin sierra.
Pese a lograr una efímera
independencia en el año 369a.C., cuando Epaminondas fundó Mesene, las
posteriores disidencias que surgieron dentro de la Liga aquea, de la cual
forma parte Mesenia, llevaron a sucumbir a esta región; primero en manos
de los romanos y luego de los francos. Fue entonces cuando para asegurar
la protección de la región - transformada en Principado de Morease- construyeron
diferentes fortalezas: Kalamata, Arcadia (Kiparisía) y Navarino.
Poco antes de la toma de
Constantinopla, Mesenia cayó en manos de los Paleólogos de Mistrás, para
luego ser reivindicada por los venecianos y, sobre todo, por los turcos
quienes tomaron posesión de la región en el año 1715. Aliada a los bandos
insurgentes, durante la guerra de la independencia de 1821, Mesenia participó
del sitio a Kalamata. Luego de durísimos enfrentamientos fue liberada
definitivamente tras la batalla de Navarino.
KARDHAMILI: Esta ciudad ha
conservado su nombre desde época homérica; Homero la cita en la Ilíada
como una de las siete ciudades que Agamenón prometió a Aquiles. En la
época romana, Augusto se la arrebató a los mesenios y se la entregó a
los espartanos, quienes la convirtieron en su puerto.
Esta pequeña población de
recias casas con balcones de los siglos XVIII y XIX posee una playa de
guijarros blancos, de 2 kilómetros y un pequeño puerto desde el cual se
domina el Golfo de Messini. Kardhamili es la puerta de entrada al Mani,
un terreno montañoso de vendettas cuyas familias nobles construían sus
castillos desde los cuales desafiaban a sus rivales. Una de estas recias
torres cuadradas, construida en 1808, baluarte de la familia Mourtzinos
se halla en el cercano pueblo fantasma de Paleo Kardhamíli. Cerca de allí
se encuentra una antigua iglesia bizantina con una asombrosa aguja de
piedra decorada con un modelo floral tallado.
Pasamos por pintorescos pueblos
con pequeñas iglesias bizantinas para arribar a Kalamata, capital de Mesenia.
La región montañosa de Máni.
KALAMATA se encuentra al
fondo del golfo de Mesenia en una fértil llanura regada por el río Nedon.
Según datos arqueológicos, la ciudad se halla situada en el lugar que
ocupa la antigua ciudad de Faras. Esta ciudad se llama Faras hasta la
época bizantina, pero bien avanzada la Edad Media pasó a denominarse Kalamata.
Con respecto a la etimología de su segundo nombre se dice que podría estar
relacionado a un monasterio dedicado a Panayía Kalomata, conocido por
su ícono milagroso. La ciudad estuvo bajo el poder de venecianos, francos
y turcos Los príncipes francos de Acaya, aunque residían en Andrávida,
siempre demostraron su interés por Kalamata, principalmente Guillermo
de Villehardouin, quien había nacido y criado allí. Fue él quien hizo
fortificar el castillo que estaba situado en lo alto de la colina y que
pertenecía a la época bizantina pero se hallaba abandonado. Actualmente
desde las ruinas de este castillo se aprecia una extraordinaria vista
de la ciudad. El fuerte fue transformado y restaurado sucesivas veces,
hasta que los venecianos lo demolieron en 1685 para luego restaurarlo.
Sobre el dintel de la puerta exterior se destaca encastrado el escudo
de Venecia, con el León de San Marcos. Kalamata se ha convertido en importante
centro comercial de toda la llanura de Mesenia. Es la ciudad más grande
del sur del Peloponeso, con 40.000 habitantes; sus edificios modernos
constan como máximo de cuatro pisos, esto se debe a que el sur de Grecia
se ha visto sacudido por terremotos durante toda su historia, lo que explica
el estado ruinoso de muchos de sus antiguos templos. Kalamata se ha visto
particularmente afectada por un terremoto tras otro durante los dos últimos
siglos; el mas reciente en 1986. La iglesia más antigua de la ciudad es
la de los Santos Apóstoles, data del siglo XIII. Mientras que la más grande
es la de Panayía Ipapandí; su fiesta se realiza con una procesión el día
2 de febrero. En Kalamata encontramos, desde un laikí ágora (mercado popular)
donde se puede adquirir pescado fresco, frutas y verduras, hasta tiendas
donde venden blusas y polleras con las clásicas guardas griegas, además
de los famosos pañuelos para la cabeza hechos en el monasterio de Kalamata.
El monasterio se encuentra en la parte vieja de la ciudad; data del siglo
XVIII y las religiosas que viven en ese lugar tejen las famosas sedas.
Estas religiosas no son monjas de clausura; su hábito es totalmente negro.
Son alrededor de 30 monjas que viven allí y trabajan en telares. Los turistas
acuden al monasterio pare comprar pañuelos de seda de diferentes colores
como recuerdo de su paso por el lugar.
Kalamata.
El convento es grande y muy
bonito, los lugareños lo llaman Panayía Vurcanioti, en el centro se encuentra
la edificación con cúpula y a ambos lados de la iglesia, la construcción
consta de dos pisos, en la planta baja se hallan los telares donde trabajan
las monjas, mientras que, en el piso superior se encuentran las celdas
(ta keliá), allí cada religiosa tiene su habitación. Preguntamos a una
de ellas por el precio de un bello pañuelo de seda: "¿Póso káni?" (¿cuánto
cuesta?), a lo que nos responde: "ekatón drajmés" (cien dracmas)
En la metrópoli nos encontramos
ante una hermosa casa de dos plantas, la particularidad de la misma reside
en que se halla entre un enorme huerto de naranjos en flor; es la casa
de Modi, ella es prima de una amiga que luego visitaremos en Mavrommati.
Modi y Vanguelis, su esposo, nos reciben con un afectuoso: "¡kalós írzate!"
(¡bienvenidos!). Cuando se arriba a Grecia o se llega a una casa aqui
en el Peloponeso, se acostumbra a recibir con un "¡kalós írzate!". Nuestros
anfitriones nos presentan a Eléni, otra prima de nuestra querida amiga
Vasilia Plakoudaki; allí degustamos con placer un exquisito pastichio.
En Kalamata la playa es de
arena y muy linda; al atardecer sentados a la orilla del mar junto a Eléni
las olas nos salpican en su ir y venir como dándonos la bienvenida. En
esta ciudad también visitamos el Museo de Arte Popular, la Biblioteca,
que cuenta con 60.000 volúmenes y raras ediciones y la Pinacoteca, con
obras de pintores griegos y extranjeros.
Continuamos el viaje, y en
Paleocastro, unos kilómetros al norte de Kalamata y al este del actual
pueblo de Turia, observamos las ruinas de la antigua localidad de Turia,
habitada desde la prehistoria. Luego atravesamos el pueblo de MESSINI
que no hay que confundirlo con la antigua Messini, los lugarenos lo llaman
Nissí; aquí también encontramos un laikí ágora y negocios varios.
Nuestro itinerario nos lleva
a ANDROUSSA. Esta ciudad fue un importante centro comercial durante la
época de la dominación franca y una de las ciudades más conocidas del
Peloponeso por ese tiempo. Posee un castillo medieval muy bien conservado
como así también un monasterio bizantino del siglo XII llamado "Andromonastíri".
Vamos camino a MAVROMMATI;
el paisaje así como el camino es montañoso, y está bordeado de olivares.
Encontramos aldeas regadas como perlas, una aquí y otra allá, hasta llegar
a Mavrommati descubrimos que todo el trayecto es un paisaje de colores
a ambos lados del camino. Todas las casas tienen flores ademas de su infaltable
Peribóli (huerto).
Lo primero que distinguimos
al ingresar a Mavrommati es la escuela y al lado la casa de nuestra amiga
Vasilia Plakoudaki, Vasi sale a nuestro encuentro nos recibe efusivamente
con un ¡kalós írzate!, junto a ella se encuentra su esposo Dimitri Konstandakos.
Nos invitan a pasar, - "Mi casa es modesta"- dice ella; hecha de piedra
como toda construcción típica griega, con un pequeño balcón en la planta
alta y un enorme jardín con árboles, malvones y un gran moral que cubre
parte del balcón. La escuela es grande y de color blanco. Vasi nos cuenta
que a ella le gustaba más como era antes; era más pequeña, con vidrios,
mas linda, ¡era hermosa! dice Vasi; "pero luego algunos residentes que
se hallaban en Estados Unidos enviaron dinero y la modificaron" mientras
la nostalgia se refleja en sus bellos ojos. Nuestra querida amiga nos
agasaja con Kotópoulo me jilopítes (pollo con fideos). Jilopítes son unos
fideos que ella amasa con harina, huevos y leche; el estofado es de pollo
y tomates; de postre Galópitas que es una crema hecha al horno; esto lo
acompañamos con Krasí áspro Retsina (vino blanco Retsina).
Anfiteatro de Mavrommati.
El pueblo de Mavrommati posee
desde 1972 un museo arqueológico, que contiene hallazgos procedentes de
las excavaciones de la antigua Mesene. Vasi, orgullosa de su pueblo natal
y su tierra nos invita a conocer el teatro de Mavrommati; para llegar
hasta el mismo tomamos la carretera que pasa frente al cementerio y arribamos
al lugar. Allí encontramos un teatro al aire libre, bastante grande, del
estilo del Teatro de Epidauro, pero más pequeño que este último; aquí
también se representan obras de teatro. "Páme sto kafenío" (Vamos al café),
dice Vasi, y allí nos dirigimos; el kafenío es lo mas parecido a un club
de barrio o a un pub. Esta abierto durante todo el día hasta la medianoche,
en él se sirve café (griego o instantáneo), licores griegos, cerveza y
vinos varios, acompañados a menudo de abundantes aperitivos como cubitos
de queso, rebanadas de salchichas, etc. Es un centro de vida social del
pueblo. Los hombres de edad avanzada pasen gran parte de su tiempo en
él tomando café o un vaso de ouzo. El ouzo es un licor claro, dulce y
anisado; se sirve siempre con un vaso de agua y habitualmente con hielo.
Se dice que se 'nubla' cuando se le añade agua pues de incoloro pasa a
ser de color blanco. En el kafenío tomamos vainilla helada y un café frappé.
La edificación de Mavrommati
es de piedra con techos de tejas. En los restaurantes del pueblo, pintados
de blanco, se respira y se mantiene el espíritu y el ambiente griego.
La iglesia es chica, con capacidad para 100 personas; de color blanco
y cuatro columnas en su frente, a diferencia de otras su techo es de tejas;
Vasi nos cuenta que allí durante un tiempo ejerció como sacerdote su primo
Elías y que actualmente reside y es sacerdote en Kalamata.
El pueblo es todo montaña.
No tiene playas; para ir al mar hay que trasladarse hasta Kalamata, pero
lo que sí encontramos por todos lados son los infaltables olivos, las
viajeras golondrinas, además de los amistosos y parlanchines spurguitis
(gorriones).
Cerca de la localidad de
Mavrommati, a 29 kilómetros de Kalamata, visitamos las ruinas de la antigua
ciudad de MESSINI, capital de la Mesenia independiente. Esta se distingue
por una hilera de torres grises, sobre un espolón del monte Ithomi Oros,
restos de un anillo de fortificaciones de 10 kilómetos que protege las
ruinas de la antigua Messini, un ágora, un teatro y un estadio construidos
en el siglo IVa.C.
Messini, que fue destruída
luego de rebelarse contra Esparta fue reconstruida por el gobernante tebano
Epaminondas, después de derrotar a Esparta en Leuktre en 379a.C. Al principio,
la ciudad se llamaba Ithomi, pero cambió su nombre en recuerdo a la primera
reina de la región. Los edificios de la ciudad son ejemplos notables de
la técnica arquitectónica del siglo IV antes de Cristo.
Kafeíno en Mavrommati.
Nos desplazamos hacia el
sur de la península por la carretera que bordea el golfo de Mesenia; pasamos
por PETALIDI, se cree que aquí estuvo situada la antigua Koróni.
En el extremo meridional
del Golfo de Mesenia se encuentra la ciudad de KORONI, con su fortaleza
en ruinas. Según registros arqueológicos, en esta región hubo un asentamiento
prehistórico. Y de acuerdo con la tradición, allí debieron establecerse
los habitantes de la homérica Asine, expulsados por los ar~ivos debido
a su alianza con los e~partanos, razon por la cual el luger adopto' el
nombre de Asine. En el siglo IX a.C., se habían instalado en el lugar
los refugiados de Koróni (actual Petalidi), quienes querían verse libres
de las incursiones piratas que asolaban las ciudades costeras, fue así
que el lugar tomó el nombre de Koróni. Los habitantes restauraron la fortificación
de la ciudad mediante la reparación de las antiguas murallas. A partir
del siglo XIII, los venecianos extendieron y reconstruyeron las murallas
debido a que los turcos intentaron en varias ocasiones apoderarse de Koróni,
pero no lo lograron hasta el año 1500, cuando sus habitantes se rindieron
ante Bayaceto II, éste destruyó una tras otra todas las plazas fuertes
del Peloponeso. No obstante los venecianos no cejaron en su empeño por
recuperar Koróni y Morosini la conquistó en 1687 luego de un largo asedio.
Las murallas fueron nuevamente restauradas en 1690, pero los turcos volvieron
a tomar Koróni en 1715 y la retuvieron hasta 1828, fecha en la que fue
liberada por el general Maison.
La carretera nos conduce
desde el puerto hacia la entrada de la fortaleza, una de las más típicas
de Grecia. En su interior hay cisternas subterráneas, aunque gran parte
del lugar está ocupado por iglesias y capillas del monasterio de San Juan
Bautista, construído a principios de siglo en torno a la antigua iglesia
bizantina de Santa Sofía. En el maravilloso castillo de Koróni, si miramos
al este nos encontraremos con las recortadas cumbres del Taïyetos y los
acantilados del Mani exterior; y hacia abajo, los tejados rojos y las
palmeras de la ciudad. Al oeste del castillo, en el barrio de Burgos,
podemos apreciar una serie de tumbas talladas en las rocas. Las fortificaciones
rodean casas, jardines, un cementerio y un monasterio entre pinos y olivos.
Real
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Título: "Cenizas de Paraíso"
Autor: Osvaldo Montes.
Del film Cenizas del Paraiso
Universal UMC 50085
Nos desplazamos por el extremo
meridional, allí se encuentra METHONI. Homero dice que es "rica en viñedos"
y la menciona como la última de las siete ciudades "bien emplazadas" que
Agamenón ofreció a Aquiles para calmar su cólera. Desde el siglo XII los
venecianos comenzaron a interesarse por Methóni y en 1209 la ocuparon
y emprendieron nuevas fortificaciones utilizando partes de la fortificación
antigua. En el año 1500, luego de un largo asedio, los turcos se apoderaron
de la ciudad y exterminaron a gran parte de su población . Pero los venecianos
volvieron a ocuparla, tras sitiarla y bombardearla; hasta el año 1715,
cuando los turcos la reconquistan y ocupan hasta 1828, fecha en la que
finalmente el general Maison los obliga a capitular y entregar dicho bastión.
Las ciudades de Koróni y
Methóni eran conocidas en la Edad Media como "los ojos de Venecia", protegían
las rutas marítimas hacia las colonias orientales venecianas.
Methóni es una ciudad fortificada,
que ocupa un promontorio que se adentra en una amplia bahía; protegida
por la isla de Sapiéntza hacia el mar, muros inabordables y un profundo
foso hacia tierra. Una vez en su interior tomamos por un camino empedrado,
que nos conducirá desde el torreón, más allá de las mezquitas e iglesias
en ruinas, hasta la torre octogonal Bourtzi, en una isla conectada por
una calzada. En el extremo de la misma, una puerta nos abre paso a Bourtzi;
una torre octogonal, construida por los turcos después del año 1500, en
un islote que servía pare reforzar la protección del puerto, a base de
sucesivas terrazas y troneras. El León de San Marcos, símbolo de Venecia,
adorna la construcción de piedra, a la izquierda de la puerta principal,
próxima al mar.
La pintoresca bahía bordeada por la pintoresca
ciudad fortificada de Methóni.
Al otro lado de las murallas,
al norte de la fortaleza visitamos la moderna muy pintoresca Methóni.
En verano es un animado centro turístico, cuyo puerto se ve abarrotado
de embarcaciones multicolores. Un oxidado cañón veneciano adorna las rocas
que dominan el puerto. Durante el resto del año Methóni se convierte en
una bella y somnolienta ciudad agrícola y pesquero.
La carretera que tomamos
con rumbo hacia el norte nos conduce a PILOS; un atractivo pueblo a orillas
del mar. Sus monumentos, cargados de historia hacen de Pilos un lugar
muy particular. La tranquila ciudad de casas pintadas de blanco, del siglo
XIX, que domina la bahía de Navarino está construida en la ladera del
San Nicolás, en el extremo meridional del golfo de Navarino, alrededor
de un pequeño puerto, protegido por el inmenso Nao Kastro (Castillo Nuevo).
Caminamos por sus calles; éstas son angostas y empedradas, sus pintorescas
casas están pintadas de blanco y crema. Estamos frente al puerto, en la
plaza de los Tres Almirantes, aquí observamos una estela piramidal entre
dos cañones, uno veneciano y otro turco que, representa a los tres almirantes
de las flotas francesa, inglesa y rusa, que confederadas destruyeron,
a la flota turca, en la bahía de Navarino. El 20 de octubre de 1927 una
escuadra turca echó anclas en la bahía y fue hundida por una flotilla
de barcos ingleses, franceses y rusos al mando del almirante británico
Lord Codrington, quien tenía instrucciones de observar el territorio.
Pero cuando los turcos dispararon contra uno de los barcos aliados, el
almirante respondió de la misma forma. El hundimiento de la flota turca
ayudó a decidir la guerra de la Independencia en favor de los griegos.
El NEO KASTRO (Castillo Nuevo)
fue construido por los turcos en el ano 1573, para controlar la bahía
de Navarino y contrarrestar los fuertes venecianos de Methóni y Koróni.
Se llega hasta aquí desde el puerto, o por la carretera que viene de Methóni,
cruzando por donde esta el acueducto turco. La parte suroccidental de
la muralla esta especialmente reforzada por situarse frente al mar. En
la cima se encuentra la acrópolis hexagonal; sus seis ángulos están reforzados
por fortificaciones, cada lado están reforzados por piezas altas y angostas
sobre las cuales se encuentra la terraza enlosada, destinada a la artillería;
el muro esta festoneado por varias troneras meticulosamente construidas.
Recientemente restaurado, alberga un pequeño museo con una delicada y
atractiva colección de grabados y litografías de héroes soberbiamente
vestidos, de la guerra de la Independencia. El aguafuerte Lendemain de
Navarino (El día siguiente de Navarino) nos muestra a un desconsolado
turco aferrado a una lanza entre los restos de su flota. Al oeste, -también
de la época de la dominación turca-, observamos un pequeño fuerte, casas
y cisternas subterráneas.
ANAKTORO NESTOROS (Palacio
de Néstor).
A 17 kilómetros al norte
de Pílos, en la colina de Epano Englianós, se encuentran las ruinas del
palacio de Néstor, quien tomó parte en la guerra de Troya y cuyo reino
era el otro polo del mundo micénico. Sólo los cimientos de piedra, del
palacio de Néstor sobrevivieron a un incendio (siglo XII a.C.), cuya causa
se desconoce. La zona jamás volvió a ser habitada, no obstante esta región
continuó utilizándose como sitio de enterramiento. A diferencia de las
demás acrópolis del siglo XIII a.C., Pílos no tenía murallas. Fue en el
año 1939 cuando se localizó el emplazamiento del palacio. Las excavaciones
realizadas han servido para completar los conocimientos que se tenían
sobre las costumbres cotidianas y la civilización de los reinos micénicos.
Los tesoros encontrados aquí son similares a los de Micenas. En el Museo
de Pilos se conservan vasos, objetos de arte, orfebrería y armas que datan
desde la época neolítica hasta la romana. A partir de los cimientos de
barro y piedra del edificio es difícil imaginar el palacio del gran estadista
de la guerra de Troya, pero desde aquí observamos una magnifica vista
de la bahía de Navarino.
Real
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Título: "Gdrojós"
Autor: Nikos Papazoglu.
Derechos reservados por el autor.
La carretera nos conduce
mas al norte; llegamos a KIPARISIA. Siendo una de las tres ciudades más
relevantes de Mesenia, de su historia se conoce poco aunque por sus alrededores
se han hallado restos arqueológicos micénicos. Los vestigios arquitectónicos
descubiertos en distintas excavaciones nos hablan de una próspera ciudad
durante la época romana. Leonidas, nuestro anfitrión aquí, nos lleva a
recorrer la costa de Kiparisía, nos muestra las huellas de los antiguos
puertos de la ciudad y nos cuenta que éstos se mantenían a base de un
impuesto especial con el que gravaban las mercancías que por allí pasaban,
fuesen importadas o exportadas. También nos señala la colina de la acrópolis
y nos invita a ascender mientras nos relata que allí se encuentran las
ruinas del fuerte medieval de Arcadia, nombre que adoptó Kiparisía durante
la época bizantina, debido a la gran cantidad de arcadios que se refugiaron
en este lugar, como consecuencia de las guerras bárbaras. Kiparisía estuvo
en poder de los francos, para luego pasar a manos de los venecianos. Posteriormente,
la conquistó Tomás Paleólogo y Mehemet se la quitó. En sucesivas oportunidades
volvió a estar en poder de los venecianos hasta la Guerra de la Independencia.
La ciudad fue reconstruida y nuevamente se llamó Kiparisía. En la cima
de la colina, cubierta de pinos, se eleva majestuoso un pequeño castillo
bizantino.
Desde aquí observamos los
terrenos agrícolas y la ciudad pesquera, que se extienden entre las colinas
costeras y una extensa franja de playa de guijarros blancos. La edificación
de Kiparisía en general está compuesta por casas de una o dos plantas,
pintadas de blanco o crema y con techos de tejas. Leónidas nos dice que
para despedirnos de Kiparisía, nada mejor que hacerlo cenando en una taberna
donde los comensales en su gran mayoría son griegos. Invita nuestro anfitrión
con oktapodhi psitó (pulpo asado); el pulpo es un plato favorito de los
griegos y gemistá (tomates y pimientos verdes rellenos con arroz y sazonados
con hierbas), todo regado con un buen krasí áspro (vino blanco).
Luego de una agitada y emocionante
jornada nos disponemos a descansar para emprender un nuevo y excitante
desafío, conoceremos la parte central del Peloponeso y la provincia de
Elide.
Por Cristina
Díaz Katzelis
En este espacio,
estimado lector,
vuelque sus
comentarios e
inquietudes.