Islas del Dodecaneso...
Rodas.

Nuestra columnista Kristina Katzellis nos presenta una isla mítica cargada de belleza, historia y leyendas: la incomparable Rodas, sede del legendario “Coloso de Rodas”, la monumental estatua de Apolo considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo. Pero además de la naturaleza, su historia las narraciones de antaño, esta isla posee otros aspectos sumamente cautivantes, una fecunda mixtura de culturas y civilizaciones, y una de las más bellas arquitecturas que tiene el Mediterráneo.

Por Kristina Katzellis
Noviembre de 2003

 
 

En la vasta extensión esmeralda del Egeo sureste, entre Creta y Asia Menor, se encuentra el Dodecaneso. Aunque su nombre griego equivale a doce islas, el grupo se compone de muchas más, destacándose la colosal y mítica Rodas, con sus angostas callejuelas pavimentadas con guijarros cincelados por el mar, casa con pórticos y arcos; notables reminiscencias de las distintas civilizaciones que la habitaron (dorios, persas, árabes, turcos, sarracenos e italianos entre otros) los cuales le imprimieron su sello resultando un mosaico cultural armónico. Kalimos, Kos, Atispaléa, Patmos, Kárpazos, Simi, Angazonisi, Leros, Lipsi, Tilos, Nisiros, Jalki, Kastelorizo, Kazos y miles de otras islas menores y desiertas esculpidas por la naturaleza como diamantes de infinita belleza componen este collar llamado el Dodecaneso.

 

 

La isla de Rodas.

Rodas

En Rodas, como en toda Grecia, la historia está estrechamente entrelazada con la mitología. Esta última cuenta que, cuando Zeus, el Dios Supremo del Olimpo decidió otorgar islas y ciudades a los múltiples dioses, en su reparto se olvidó de incluir a Helio, ante lo cual exclamó: “¡Ay!, ahora tendré que comenzar todo de nuevo”. Helio le respondió, “No, señor. Hoy he observado señales de una nueva isla que emerge del mar, al sur de Asia Menor. Ya me deleitaré con eso”. Cuando Rodas emergió del mar, Helio la reivindicó y engendró allí siete hijos y una hija con la ninfa Rodo, hija de Poseidón, dios de los mares. Rodas se llamaría así en honor a esta ninfa. Aunque también se cuenta que se llamó Rodas (del griego “Ródon”: rosa) debido a la gran abundancia de esta flor en el lugar.

Esta isla fue célebre entre las de la antigua Grecia. Su capital fue edificada en la época de la guerra del Peloponeso (431 a.C 404 a.C), por las ciudades confederadas de Kamira, Yalisa y Lindo, con destino a ser la capital de la confederación. La unión de estas tres ciudades se realizó para enfrentar el poder de Atenas. En 332 a.C se alió con Alejandro Magno y en los dos siglos siguientes se volvió rica y poderosa. En 280 a.C, Ceres de Lindos terminó de construir a la entrada del puerto una famosa estatua colosal de Apolo, una de las siete maravillas del mundo antiguo, bajo el nombre de “El Coloso de Rodas”. Se cree que era de bronce y medía 30 metros de alto; se mantuvo allí durante 66 años cuando un terremoto lo derribó y permaneció tumbado durante ochocientos años. Se cuenta que en el año 653 d.C, el poderoso califa árabe Moabiah lo desarmó y vendió sus partes a Siria.

Roma tuvo a esta ciudad por aliada en sus guerras contra Filipo V; en la de Antíoco III y en la gran campaña de Pompeyo contra los piratas. Vespasiano la hizo cabeza de partido de la provincia de las islas, entonces creada. En el año 1310 los Caballeros de San Juan de Jerusalén se establecieron en ella, después de habérsela arrebatado a los emperadores griegos, y tomaron el título de Caballeros de Rodas. En vano trató Mahomet II se expulsarlos en 1479, y subsistieron en la isla hasta el reinado de Solimán II, quien se apoderó de la capital en 1522 al cabo de un sitio largo y penoso. En 1912 junto con las islas del Dodecaneso pasó a poder de Italia, después de su ocupación por la flota italiana durante la guerra ítalo-turca, y en virtud del tratado de Ouchy. El 24 de julio de 1923, al firmarse el tratado de Lausana, Turquía renovó su renuncia a favor de Italia. En 1943 fueron ocupadas por los alemanes y en 1946 se decidió por los Aliados, que las islas serían devueltas a Grecia.

 

 
Vista de una de las pintorescas poblaciones del interior de la isla de Rodas.

A Rodas se puede llegar de muchos modos: en avión, en barco, en lancha, en barca o... nadando. Pero el mejor camino para descubrir esta isla es siguiendo el trayecto de la historia. Un trayecto que atraviese la civilización arcaica, helenística, bizantina y post bizantina y Rodas se manifestará ante nosotros como una isla muy particular, con su aspecto más oriental que europeo, con su gastado color amarillo ocre, resabio de las diversas civilizaciones que la habitaron y dejaron su impronta cultural.

La ciudad que se encuentra en el extremo norte de la isla, al igual que una moneda presenta una doble faz; la antigua y la moderna.

El casco antiguo de la ciudad se halla en el puerto de Rodas, Mandraki está rodeado de una muralla medieval que lo defendía. Los Caballeros de San Juan, que la gobernaron durante 212 años (1510 –1522), construyeron esta muralla de 12 metros de espesor y numerosas puertas de aspecto medieval; es una de las fortificaciones mejor conservadas del mundo. Sus callecitas estrechas, sus palacios de piedra, las torres, la Ciudadela de los Caballeros de Rodas, el barrio turco, el palacio del Gran Maestre, el Hospital de los Caballeros de Rodas y el Castillo amalgaman encanto y misterio.

La ciudad moderna se extiende fuera de este formidable valuarte, con calles anchas, grandes hoteles, comercios que venden artesanías y bellos edificios.

 

 


Una antigua visión del Coloso de Rodas, una de las siete maravillas del mundo antiguo.

La Ciudadela de los Caballeros de Rodas

La misma se terminó de construir en el siglo XIV, aún hoy nos remite a la época de los Cruzados, defensores del Santo Sepulcro de Jerusalén. En la Calle de los Caballeros se hallan los hostales de las Siete Naciones, que en el siglo XII establecieron la Orden de San Juan (los Hospitalarios).

El Hospital

Construido en el siglo XV funcionaba como el hospital de la orden; es una extraordinaria edificación de dos pisos y patio interior. Hoy allí se encuentra el Museo Arqueológico, que alberga una excelente colección de piezas arqueológicas, destacándose entre ellas la famosa Venus de Rodas.

 

   

El Palacio del Gran Maestre

Se encuentra al final de la Calle de los Caballeros, en su interior podemos encontrar una fascinante colección de mobiliario europeo de los siglos XVI y XVII, mosaicos romanos y paleocristianos originarios de la isla de Kos y objetos varios de los primeros siglos del Cristianismo.

Dentro de la ciudad vieja todo vale la pena de ser conocido, hasta el más ínfimo detalle o recoveco de sus callecitas. Se la puede recorrer, extasiarse contemplando las cúpulas de mezquitas, edificios bizantinos y antiguos templos o converger en una de las muchas playas donde nos acogerán las templadas aguas del Mediterráneo.

También podemos dedicarnos a recorrer la isla en micro, auto alquilado o tours organizados y encontrarnos con ciudades más típicamente griegas.

A 2 kilómetros de la ciudad de Rodas, hacia el oeste, en la cima del monte Smith se encuentra la Acrópolis de la antigua Rodas; en este lugar se pueden apreciar impresionantes reliquias como las ruinas del templo de Apolo del antiguo Estadio y del Odeón.

En Pétaloudes, se halla el Valle de las Mariposas, donde entre junio y septiembre, miles de ellas inundan el lugar y nos obsequian un colorido y maravilloso espectáculo. El bosque de pinos de Filérimos, donde se encuentra un monasterio dedicado a la Virgen, las ruinas de la antigua ciudad de Yalisós, que en los siglos VII y VI a.C, junto con Kámiros, Lindos, Kos, Halicarnaso, Cnido formaba parte de la hexápolis dórica. (Hexápolis: Confederación que existió entre los dorios del Asia Menor, compuesta de seis ciudades dóricas. Al separarse Halicarnaso, la confederación tomó el nombre de Pentápolis).


 


Palacio de los Grandes Maestres, el cual cuenta en la actualidad con una exposición permanente sobre la historia antigua y medieval de Rodas.

 

Lindos

A unos 56 kilómetros al sureste de la ciudad de Rodas se encuentra Lindos. Con las típicas casas blancas de techos de tejas rojas, sus callejuelas estrechas, las viejas casas y el mar, ese imponente mar verde claro forman un todo difícil de olvidar. En este pueblo se hallan valiosas y bien conservados objetos arqueológicos dispersos en el espacio de la antigua acrópolis. La historia de Lindos cronológicamente hablando abarca un período que comienza desde la antigüedad y llega hasta la Edad Media. Fue la segunda por su importancia de las poblaciones de la isla de Rodas, al pie del monte Krana. En tiempos antiguos su puerto fue muy frecuentado; y la vieja ciudad, excavada en 1903 por los dinamarqueses, conserva importantes restos arquitectónicos y epigráficos. Yendo hacia la cima, hacia la Acrópolis, no es raro encontrarse con algunas mujeres vestidas todas de negro, son mujeres griegas que llevan el luto hasta su muerte, ellas salen al camino a vender sus encajes o impecables manteles bordados con magníficos dibujos. Una vez en la cima aparece un templo mitad griego, mitad romano; ruinas y fantasmas se conjugan porque la historia es así. Y es que por su estratégica ubicación, la isla fue tantas veces conquistada y reconquistada, que al observar esas edificaciones ubicadas tan alto y la vastedad del mar allá abajo hacen que las impresiones sean muy intensas, muy fuertes. Abajo se halla uno de los pueblos más hermoso de Grecia, un pueblo blanco u hospitalario construido en las faldas de la Acrópolis, casas del siglo XVII, con sus puertas decoradas, flores aquí y allá, callecitas con tiendas, el pequeñísimo puerto y el azul profundo de ese maravilloso mar componen una vista, una postal inolvidable.

Las islas de Grecia no solo están cargadas de historia, el Creador imprimió en todas su sello, creó en ellas un mundo de infinita belleza. Forman una inestimable cadena de la memoria helénica; y entre ellas el alma griega tierna y solidaria, con su lengua, la esencia de un país, Grecia.

Por Kristina Katzellis
Noviembre de 2003
 


Vista de las ruinas del Acrópolis de Lindos, uno de los centros culturales, políticos y religiosos de la isla de Rodas.


Otra vista de las ruinas del Acrópolis de Lindos.

 

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